Llantas de ayer y hoy

¿Recuerdan las cámaras de llanta que algunas personas usaban para flotar cuando chacualeaban en el mar?

"Es lo que hay"
«Es lo que hay»

Nada parecido a las donas decoradas, a las camas flotantes y a la bola de cosas que se han inventado para el entretenimiento acuático.

A gusto...
A gusto…

Sobre todo conservo esos recuerdos de las veces en que nos zambullimos en aguas decididas a no transparentar sus secretos, como las de Veracruz o Acapulco, donde lo velado se descubría con los pies y las manos, en el mágico instante en que uno decidía sumergirse y tocar el fondo.

Ahí estaban, integrantes de una familia feliz y numerosa, fascinados con un pedazo de caucho al que podía sentírsele el pivote, agarrados hasta con los dientes para evitar hundirse y tragar más de medio litro de agua salada.

drowning

De manera coloquial, sobre todo en América, una llanta es un pliegue de gordura que se forma en alguna parte del cuerpo. Y no crean, ¡en inglés tienen su equivalente, son las llamadas love holders, que en español vendrían a ser “agarraderas del amor” (¿o quizá de la lujuria?). Dioses, imagino la escena y me parece un tanto draconiana, ¿no?

El chiste es que los redondeles de caucho vienen a cuento por vil asimilación; conforme van pasando los años se afloja la piel y se adhiere como parásito a la barriga de los terrícolas.

Hace unos días fue cumpleaños de una amiga que ya rebasa el “tostonazo”. He aquí nuestro diálogo:

—Ya no tengo panza.

—Ay, güey, claro que tienes, bajar de peso no hace que la llanta desaparezca.

—¿Entonces me dirán “la niña de la panza”?

Yo discreta y sin revirar…

—No, más bien “la ruca de la llanta”.

—Ja ja ja, ja ja ja, ja ja ja, ja ja ja, ja ja ja, ja ja ja…

—¡Sabía que lo estabas pensando, por eso me doblegué!

—Los eufemismos y suavizantes del lenguaje, querida, no es lo mismo “la niña de la panza” (una escuincla lombricienta) que “la ruca de la llanta” (una gorda entrada en años… y en carnes).

Sin palabras
Sin palabras

Soy horrible.

Hasta la próxima.

Amanecer con Glass

Ta ra ta ta ra ra,   ta ra ta ta ra ra,   ta ra ta ta ra ra… ¿La escuchan? Teclas blanquinegras, suaves, lento ma non troppo (¿será?), un amanecer delicado en compañía del piano de Las Horas de Philip Glass.

El otro día, a propósito de nuestra plática sobre Erik Satie, mi papá dijo que era un tipo al que le hubiera gustado conocer. Yo, como casi siempre, sostuve que a Freud; «olvidé» a Virginia Woolf.

Satie
Satie

Toparme con esa mujer enigmática y verla crear y estar presente en alguna de sus zambullidas de locura y penetrar el incierto mundo que la torturaba y preguntarle por su relación con Leonard, con Vita Sackville-West y con Vanessa e intentar entender su desesperación cuando decidió que moriría ahogada en el lago Ouse. Ahora sí, respiren…

Hoy leí que Irene Chikiar Bauer escribió Virginia Woolf. La vida por escrito, considerada la biografía “definitiva” de la autora inglesa. ¿Definitiva? Tendrá 900 páginas y estará sustentada en cartas, diarios personales y escritos autobiográficos, pero nadie, nunca, podrá penetrar la intrincada mente de nadie, y menos quizá en la de Woolf, habitante de ininterrumpidos pensamientos y vericuetos zigzagueantes.

Woolf vista por Roger Fry
Woolf vista por Roger Fry

Lo que acabo de decir es obvio, ¡gran contribución al devenir de la humanidad! A la señora Chikiar le llevó siete años escribir esa obra, que debe valer todo, máxime para quien dice haber querido conocer y tutear a Virginia.

Mi retazo iba a ser sobre las cámaras de llanta, sobre el posible rumbo que toman los automovilistas que conducen a las seis de la mañana de un sábado de abril, sobre mi sueño, en el que iba a votar —¡imagínense, ¿por quién rayos?!—, pero me dejé guiar por el piano de Glass, por la sutileza de la música que me trajo a Virginia Woolf en la oscuridad de un nuevo amanecer.

