Más que lluvia

Amo el agua, y sobre todo, el agua fría. Ya lo he escrito.

De niña me acostumbré a nadar en una alberca cuya caldera nunca dio señales de vida, ni siquiera en invierno. Pero era un placer: zambullirme y salir rápido para airear mis pulmones. Lo que seguía era fácil: aclimatarse y disfrutar.

Amo sumergirme, amo aguantar la respiración mientras intento recorrer la mayor distancia posible, y también amo nadar cuando llueve.

Esa lluvia… la que presagian relámpagos y truenos. Mejor si llega con un viento que azota puertas y ventanas, con la luminosidad eléctrica del cielo, con el estruendo envolvente que le pisa los talones a cada rayo.

Amo ver, oír, tocar, oler y probar el chubasco que se solaza en el campo. Sí, huelo la humedad, escucho el golpeteo, hago mío el sabor del agua límpida, expongo mi piel al abraso de gotas y chorros helados, miro el huidizo arte líquido y despierto de golpe a una vida que a veces cierra los ojos sin poder conciliar el sueño.

*Foto de la autora.

Soulmates

―¡Está haciendo un calor infernal, Maru! Para mí, arriba de 25, resulta insoportable.

―Ay, Cuca, ha de ser que estás en tu octavo mes de embarazo, porque para mí es delicioso. En el tenis sudo rico; cuando me subo a la camioneta, que está como para pelar pollos, apago el aire acondicionado y hago un bañito de vapor; me pongo mis vestidos italianos, sueltos y vaporosos; uso todas mis alpargatas españolas; a veces aprovecho para chacotear y echarme un martini en la alberca del club; como ensaladas y mariscos y también tomo mucha agua. Total, que disfruto el calorcito. Y en la noche ni cuenta, ¿eh? Después de que Adelina nos da de cenar y de que Daniel y Adriana se encierran en sus cuartos, yo prendo el aire acondicionado. Es la gloria… Y, mira, para cerrar con broche de oro, aunque Jorge se hace el gran lector, le cuento mi día de pe a pa. Me emociona ver que me escucha y saca las antenas mientras lee un libro que se llama Soulmates. Porque has de saber, Cuquita, que somos almas gemelas; desde que nos encontramos, hace 18 años, en el «crucero del amor», supe que era mi media naranja. En fin, querida, te dejo porque tengo que hacer el súper. ¡Uy!, a todo esto, ¿cómo vas con los preparativos para la llegada de Julita?

Cuca había enrojecido, de calor y de rabia. Sudaba la gota gorda, y cada gota iba a dar en el reservorio de Julita.