Él

Curioso como el más curioso de los niños, incansable y fuerte, capaz de estar bien aunque no lo esté, meticuloso, observador del pasado a través del trabajo de toda una vida.

Alguien que se fija en el movimiento de las alas de un ave, en la blancura o negrura de las nubes, en una palmera mecida por el viento, en la profundidad bella e incomprensible de Góngora, en el brote de una flor que morirá de noche, en los agujeritos de un burdo waffle, en las entrañas de sus lecturas, en cada persona necesitada que se cruza en su camino, en un zapato salpicado, en las manchas de su piel, en la cortina torrencial que presagia la tarde..

Lo lleva en los ojos: penetrantes, cansados, profundos, inquisitivos, vivarachos, mancillados, azules… De un azul pensante labrado en un tronco, azul, hecho a imagen de la belleza de cantera rosa de San Miguel Arcángel.

Tronco azul

Vaivén

el otro

No se necesita hablar: sobran palabras.

Basta con que otros den alas a su imaginación para decodificar historias ajenas, sobre todo si nos hemos percatado de que verse a uno mismo resulta más incómodo y doloroso que sembrar y cosechar ideas, juicios, deseos, sentimientos, traumas, sueños inconfesados que solemos proyectar sin decir “agua va”, como si nos envolviera un manto de verdad, uno repleto de estrellas soplonas de lo que ignoran.

¿Cuántas personas habré sido sin ser yo? ¿Cuántos disfraces he usado que jamás ceñirían mi cuerpo? ¿Cuántas mentes que en realidad se contraponen a la mía? ¿Cuántas aventuras que yo misma desearía vivir? ¿Cuántas máscaras que mi intimidad no reconoce?

¿Quiénes somos?

Acaso lo que callamos y que la osadía de otros pone en nuestro ser; acaso lo que no somos pero somos porque nos han manoseado; acaso lo que nunca seremos pero que todos pretenden que seamos.

Yo soy el mar: oscura y luminosa, cálida y fría, cercana y distante, peligrosa y mansa, dulce y rabiosa, agitada y pocas veces serena, profunda más que superficial: insondable, polar, en constante vaivén.

Vaivén —ir y venir, ir y venir— que es mío, que comparto con pocos y —¡oh, paradoja!— que muchos creen conocer.

Hasta la próxima.