Till next.

Tras bambalinas

Con frecuencia pronuncio —cuando lo hago en silencio nadie me escucha, aunque debe notárseme en el gesto— dos frases que de por sí me agotan: estoy cansada y tengo hueva. Atrás del cansancio, estoy segura, se esconden palabras como soledad, tristeza, miedo y apatía.

Hoy es un día #grisáceotirandoanegro. No quiero más que llegar a mi casa y cerrar la escotilla, como habría hecho el capitán Nemo a bordo del Nautilus.

capitan-nemo

Sí, me pasa seguido, y todavía lucho contra los sentimientos que me estacionan en el desgano, como si no pudiera aceptar que me constituyen.

Deseé compartirles un cachito del Amor, con mayúscula, que Saramago nos regaló en Historia del cerco de Lisboa. Busqué el libro desde temprano y no lo encontré. Creo que lo hice porque hoy quiero que mis palabras se queden tras bambalinas, se me agotan el aliento y las ganas, como si necesitara oxígeno.

Recurro a El mundo, de Juan José Millás; abro el libro y me encuentro con un párrafo que subrayé y que a un lado tiene la inicial de mi nombre: “De esta revelación se dedujo que tampoco el mundo estaba mal hecho en contra mía. Quizá ni siquiera estaba mal hecho. El mundo era como era […]; había en él dolor y daño, desde luego, pero no se trataba de un dolor y de un daño puestos ahí para amargarme…”.

bambalinas

Mi abuela diría Skip it y mi sobrino Teik it isi, tía F.

Yo caigo en la cuenta de que mañana será otro día.

En terapia 3

Quien haya padecido TOC (español) u OCD (english) sabrá que el trastorno no desparece y que, como la energía, sólo se transforma. En momentos difíciles se convierte en un monstruo que me acompaña a todas partes con la furia de un tsunami.

tsunami

Lo peor es que cuando esa alimaña llega a mis entrañas no hay forma de patearla, deja de ser una sombra y se pega a mi cuerpo como el gelatinoso moco de King Kong.

moco
—Estoy aquí, en mi sesión, escucho lo que me dices, pero allá, en el cuarto de atrás de Carmen Martín Gaite, resuena una música de fondo que no me deja en paz.

—¿No se ha callado en ningún momento?

—No, cuando llego a este punto me pierdo en mis pensamientos.

Veo menos, veo mucho menos de lejos que antes. Me tapo el ojo izquierdo y no veo como la última vez que me revisaron. ¿Estaré en pleno rechazo la córnea? Tengo que llamar al Instituto. ¿Y si tengo que ir? Lo bueno es que me queda muy cerca. ¿Cancelo mi comida? Pero sí veo de cerca, la última vez me dijo la doctora que para hablar de rechazo tenía que haber ojo rojo, lagrimeo y pérdida de visión de cerca y de lejos…

—Bueno, sabes que esta forma de lidiar con la incertidumbre, más si se trata de tu salud, es parte de ti; la conoces y la distingues. Obsérvala: ahora que te vayas haz lo que tengas que hacer para darle una salida.

—Y en serio, ¿eh?, sí estoy en el consultorio, pero supongo que una persona obsesiva es capaz de lidiar con el tema principal de su terapia al mismo tiempo que alimenta un leitmotiv catastrófico.

—Además, como te sucede en otras ocasiones, ya te metiste.

—Sí, caray, dentro del hoyo hay poco que hacer, ¡y súmale el PMS! P’a los leones.

—Asúmelo, nada de muertito.

—¿Qué?

—Cuando uno nada de muertito no hay adelante, atrás, ni siquiera esfuerzo; los oídos están dentro del agua y se oye ruido, como el que no para en tu cabeza.

—Ajá, y por más que hago no se calla. ¡Estoy harta, cansada!

—Por eso lo digo, quédate de muertito hasta que actuar disminuya esa sensación. Acepta que en este momento no hay otro camino.

—Cierto, ya tengo tierrita encima, aunque creo que todavía no la mastico. Ok, estoy como en la canción de Men at Work, Down Under; ¡no tienes idea de cuánto me cuesta aceptarlo! Además del ahogo me preocupa el agua. ¡Santísimo!

hole

—Mira, intenta aplaudirte el haber salido del trastorno, tan niña y sin chochos. Sé que ahorita no lo puedes ver, pero fue un logro.

