Gracias, papá

¿Quién va a comentar mis Retazos?, ¿quién me pedirá que me deje llevar por la pluma antes de su muerte? ¿Con quién lloraré después de leer un poema de Blas de Otero o escuchar voces como las de Lila Downs, Maria Callas, Luciano Pavarotti y Lucha Reyes? ¿Cuándo me dirás «nos vemos el viernes» para echarnos un caldo de camarón en el mercado de San Pedro? ¿Quién seguirá mis pasos en el paraíso amatleco? ¿Y la voz fuerte y recia que llama todas las noches? ¿Y nuestros torneos de UNO? ¿Qué hay de nuestras charlas? ¿A quién le preguntaré mis dudas e inquietudes? ¿Qué ser humano escuchará mis opiniones con apertura y atención? ¿Ahora quién me pedirá que «presida» una bacanal dominguera, aunque siempre haya pensado que ese lugar le correspondía a mi madre? ¿De quién me haré cargo (¡ni en sueños te dejabas!) cuando viaje a California? ¿A quién regañaré por mezclar los alipuses? ¿Alguien será más puntual que yo? ¿Debo esperar que entres en mi casa para dejarme cosas ricas de comer? ¿Con quién voy a bregar con tamañas cercanía y libertad? ¿Quién sabrá que mi tono pronostica un día negro? ¿Quién se dejará sorprender como un niño con todo lo que ve a su alrededor? ¿Y nuestras cómplices miradas para transmitirnos cualquier cosa? ¿Nuestro delirio por el queso? ¿Acaso conoceré a alguien que coma más chile que tú y se quede impertérrito?¿Tus sabiduría, humor negro, carcajadas (en particular a costa de Peter Sellers, Monsieur Hulot y Les Luthiers) optimismo, amor a la vida y miedo a estar solo? ¿Las flaquezas donde solo yo me internaba? ¿Y el puro (cigar) diario con el que saboreabas el mundo entre humo blanco?

Te quedé a deber una comida, la de tu cumpleaños 85, y tendré que prescindir de tu mirada azul cuando me alcance el medio siglo.

Gracias por compartir conmigo tu pasión por la vida. Ojalá que, como te lo pedí en varias ocasiones, te hubieras quejado un poquito.

Aunque intuyo, percibo, vibro, sé… que tenías pensado irte.

Até não sei quando nem onde.

Aldeanos poco rústicos

Es un hecho que en tratándose de tecnología, mi hermana y yo (Las Perritas) no estamos “En Belén con los pastores”.* Ella trabaja en una compañía de renombre mundial en Silicon Valley y yo me defiendo como gato boca arriba, a veces cual perro en periférico, en esta sociedad de la información.

Pastorcitos de Belén
Pastorcitos de Belén

¿Se imaginan la sorpresa de nuestros abuelos y bisabuelos ante la velocidad con la que nos enteramos de cuanto acontece en la Galaxia? ¿Qué pasaría si se sumergieran en el universo digital?

El saber se ha vuelto omnipresente para quienes podemos acceder a él. Mi abuela podría asomarse a los mejores museos del mundo y disfrutar de las obras de arte más significativas del orbe; ¡dio clases de Historia del Arte y nunca puso una chancla fuera de México!

A mi mediana edad, jamás hubiera sospechado que a los virtuosos de los videojuegos se les compararía con los grandes deportistas y con las estrellitas de Hollywood. Durante mi infancia, cuando mi paraíso era la calle —bicicleta, patines, carreras, béisbol y hasta venta de chuchulucos—, estaba a años luz de pensar en que se crearían la World Series of Video Games, la World Cyber Games o la Major League Gaming.

http://www.majorleaguegaming.com/

Mi prioridad era salir a jugar, convivir con mis vecinos, rasparme las rodillas, ensuciarme, cargar una que otra bolsa de súper en el manubrio de mi bicla y organizar competencias callejeras sin la menor conciencia de necesitar un casco.

Hace poco vi a mi adorado sobrino sentado frente a una gigantesca pantalla plana, arrellanado en un sillón blanco, frazada de los Broncos de Denver, control en mano y unos audífonos con antena, como si estuviera en la torre de control de un aeropuerto.

