Quise jalar aire y el aire dolía. Quise llenarme de aire y se atoraba en la telaraña de siempre. Quise ser aire y me convertí en agua.
Llegó el llanto, copioso; llanto sonoro que escuché, vi, toqué, olí y probé. Llanto vivido como estambre sin urdir.
Quise escurrir para recuperar mi aire. Hubo gemidos que soltaron las amarras, tragos de sal que deshilacharon la telaraña.
Lágrimas… lágrimas transparentes… empaparon mi dolor.
Quise jalar aire: respiré.