Riiiing

—Carajo, ya llegó el siguiente analizando, y yo que me quiero quedar.

—Algún día sentirás que tú eres tu propio refugio.

¿Será?

Hasta la próxima.

Oinc oinc

En estricto sentido, éste podría ser el retrato de quien escribe este blog:

smart_pig

Razones estéticas y de salud promueven que no me abandone al placer de la gula, además juega a mi favor el hecho de que me gusta hacer ejercicio. Por cierto, coincido con José Fuentes Mares en que la gula no es un pecado, así que permanezcamos en santa paz.

Lo que les voy a confesar lo asocio más con mi época de preparatoriana, en buena medida porque SANA MENTE decidí que el mecanismo de defensa para evitar el contacto con el dolor sería enloquecer entre pelotas de basquetbol, ruedas de patines, llantas de bicicleta, raquetas, brazadas…

Las raquetas fueron utilísimas para golpear una pelota con todas mis fuerzas y liberar algo del coraje y la angustia que llevaba cosidos a mi piel. En fin, lo dicho lleva cuerda para otro retazo.

He aquí la confesión: me acuesto pensando en lo que voy a desayunar, durante la mañana alimento expectativas respecto a lo que voy a comer y conforme cae la noche pienso en lo que más se me antoja para cenar.

La comida nocturna es la que más disfruto, la que prende la chispa de una pasarela cerebral por la que desfilan quesadillas, tacos, carne de cerdo como la que guisa doña P (¡cueritos!), sobras benditas que a fuerza de tiempo agarran sabor… Aunque mi debilidad se dice queso, queso y muuchoooo queso.

Cheese

¡Díganme que no se les antoja! Conozco a una persona que sí peca, peca porque odia el queso en todas sus presentaciones. ¡Necia de mí, sigo ofreciéndole el manjar sabiendo que la única respuesta posible es un rotundo NO! ¿Por qué me niego a aceptar la idea de que exista un ente sobre esta Tierra que deteste el queso? Porque eso sí es un crimen.

El hecho es que amo comer, adoro conocer nuevos restaurantes y platillos, me encandila el nimio esfuerzo mental con el que perfilo molito, frijol con puerco, pollo Kung Pao, filete a la pimienta negra, fideo seco al chipotle, fetuccini Alfredo, guacamole, chiles en nogada, crema de tomate, pan recién horneado, chilaquiles o pizza 25 quesos…

La lista es interminable, pero el estómago y la piel humanos se expanden en proporción directa a la cantidad de fruta que le echemos a la piñata, ¡qué desilusión!

pinata

Estoy cierta de que si me encontrara al genio de la lámpara maravillosa y me concediera un deseo le pediría, sin titubear, satisfacer todos mis antojos gastronómicos y verme siempre como sílfide, es decir, tragar como cerdo y conservar la forma de espíritu aéreo.

Nanai, esa gente es poquísima y seguramente la escogieron a puro «dedazo» en el Paraíso terrenal. Ante tan infausto comportamiento solo me queda infundirles la certeza (me conviene) de que comer no es asunto de confesionario.

Ya lo decía Fuentes Mares:

“Las exigencias del nuevo paladar, acicateado por la gula, hinchó velas y templó voluntades, gobernó timones y enfiló proas hacia tierras exóticas de cortezas perfumadas, de minúsculas semillas que consumaban el milagro de que la mesa de un burgués pudiera ser tan suculenta como la de un rey”.

Así las cosas.

Aldeanos poco rústicos

Es un hecho que en tratándose de tecnología, mi hermana y yo (Las Perritas) no estamos “En Belén con los pastores”.* Ella trabaja en una compañía de renombre mundial en Silicon Valley y yo me defiendo como gato boca arriba, a veces cual perro en periférico, en esta sociedad de la información.

Pastorcitos de Belén
Pastorcitos de Belén

¿Se imaginan la sorpresa de nuestros abuelos y bisabuelos ante la velocidad con la que nos enteramos de cuanto acontece en la Galaxia? ¿Qué pasaría si se sumergieran en el universo digital?

