¡De volada!

Este retazo tiene destinataria, ayer le prometí que escribiría.

¿Saben?, es halagador que haya personas que esperan mis letras. Ni maiz palomas, hoy van a ser escasas, pero mañana habrá «carnita».

Menos de 100 palabras… ¡me la va a refrescar!

*Bai de güei:

En la ciudad de México todos los días me topo con espectaculares que ostentan el siguiente texto: «Anuncio en suspensión de actividades»: se pusieron en huelga, señores (y seños), por sus pistolas y sin autorización.

Ahora, ¿han pensado en qué operaciones o tareas desempeñarán esos gigantescos rectángulos que no hacen más que afear el paisaje?

Hasta mañana.

¡A volar!

Después de más de diez años de vivir en “Sasso”, llegó la hora de empacar. Confieso que me da tristeza dejar este espacio; supongo que es un sentimiento natural y humano. Aquí se queda la historia de una década: apacible, sin sobresaltos, caracterizada por la buena vibra entre mis vecinos y yo.

Aquí dejo las últimas dos visitas de mi madre a mi casa. En ambas ocasiones subió cuatro pisos, sobrepeso a cuestas, y llegó echando el bofe, dejando el alma por estar conmigo.

Aquí organicé un par de comelitones para entrarle a la barbacoa y a las carnitas de Los Tres Reyes; por supuesto, no faltaron los mojitos preparados con la pesada mano de R: «mientras más alcohol, mejor, así sabe menos a hierbabuena». Con dos era suficiente para ver la playa y el inmenso mar en lugar del segundo piso del periférico.

mojito

Aquí se quedan mis rehabilitaciones, hechas con absoluta disciplina: de hombro, codo y mano.

Aquí Juan y yo iniciamos una historia que vivirá hasta el final, aunque Juan haya tenido que morir para recorrer mi camino.

Aquí abandono 2009, uno de los peores años de mi vida.

En Sasso se queda el espacio de 75 metros cuadrados que decoré con tanto empeño, labor en la que sobre todo al principio —llegué casi con una mano adelante y otra atrás— participó mi padre.

Aquí permanecen mis secretos, algunos amores, mi “huevito” luminoso, la ilusión que me inoculaba cada visita (breve) de mi hermana, el silencio, el llanto, la música, mis lecturas, mis sueños (literal), el comienzo de un proceso terapéutico repleto de frutos (éste es uno de ellos), la primera semilla que planté, el nacimiento de este blog; en fin, la GRAN, con mayúsculas, complicidad de mi búnker.

búnker

Me llevo lo mejor de este departamento en un cuarto piso al que nunca llegaron peleas, chismes, agravios, ruido ni mala leche.

leche

Y mi casera (en Estados Unidos se le dice Landlady)… Se fortaleció un vínculo estrecho entre dos personas que sólo firmaron un contrato, se llamaron por teléfono entre 10 y 15 veces y se vieron en escasas tres ocasiones. La relación fluyó: una dueña respetuosa que rentó su propiedad a una inquilina obsesivamente cumplida.

Aquí abrazo mi nostalgia, aunque con la mirada puesta en el nuevo comienzo, lleno de retos y responsabilidades. Me voy a un lugar que me esperaba a gritos, a golpe de voces internas, de sorpresas, de sincronía salpicada con mi número favorito: el 3.

A darle, estimados lectores, es tiempo de despelucar mi fortín, es momento de cerrar otro círculo y emprender una nueva aventura. ¡A volar!

A quienes me ayudaron a enaltecer este espacio, a percibirlo como un hogar, ¡gracias!

*Bai de güei:

Cuando hablen eviten usar «lo que es». De repente proliferó, sobre todo en los medios de comunicación (radio), y no tiene sentido: «Se reporta un accidente en lo que es la calle de Patricio Sanz», «el Chapo Guzmán se escapó de lo que es un túnel de 1.5 kilómetros de largo»…

Imagínense que yo dijera: me fui de vacaciones a  lo que es Cancún y visité lo que es Chichén Itzá…

LO QUE ES, ES, EXISTE, PUNTO.

Hasta la próxima.

