
No se necesita hablar: sobran palabras.
Basta con que otros den alas a su imaginación para decodificar historias ajenas, sobre todo si nos hemos percatado de que verse a uno mismo resulta más incómodo y doloroso que sembrar y cosechar ideas, juicios, deseos, sentimientos, traumas, sueños inconfesados que solemos proyectar sin decir “agua va”, como si nos envolviera un manto de verdad, uno repleto de estrellas soplonas de lo que ignoran.
¿Cuántas personas habré sido sin ser yo? ¿Cuántos disfraces he usado que jamás ceñirían mi cuerpo? ¿Cuántas mentes que en realidad se contraponen a la mía? ¿Cuántas aventuras que yo misma desearía vivir? ¿Cuántas máscaras que mi intimidad no reconoce?
¿Quiénes somos?
Acaso lo que callamos y que la osadía de otros pone en nuestro ser; acaso lo que no somos pero somos porque nos han manoseado; acaso lo que nunca seremos pero que todos pretenden que seamos.
Yo soy el mar: oscura y luminosa, cálida y fría, cercana y distante, peligrosa y mansa, dulce y rabiosa, agitada y pocas veces serena, profunda más que superficial: insondable, polar, en constante vaivén.
Vaivén —ir y venir, ir y venir— que es mío, que comparto con pocos y —¡oh, paradoja!— que muchos creen conocer.
Hasta la próxima.
Me encantó, y yo sí puedo decir que te conozco.
Me gustaMe gusta
¡Muy, muy bello! Este es tu estilo. Profundo, misterioso. Espero contarme entre los que te conocen, aunque a lo mejor nomás es por encimita.
Me gustaMe gusta
Se me pasó decirte que la imagen del gatito que se mira león feroz está padrísima.
Me gustaMe gusta
Uff! Que padre y profundo! Te felicito cito Fer!
Enviado desde mi iPhone
Me gustaMe gusta
😓
Me gustaMe gusta