El saber se ha vuelto omnipresente para quienes podemos acceder a él. Mi abuela podría asomarse a los mejores museos del mundo y disfrutar de las obras de arte más significativas del orbe; ¡dio clases de Historia del Arte y nunca puso una chancla fuera de México!

A mi mediana edad, jamás hubiera sospechado que a los virtuosos de los videojuegos se les compararía con los grandes deportistas y con las estrellitas de Hollywood. Durante mi infancia, cuando mi paraíso era la calle —bicicleta, patines, carreras, béisbol y hasta venta de chuchulucos—, estaba a años luz de pensar en que se crearían la World Series of Video Games, la World Cyber Games o la Major League Gaming.

http://www.majorleaguegaming.com/

Mi prioridad era salir a jugar, convivir con mis vecinos, rasparme las rodillas, ensuciarme, cargar una que otra bolsa de súper en el manubrio de mi bicla y organizar competencias callejeras sin la menor conciencia de necesitar un casco.

Hace poco vi a mi adorado sobrino sentado frente a una gigantesca pantalla plana, arrellanado en un sillón blanco, frazada de los Broncos de Denver, control en mano y unos audífonos con antena, como si estuviera en la torre de control de un aeropuerto.

—Qué hace, ¿eh?
—Está jugando con sus amigos.
—No manches, ¡parece Ciro Peraloca! Y pensar en que lo que se buscaba antes eran la convivencia y el tête à tête con seres de carne y hueso.
—Ay, hija, pues ya valió gorro, ahora cada vez que cumple con sus chores le doy permiso de conectarse, eso es igual a lost kid.
—Pos ni hablar, adiós al encanto de la calle y bienvenida la realidad virtual.

ciro

La información es vertiginosa, conquistamos las noticias en instantes, así sucedan en Kenia, en los Alpes Franceses o en Saugus, un pueblo rabón en el estado de Massachusetts.

Saugus, MA
Saugus, MA

¿Recuerdan cuando pasaban semanas para que recibiéramos una carta? ¡Con cuánta ilusión la esperábamos! Los correos electrónicos y la mensajería instantánea han provocado que el oficio de cartero esté démodé; le quedan bocanadas que se reparten en estados de cuenta y en suscripciones a periódicos y revistas que también podemos leer en teléfonos celulares y tabletas.

Sin embargo, a pesar de los avances, los contrastes siguen acechándonos. Esta Semana Santa me lancé con unas amigas a Amatlán de Quetzalcóatl. Para mi sorpresa, vi pasar una camionetita destartalada con un altavoz en el techo. Me encantó escuchar que daba vueltas para venderles información a los lugareños: “A diez pesos la noticia, a diez, entérese del brujo al que mataron con un rifle y se convirtió en nahual en Tepoztlán. La noticia a diez, a diez pesos la historia del nahual de Tepoztlán…».

NAHUAL

Tenemos la idea de que un nahual es un hechicero, una persona que puede transformarse en animal o en algún elemento de la naturaleza. Busqué el término en el Diccionario de mexicanismos y encontré lo siguiente: «Fue el espanto de los campesinos de Nueva España, a quienes hurtaban gallinas, guajolotes o mazorcas de maíz. La imaginación popular los representaba bajo figuras espantosas y extravagantes».

Acá seguimos, en la Aldea Global.

Pido ser la vaca
Pido ser la vaca

 *Dicho que le robé a doña I, pareja de mi papá, por parecerme la frase que mejor describe a quienes «están (o viven) en la nube».

Até logo.

Nomás un arete

¡Qué manía la de los agujeros! Según yo el Creador, quienquiera que éste sea, nos dotó con los hoyos necesarios para lidiar con la cotidianidad: comer, olfatear, oír, defecar, hacer pipí… Sin embargo, está de moda perforar (hacer piercing) orejas, narices, lenguas, cejas, ombligos, etcétera. Dizque se ve padre, sexy, cool (And the Gang?), chévere, chido.

¡Y los tatuajes! (ojo, la palabra tatuar viene del polinesio tátau) Hay quienes ponen su cuerpo en manos de personas que hieren la piel para convertirla en un lienzo, a veces en verdaderas obras de arte que ostentan dragones, extraterrestres, paisajes oníricos y variadísima fauna.