Gilroy, CA

Mi papá y yo fuimos a visitar a mi hermana, nietos/sobrinos, yerno/cuñado. Jugoso viaje, exprimimos cada segundo de una convivencia amable y armónica, llena de buen sabor de boca y en mi caso ganas de no regresar.

Del D. F. al pueblo de la Perrita. ¿Pueblo? Es que si uno va más de cuatro veces corre el riesgo de toparse con sus conocidos en el súper (donde cuantiosas gordas zigzaguean por los pasillos sopesadas por exánimes flip flops), en el salón de las tailandesas que arreglan las uñas de señoras obesas, en los famosos Premium Outlets o en la tienda de bagels cuyos dueños también son asiáticos.

¿Alguien ubica Gilroy en el mapa californiano? Si no, tomen nota: es la Capital Mundial del Ajo y está nada más y nada menos que en Silicon Valley. Cada año, en el mes de julio, se celebra un festival en el que además de vino y otras bondades culinarias se degusta el helado de ajo. Todas mis visitas me regalan ese olor gilroyano que llega de todas partes; me gusta, así que no puedo quejarme.

Asomarse por las ventanas de la casa familiar es un placer: cerros amarillos —el también bello color de la sequía—, árboles, vacas, pavos, y en ocasiones hasta venados; con decirles que esta vez nos tocó que las autoridades previnieran a los vecinos respecto a un puma (Mountain Lion) que andaba suelto.

gilroy

En Estados Unidos hay contrastes que me sorprenden: es el país del desperdicio y la alienación, pero también el de la civilidad. Imagínense, la gente se detiene frente a un letrero en el que se lee STOP aunque no haya un alma ni un policía que eche ojo.

stop

Puedo andar en bicicleta a mis anchas porque respetan al ciclista y éste al conductor. Es menos factible que me planchen y que regrese sin la bicla porque me asaltaron a punta de pistola.

Parte fundamental siempre es la comida, sobre todo la que disfrutamos en la convivencia casera, armados de quesos, vinos y panes deliciosos.

A Big Sur fuimos todos, ¡hasta las perras! Es una región de California donde las montañas de Santa Lucía muestran su fuerza para competir con el mar. Me hubiera gustado bajar a la playa y zambullirme en el agua fría: sentir mi cuerpo sin peso, saberme parte de la naturaleza y quedarme en una de las sensaciones más placenteras.

Big Sur (no es postal)
Big Sur (no es postal)

Mi hermana lleva 18 años fuera de México y sigo extrañándola; somos almas amarradas, ávidas de reír, de querernos, de pasarla bien, de estar juntas y de decir y hacer una tontería tras otra.

Ciao.

Huevo

Nada de publicaciones en mi blog, so pretexto de mis paranoicas negociaciones habitacionales (¡bravo!) y del viaje que mi padre y yo hicimos para visitar a mi hermana —ya abundaré en el tema— en la Capital Mundial del Ajo. Este mes llevo cuatro retazos, cinco con éste: un huevo absoluto.

Dejar de ser un huevo implica quebrar el cascarón (poner alas a las letras), batir la clara hasta sacar espuma (exprimirme, atreverme, soltarme) y convertir el redondo amarillo en un sol personal. Si algunas personas me favorecen con la lectura y sus comentarios, ¡fantástico!, aunque el ejercicio es p’a mí.

huevo

Hoy quería pasar por este espacio y sentir que sigo rondándolo.

Hasta pronto.

De pasadita (sin túnel)

Triste leer que «sólo en México» —y lo subrayan—, «sólo en México matan a dos secretarios de Gobernación y se fuga dos veces El Chapo»…

Monsieur Peña Nieto, como pavo real al presumir su captura, declaró a León Krauze que «sería imperdonable» que se volviera a escapar. Sí, señores, se tomarían las «debidas providencias».

http://mexico.cnn.com/nacional/2015/07/12/la-advertencia-de-pena-sobre-el-chapo-que-se-convirtio-en-realidad

El tiro por la culata, mejor que se encomiende a la divina Providencia; es mucho pedir, está en Francia con una «pléyade» de mexicans que fueron a dar un rol; de paso tun tun a ver la Torre Eiffel iluminada y a comprar uno que otro souvenir.

eiffel

Mexique: la traque d’ «El Chapo» Guzmán continue (Le Monde)

Mexican drug lord «El Chapo» Guzmán escapes from prison again (The Guardian)

La gran obra del Señor de los Túneles (El País)

Traficante Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán foge pela 2a vez no México (O Globo)

Stunning Escape of Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán Fuels Mexicans’ Cynicism (New York Times).

