Descubrir que siguen ahí: atiborradas en mi cerebro, pegadas a mi piel, amarradas a mi intestino, atoradas en mi corazón, apelmazadas en mi espalda, enmarañadas en mi cuello, nubladas en mis ojos y atontadas en mi cuerpo.
Ennegrecidas con los años.
Y eso… eso… Duele.
