Y es que siempre lo supo. Se lo dijo su instinto. Por alguna razón el camino no fueron las drogas, el alcohol ni el suicidio. El deporte era lo único que lograba distraerla de una cabeza aturdida por la obsesión. La actividad física equivalía a darle de guamazos a una piñata repleta de dulces tóxicos. Por eso, cuando terminaba de jugar, en su cancha de básquet había palelocas, brinquitos, pirulís, motitas, lunetas, burbu sodas y gelatinas Art. Así todos los días… Hoy ya no hace deporte como solía, con pasión y enjundia, pero sabe que el ejercicio le pone la huida en bandeja de plata.
Me encanta la época de lluvia… de retazos, felicidades Fer.
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¡Gracias, querido Javier! Ahora sí ha llovido…
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Dejar atrás el maelstrom de la negrura y poner a funcionar el maelstrom de las ideas y la creatividad.
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Cada uno conoce sus propias escapatorias, por lo tanto se pueden cambiar en vez de escapar dándose el permiso de algo nuevo que llene elcorazón placenteramente
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