Desazón. Vergüenza. ¡Ficción! Superrealismo: el pan de cada día.

Hasta la próxima.

Wimbledon 2015

Una meta: ir al torneo de tenis de Wimbledon, mi Grand Slam predilecto. Tendría que comprar los boletos con más de un año de anticipación y de preferencia a nivel de cancha (¿¡se imaginan el costo!?), de otra manera moveré la cabeza de un lado a otro sin saber dónde está la pelota amarilla peludita que se me esconde punto tras punto, entre los trallazos de los mejores jugadores del mundo.

pelota tenis

Serena ganó su vigésimo segundo título este 2015; lloré como si fuera la flamante receptora del trofeo. Me hubiera encantado resbalarme en la arcilla de Roland Garros, deshacerme las rodillas en las pistas duras de Australia y Nueva York, y pelearme con la hierba deteriorada del torneo más emblemático del año, el que exige que los jugadores se vistan de blanco: Wimbledon.

Y mañana Su Majestad Roger Federer —dandy del tenis, único hombre a quien le cargaría sus raquetas durante tres minutos— para disputar la final masculina contra Novak Djokovic, Nole, números uno y dos del mundo, respectivamente.

¿Erré la profesión? ¡A saber! La vida me ha encaminado más por el rumbo del «puedo» y menos por el «quiero»; además mi luxación congénita de cadera, de acuerdo con Belloc —médico que me operó alrededor de los dos años— me impediría consagrar mi existencia al deporte profesional.

Vibro con enjundia desmedida, a tal grado que mis vecinos deben pensar que sufro crisis de desquiciamiento. Desde mi buhardilla en un cuarto piso se oyen, en este caso muy a la inglesa, múltiples y sonoros Yes, yes, yes! Puño cerrado y fuerte como si yo fuera la protagonista, aunque dudo que pudiera contestar un saque de Miss Williams, quien se da el lujo de bombardear a su contrincante con servicios de hasta 200 kilómetros por hora —ay, güey.

¡Hermoso!
¡Hermoso!

http://www.gettyimages.co.uk

Mi deseo es que gane Roger, El Genio de Basilea —nótese mi cercanía con él—; estoy segura de que si juega como ayer en la semifinal contra el para mí insufrible escocés Andy Murray —caray, no me ha hecho nada— puede ganarle a Nole y conquistar su octavo título en la Catedral del tenis: Wimbledon, el campeonato más antiguo y prestigioso del mundo.

Mañana sabré si festejo con una cerveza ¿suiza?

corcholata

Hasta pronto...
Hasta pronto…

Agradecimiento

Gracias por el techo, por el cobijo, por el resguardo, por la protección; gracias por ser mi refugio durante diez años: refugio hermoso, pequeño, colorido, silencioso, amable, casi siempre iluminado por soles matutinos y vespertinos.

luz de sol

Aquí, en este cuarto piso, más imaginarios que reales, me acompañaron mi hermana y mis sobrinos, mi padre, mamá —enramada en albahaca que empieza a tirar sus hojas a causa de una entrometida plaga blancuzca—, e incluso mis queridos tíos Malis y Maruca.

También la cama, mesa, sillas y flores Van Gogh; la doble cara de Remedios Varo y su Mujer saliendo del psicoanalista, el macetón de barro con las sangrantes flores de Teresa.

Permití que entraran muy pocas personas: elegidas. Las hice parte del mundo que me aisló del zumbido del Distrito Federal —¿próxima Ciudad de México?— y de la inacabada amenaza externa.

Aquí, una vez cerrada la pesada puerta, he sido yo, despojada de máscaras, desnuda, capaz de respirar mi aire y no el de quienes forzosamente veo todos los días.

Puerta Sasso

Un verdadero hogar, suave, sin exabruptos de vecinos complicados, sin chillidos, escándalos ni faltas de respeto. Cuatro pisos diarios de escaleras para encontrar mi paz —montaña cuando cargo las bolsas del súper en un solo viaje— y resguardar mi corazón.

