Nunca me dio por probar drogas, vaya, ¡ni siquiera se me han antojado! Además, no vaya a ser que me quede en un bajón de ánimo del que no salga.
Debe ser terrible depender de alguna sustancia tóxica, llámese como se llame: coca, cristal, heroína, mariguana, metanfetamina —la «buena» de Walter White, protagonista de Breaking Bad— piedras de no sé qué, honguitos alucinógenos y un largo etcétera.
Las menciono, aunque acepto mi ignorancia y mi profundo desinterés en las susodichas, incluidos nicotina y alcohol. Eso sí, yo tengo mi cúmulo de droguillas prescritas con el fin de aplacar los desequilibrios de mi química cerebral, así que también soy dependiente.
Plática de parque, revela que estoy en la luna:
—Huele a mariguana.
—¿Cómo sabes?
—Pues es que percibo tal y tal y es un olor como dulzón y huele a hierba y a planta y aquí están fumando.
—Sí, me llega un olorcillo, pero no sabía que era de mota.
—Chale, estás en la nube (bajé de la luna y caí en la nube).
—Prefiero.
Hace años también preferí desaparecer de una fiesta organizada por mi amigo J antes que convertirme en fumadora pasiva de pot, no fuera a ser que los vericuetos del humo se escabulleran por doquier y llegaran a mi cerebro. Una exageración, ¿verdad?
Hace tiempo leí algunas notas sobre la desomorfina, comúnmente conocida como Krokodil (cocodrilo entre los cuates). Me espeluznó, es más potente que la morfina, carcome la piel, provoca daños en tejidos y músculos y una muerte considerablemente rápida. ¿Fastidiarse la vida por una sustancia que actúa rápido, pero cuyo efecto dura poco? ¡Qué miedo! El meollo, creo, es que una dosis cuesta entre tres y cinco veces menos que una de heroína.
http://es.wikipedia.org/wiki/Desomorfina
En una sobremesa de desayuno me platicó A que un día estaba en el Metro de la ciudad de México alrededor de las 22 horas y que la abordó un chavito de unos 14 o 15 años para preguntarle la hora. Acto seguido le ofreció venderle mariguana. ¡Qué cantidad de cosas me son ajenas!
El chiste es que expreso mi más genuina solidaridad con quienes son adictos a alguna sustancia, con las personas que experimentan síndromes de abstinencia, con quienes incluso sacrifican su dignidad y su vida por sentirse menos ansiosos, decepcionados, solos, dentro de un túnel sin salida, al borde de cierta “locura” que desean aminorar aunque sólo sea durante un par de horas.
Hasta pronto.



Como bien dices en tu último párrafo: la vida no es fácil. Un abrazo de camino a Washington.
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Creo que lo único bueno de las drogas es que se han convertido en un tema muy exitoso de series y cine, aunque también se han desviado hasta a convertirse en apología del delito en narcocorridos y anexas, lo cual genera en algunas autoridades deseos de censura.
En todo caso, estas sustancias y los tratamientos erróneos con los que les atacan han generado males que rebasan lo privado para convertirse en problemas sociales ¿La solución? No la conozco y seguro no es fácil.
A título personal puede decir que la única droga en mi vida han sido unas deudas de tarjeta de crédito que sí me hicieron alucinar y gacho… Afortunadamente es un vicio que ahora tengo controlado.
¡Saludos!
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Yo tampoco las he probado, somos unos cuantos los que quedamos sin probarlas. Y no lo hare por las mismas razones que expone mi hermana adorada. Y como yo sí soy viciosa (antes del cigarro, y ahora del vinito)… igual y me gustan harto! Mejor no l’entro.
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