Basquetbolista profesional
Jugador profesional de basquetbol

Ya saben que solo expreso mi opinión, ¿a mí en qué me afecta lo que cada quien haga con sus partes?

Poco importa el color del que seamos, el hecho es que nos avientan limpiecitos a este “valle de lágrimas”, emprendemos el viaje iniciático con una piel suave, tersa, parejita, y de repente ¡zas!, a ponerse en manos de artistas del tattoo para quedar como Santo Cristo por decisión propia.

Salvo la fidedigna opinión de los tatuados, me imagino que duele y que por lo tanto es una práctica “mazorca”, es decir, masoquista.

—Yo quiero una mariposa monarca que se pare dulcemente en mi hombro.
—Ay, yo un gato de angora que pueda lucir en la espalda el próximo verano.
—A mí que me dibujen un alien como el de la película de Sigourney Weaver, babeante y dientón.

alien
—Nel, yo quiero un perro salchicha, algo más light.
—Pus yo como Angelina, know your rights, pero en la nalga.
—¿Alguno de ustedes sabe por qué se graba dibujos p’a darle en la torre a la epidermis?
—Nos da buen look, ¿no?
—¡Qué ganas de tener más agujeros! Un arete pasa, ¿pero un cráter en el lóbulo de la oreja? Disgusting.

ear stretching
—Se llama ear stretching, por si no sabes.
—Me da idéntico cómo se conozca y si nada más implica el regreso de ciertas prácticas tribales, ¡se ve horrendo!
—Que a ti no te guste no implica que a nosotros tampoco, somos personas aventureras y arriesgadas.
—Mira, supongo que lo más sano y respetuoso es terminar la conversación con una gran frase; solía decirla una mujer maravillosa que trabajó para mi familia durante más de veinte años: “cadi quen”.

El hecho es que no basta con lo que nos dio la naturaleza, ¡habemus hoyos para dar y repartir, gústeme o no!

Tchau.

En el limbo

Nuestro entrevistado es hombre culto e instruido, de los que quedan pocos. Nos hizo un tiempito para hablar sobre el periódico Reforma.

—¿Qué opina sobre la publicación?
—Mire, opino que más bien debería llamarse «El Diario de Chacaltianguis».
—¿Chacal qué?
—Chacaltianguis es un municipio del estado de Veracruz. Veo que no lo sabía. ¿Tengo que explicarle que la palabra tianguis es un mexicanismo? Fíjese que viene del azteca tianquiztli, mercado. En fin, le decía que el Reforma tiene cero en información de altura.
—¿Cómo define información de altura?
—Pues llámele de calidad, ahí tiene usted El País, el New York Times, The Guardian, Le Monde.
—¿Por qué cree usted que al Reforma podría bautizársele como “Diario de Chacaltianguis?
—Por corriente, porque se hincha de dinero publicando anuncios que ocupan más de la mitad del espacio y porque hereda de Excélsior el monopolio ubérrimo de la publicación de esquelas de muertos.

El Tianguis del Chacal, carroñero...
El Tianguis del Chacal, carroñero…

—Aunque las esquelas le sirven para enterarse de los muertitos y dar pésames, ¿no?
—Bueno, qué espera, a estas alturas todos los días me topo con algún conocido. Mire usté, expresar mi aflicción me congracia con el género humano.
—¿Nos pueda dar ejemplos de notas que nunca publicaría, de las que se utilizan para llenar espacios?
—“Defraudan a la viuda de Güera”.
—Perdone mi ignorancia, ¿quién o qué rayos es Güera? ¿Una leona albina?
—Ve lo que le digo, ¿quién les pone cabeza a las noticias? La Güera era el mismísimo Rodríguez Alcaine, ex líder de la Confederación de Trabajadores de México (CTM).

Mucho mejor que la viuda...
¡Qué ejemplar!

—¿Alguna otra?
—“La que será Virgen María en Iztapalapa corre cinco kilómetros diarios, hace rutinas de CrossFit y una dieta rica en proteínas».
—Épale, estoy segura de que la Virgen original tenía mejor condición física. Nada de programas de fuerza ni bebedizos proteínicos, a ella le bastaba con caminar de Nazaret a Judea y con acompañar a Jesús de un lugar a otro durante su ministerio.