Gracias pues, Giovanni Sassoferrato —por si no saben, fue un pintor italiano del XVII—, por algodonar mis miedos, atestiguar mis alegrías, acompañar mi amor y mis logros durante poco más de 3,650 días.

Sassoferrato

Hasta pronto.

Bye bye

Adiós junio, ciao primer semestre; un suspirín de aquí a fin de año.

Mi sobrino ya cumplió 15; la escuincla está a días de celebrar sus 12; la Perrita a menos de cuatro meses de avanzar en su carrera «Señora de las cuatro décadas», según el músico lugarcomunero Ricardo Arjona, y así… Esta última expresión sinónimo de «hueva hablar», «etcétera», «bla bla bla», «la manga del muerto», y un expresivo «y la chingada».

El tiempo: tema inagotable de matemáticos, filósofos, artistas, literatos, músicos, historiadores. Ya ven a Dalí, con sus relojes escurridos derritiendo minutos.

A veces el tiempo es detallista: hoy me regaló una dedicatoria: tres mujeres, tres opciones, tres partidas de madre o tres madres partidas.

Hasta julio.

Ciencia pura

Su súper poder desfallecía, como el de Popeye sin espinacas.

popeye

Lo probé una y otra vez: en un cubierto, en el teclado de la computadora, en una servilleta: nada. Tenía que reemplazar mi pequeña fuente de diversión: una cajita redonda cuyo contenido espolvoreaba con unas pinzas, de las que se usan para sacar cejas.

Había que hacer el último intento, comprobar científicamente que ya no surtía efecto y que necesitaba una nueva arma secreta. Preparé el terreno —cuarto de baño: escusado—, imaginé a mi víctima —sólo una posibilidad— y luego desaparecí como si nada hubiera sucedido, lingui lilingui.

Como de costumbre, bajé a pelotear —hoy dizque se «pelotean» las ideas— en mi menos de media cancha de básquet donde todas las tardes me entretenía mientras practicaba diversos tiros e ideaba un encontronazo deportivo entre mis jugadores favoritos y los de menor querencia, todos representados por mí.

¿Tarea?, ¡cuál! Primero estaba mi fuga, mi juego, mi competencia interna; la única posibilidad que tenía para escapar del torbellino que desparramaba sillas, burós, espejos, camas, mesas y cuanto objeto transitaba por mi cabeza.

Un grito desesperado. Es el título de un libro, ¿no? Pues algo así me sacó de los tiros de tres puntos, los ganchos, las entradas (dos pasos y arriba porque si no es violación) y autopases de fantasía muy Magic Johnson.

—¡¡¡¡¡F…A!!!!!

Ups. Entré por la cocina, abrí la puerta, acechada por un mal presagio, y antes de empezar a subir las escaleras para postrarme ante el gran Cristo que atormentaba mi niñez:

—¿¿¿¿Qué me echaste????
—¿Por qué?
—¡¡No te hagas!!
—¿Qué te pasa?
—¡¡Me pican horrible las nalgas!!, ¡¡ya hasta me metí a bañar y nada que se me quita!!

Ah, caray. Tuve la ocurrencia de poner el pica pica mortecino, «que no daría ni cosquillas», en la taza del escusado. ¿Había recuperado su potencia al entrar en contacto con la suavísima piel fraternal?

¿Una pera?
¿Una pera?

—¿¿¿¿¿Qué me echaste????? ¡Qué poca! ¡Mis nalgas, güey!
—Híjole, perdón, quise probar mi pica pica, pero no creí que sirviera.
—¿¿¿Qué??? ¿Cómo se te ocurre ponerlo en el escusado?
—Tienes razón, lo siento. No lo hice a propósito.
—¿¡No!? ¿Entonces para qué lo pones?
—Oye: no te rasques, sólo así se te va a quitar la comezón.
—¡¡Otra más, F…A, ya me tienes harta!!

Padeció y aguantó vara con muchas de mis maldades. Si hubieran visto su cara, percibido su desesperación… La Perrita era un bulto chapeado que iba y venía, mentándomela de ida y vuelta (lo justo), sin saber si acataba mi recomendación de —nou rasquing— o si hundía sus cuidadas uñas en un par de redondeces ultrajadas por pedacitos “inservibles” de fibra de vidrio.

see you

Mentirijilla

Ya casi estamos en julio y en cuestión de retazos estoy hecha un huevo; a ver qué hago con mis letras durante la segunda mitad del año.

