Feliz cumpleaños

Día de emociones: 19 de diciembre, aniversario de la muerte de mi madre; 20 de diciembre, su cumpleaños 79.

Hace unos días le platiqué a mi hermana algo que no sabía (ella, por supuesto). Nos reímos mucho, con dejos de nostalgia y buen humor.

Recuerdo el número de teléfono de mis abuelos desde que era niña. El mismo que tuvo mi madre hasta la tarde en que no regresó de ese último jalón de aire. Como no quise que se evaporara, lo conservé. Si hoy marco de ese número a mi celular, la persona que me llama es, simplemente, «Bola».

Mi mamá, créanme que muy a su pesar, se defendió de los golpes de la vida con un cuerpo extra, con kilos y kilos que exacerbaron su pesadez existencial. Como sea, se acostumbró a que la apodara «Bola».

Subí las escaleras para saludarla:

―¿Qué onda, «Bola», cómo estás?

―Ay, no me digas «Bola», dime «Dolo».

Prefería ser La Dolorosa, otro de sus muchos sobrenombres. Fue una mujer a quien yo vi reír, jugar, bailar, recitar, contar chistes, hacer gestos, tocar las castañuelas… Pero ahí mismo, con ese extra machacándola, cargaba con una capa negra de dolor que solía pegársele a la piel.

Nieve en sueños

¿Los sueños ―conscientes o inconscientes― se hacen realidad, o la realidad persigue un sueño? Sueño y realidad se confunden, se alimentan, se toman de la mano, se ven de frente, se interpelan, se arropan, intercambian el color y los claroscuros.

Hay sueños de los que queremos salir corriendo; sueños que, aunque sueños son, nos permiten decidir si abrimos los ojos o si seguimos soñando lo que no nos gusta soñar; sueños de los que nunca quisiéramos despertar; sueños que nos recuerdan a seres idos; sueños que se lloran en la realidad; sueños que nos muestran matices del pasado; sueños que permanecen en nuestra memoria; sueños, en fin, susceptibles de derrumbar la estorbosa puerta.

¿Por qué no zambullirse en lo mágico, incierto, nebuloso, colorido, intangible, vívido, sorprendente, audaz, revelador, insondable y meticuloso?

A fluir, que del sueño a la realidad, el paisaje se torna blanco como la nieve.