Tingo
—Dígame, le escucho.
—“En Masaryk se reanudarán actividades económicas después de 15 meses de obras de remodelación”.
—¿¡Quince meses!?, ¿tembló, un tsunami de cemento, algún volcán enardecido a la redonda?

volcan-en-erupcion-con-lava
—Compare, en Chapultepec hicieron un levantadero para sustituir banquetas en buen estado por nuevas (gasto estúpido), ¡nomás que fue en un santiamén!
—A saber, harta nubosidá en la obra de Masaryk. ¿Se imagina lo fastidioso que resultó para vecinos y comercios?
—Horrendo, pero nuestros brillantes políticos ya desembolsaron en otra obra superflua.
—Como las socorridas ciclopistas del señor López, como le dice Jesús Martín Mendoza. Nuestros impuestos, don MJdDP. Si tuviera que elegir otro periódico de circulación nacional, cuál sería?
—No los conozco. He comprado La Jornada y me parece que sí se aboca a informar, Milenio es pasable los fines de semana, La Razón, regular, El Día era oficialista y bueno, lo mismo que Novedades y Unomásuno.
—¿Qué rescata de Reforma?
—El cartón de Calderón y varios articulistas, como Sergio Sarmiento y Gabriel Zaid.

—Gracias por su tiempo.

—No tiene nada que agradecer. Dígame, ¿sabe lo que significa Chichilama?

—Mmmm…

—¿Ah, no? Se refiere a una perra vieja que existe en el limbo, sitio donde van a parar los niños que mueren sin bautizo; el que mama de ella se va al infierno.

—Buena tarde, don MJdDP.

¿Qué me habrá querido decir?

Limbo

See ya’.

Drogas por encimita

Nunca me dio por probar drogas, vaya, ¡ni siquiera se me han antojado! Además, no vaya a ser que me quede en un bajón de ánimo del que no salga.

Debe ser terrible depender de alguna sustancia tóxica, llámese como se llame: coca, cristal, heroína, mariguana, metanfetamina —la «buena» de Walter White, protagonista de Breaking Bad— piedras de no sé qué, honguitos alucinógenos y un largo etcétera.

walter white

Las menciono, aunque acepto mi ignorancia y mi profundo desinterés en las susodichas, incluidos nicotina y alcohol. Eso sí, yo tengo mi cúmulo de droguillas prescritas con el fin de aplacar los desequilibrios de mi química cerebral, así que también soy dependiente.

hongo_alucinogeno

Plática de parque, revela que estoy en la luna:

luna

—Huele a mariguana.
—¿Cómo sabes?
—Pues es que percibo tal y tal y es un olor como dulzón y huele a hierba y a planta y aquí están fumando.
—Sí, me llega un olorcillo, pero no sabía que era de mota.
—Chale, estás en la nube (bajé de la luna y caí en la nube).
—Prefiero.

Hace años también preferí desaparecer de una fiesta organizada por mi amigo J antes que convertirme en fumadora pasiva de pot, no fuera a ser que los vericuetos del humo se escabulleran por doquier y llegaran a mi cerebro. Una exageración, ¿verdad?

Hace tiempo leí algunas notas sobre la desomorfina, comúnmente conocida como Krokodil (cocodrilo entre los cuates). Me espeluznó, es más potente que la morfina, carcome la piel, provoca daños en tejidos y músculos y una muerte considerablemente rápida. ¿Fastidiarse la vida por una sustancia que actúa rápido, pero cuyo efecto dura poco? ¡Qué miedo! El meollo, creo, es que una dosis cuesta entre tres y cinco veces menos que una de heroína.

http://es.wikipedia.org/wiki/Desomorfina

En una sobremesa de desayuno me platicó A que un día estaba en el Metro de la ciudad de México alrededor de las 22 horas y que la abordó un chavito de unos 14 o 15 años para preguntarle la hora. Acto seguido le ofreció venderle mariguana. ¡Qué cantidad de cosas me son ajenas!

El chiste es que expreso mi más genuina solidaridad con quienes son adictos a alguna sustancia, con las personas que experimentan síndromes de abstinencia, con quienes incluso sacrifican su dignidad y su vida por sentirse menos ansiosos, decepcionados, solos, dentro de un túnel sin salida, al borde de cierta “locura” que desean aminorar aunque sólo sea durante un par de horas.

Hasta pronto.