Sí, José Alfredo, es un mundo raro. Quieres, pero te da miedo. Siempre lo deseaste y, como autómata, cierras el libro antes de leer la primera línea. Portazo a sentir, a vibrar, a crecer, ¡a vivir! Como un candado sin llave, una lancha sin remos, un helado sin cereza, una particella sin intérprete, un filósofo sin ideas y una zebra sin rayas.
Ese mundo raro salía del diafragma de Chavela, ronco y multiplicado por días, horas, minutos y segundos: raros.