¿Segunda?, ¿a dónde se fue la primera? Suena a lugar mega común, como de rola de #Arjona, pero cada vez se va más rápido, parece que hay pólvora detrás de las plantas de los pies del tiempo (pongamos pies en polvorosa).

huida

Lo bueno es que en el ínter participamos de algunos sucesos: ya casi termino de leer Canción de tumba, de Julián Herbert; me lancé a ver Intensamente, la nueva película de Disney-Pixar; sigo con mi diplomado los viernes y sábados, con mis idas y vueltas a la Librería Rosario Castellanos; el ejercicio (creo que por fin lo retomé), el aniversario de bodas de mi hermana, el día del Padre (lo festejamos con una mega quesadilla de queso oaxaca), comida griega en lugar de unos exquisitos tacos de mariscos.

Entre todo lo que pasa hay cosas que nos causan más hilaridad, máxime cuando las recordamos a toro pasado, cuando el enojo ante el descaro se convierte en burlona carcajada.

Hacia las 11 de la noche, ya en mi camita, sin aretes ni lente de contacto que atosigue mi ojo izquierdo, con ganas de aplastar oreja y dejar de teclear en Whatsapp: tiing, tiing, tiing, tiing, tiing, tiing…

—¡Ay, ya!
Va el FaceTime
—¿Qué onda?
—Nada, aquí viendo tele con mi perra.
—Gud, ¿qué ves?
—Pues nada en especial, le estoy cambiando.
Ya saben, el clásico zapping: tres segundos, el que sigue; dos segundos, el que viene; cuatro segundos, el que toca. Y así… La neta qué monserga, yo por lo menos sé si quiero de los 500, los 400, los 200 o los cienes.

—A ver a la perra.
Acto seguido —taaaa taaaan—: la perra.

cuca2
Un paseo, no por las nubes sino alrededor del cuarto; una vuelta, no al mundo, sino a una micro-utopía, término que tomo de la arquitectura.
—Ahí está tu botella de vinito.
—¿Cuál botella?, ¡aquí no hay nada!
—La vi ‘orita que me diste un rol por el cuarto.
—No hay ninguna botella.
—Ah, caray, qué raro, estaba sobre tu mesita, ahí donde escondes las pelotas de la perra.
—Pues no, ¡no hay nada!
—Ok, ok, igual me traicionó la vista, ¿no? Como es algo pequeño… ¿A ver tu mesa?

Wtf?
Wtf?

La botelluca ya no estaba, sólo se veían el tapetito de cuadros de colores y algunos objetos. En su lugar había una plástica botella de agua, milagro de mucho menor nivel si se lo compara con el de las Bodas de Caná.

'Can I make a request? How about a nice vintage Cabernet Sauvignon out of the water?'

https://www.google.com.mx/webhp?sourceid=chrome-instant&ion=1&espv=2&ie=UTF-8#q=funny+cana+wedding

El chiste es que en su voz y sus gestos había indignación: yo le estaba levantando falsos, era una mal pensada y no se valía.

Llamó más tarde para confesarme que había querido “desaparecer” la botella, que había hecho cómplice a la perra y que no le gustaba mentir.

—Ja ja ja, ¿así que no veo tan mal? Acuérdate de que Johnny va bien de su segundo rechazo.
Nomás gruñía.
—Pero si ya la había visto, ¿para qué hacer tanta faramalla?
—Mmmmh.
—Te falta práctica, ¿eh? Considera a Chen Kai, a lo mejor te asesora por ser mexicano; honestamente no creo que puedas pagarle a Copperfield, y ya estás grande p’a que te enseñen a hacer trucos en el Cirque du Soleil.
—Sí me vi muy güey.
—¿A poco? Ja ja ja, por más pinche que vea no puedo perder una botella de vino en una habitación de 3.2 x 2.7 mientras hacemos FaceTime. Quizá puedas…

¡Adiestrar a la perra!
¡Adiestrar a la perra!

Adiós.