—Qué hace, ¿eh?
—Está jugando con sus amigos.
—No manches, ¡parece Ciro Peraloca! Y pensar en que lo que se buscaba antes eran la convivencia y el tête à tête con seres de carne y hueso.
—Ay, hija, pues ya valió gorro, ahora cada vez que cumple con sus chores le doy permiso de conectarse, eso es igual a lost kid.
—Pos ni hablar, adiós al encanto de la calle y bienvenida la realidad virtual.

ciro

La información es vertiginosa, conquistamos las noticias en instantes, así sucedan en Kenia, en los Alpes Franceses o en Saugus, un pueblo rabón en el estado de Massachusetts.

Saugus, MA
Saugus, MA

¿Recuerdan cuando pasaban semanas para que recibiéramos una carta? ¡Con cuánta ilusión la esperábamos! Los correos electrónicos y la mensajería instantánea han provocado que el oficio de cartero esté démodé; le quedan bocanadas que se reparten en estados de cuenta y en suscripciones a periódicos y revistas que también podemos leer en teléfonos celulares y tabletas.

Sin embargo, a pesar de los avances, los contrastes siguen acechándonos. Esta Semana Santa me lancé con unas amigas a Amatlán de Quetzalcóatl. Para mi sorpresa, vi pasar una camionetita destartalada con un altavoz en el techo. Me encantó escuchar que daba vueltas para venderles información a los lugareños: “A diez pesos la noticia, a diez, entérese del brujo al que mataron con un rifle y se convirtió en nahual en Tepoztlán. La noticia a diez, a diez pesos la historia del nahual de Tepoztlán…».

NAHUAL

Tenemos la idea de que un nahual es un hechicero, una persona que puede transformarse en animal o en algún elemento de la naturaleza. Busqué el término en el Diccionario de mexicanismos y encontré lo siguiente: «Fue el espanto de los campesinos de Nueva España, a quienes hurtaban gallinas, guajolotes o mazorcas de maíz. La imaginación popular los representaba bajo figuras espantosas y extravagantes».

Acá seguimos, en la Aldea Global.

Pido ser la vaca
Pido ser la vaca

 *Dicho que le robé a doña I, pareja de mi papá, por parecerme la frase que mejor describe a quienes «están (o viven) en la nube».

Até logo.

El pan hasta en la sopa

¿Qué tiene de especial Le Pain Quotidien? Pregunta tonta, supongo que el pan. Fui el 8 de febrero del año pasado a una sucursal en “Polanquito” —¿a quién rayos se le ocurrió el nombre?—, atestada, y de no haber sido porque la gente estaba vestida habría jurado que estábamos listos para calentar nuestros huesitos al sol.

Oí decir al capitán que ya había 35 en Nueva York. ¡Uf!, ¡guau! Lo bueno es que en ese instante estábamos en México. Bola de mamilas…

Me dio por pensar que el origen del lugar era francés, pero nació en Bélgica, idea original de Alain Coumont, chavito que pasaba horas y felices días observando a la abuela cuando horneaba pan.

Como hoy todo tiende a expandirse, ya se cuentan más de 200 panes cotidianos en países como Estados Unidos, Brasil, India, Francia, Turquía, España, Argentina y Alemania.

Un café más bien chafón, así que escribí un tuit chismoso para expresar mi ni fu ni fa. Recibí una respuesta, algo así como un regaño velado que señalaba que lo que debía haber pedido era chocolate caliente belga y por supuesto pan, pan y más pan.
La próxima vez entro a uno de estos Panes, cuando haya menos gente y de preferencia más temprano, compro uno —¿alguien sabe si me lo dan en bolsita de papel estraza?— y me retiro caminando alegremente mientras mordisqueo el pan de la cotidianidad.

Otra vez asoma la risa. Hace muchos años mi hermana y yo —cabe mencionar que estábamos en nuestros años mozos— caminábamos por las calles empedradas de Amatlán de Quetzalcóatl. Íbamos platicando y precisamente subíamos una pendiente cuando vimos aparecer a un hombre con un gran canasto de pan sobre la cabeza.  Nos admiramos, aunque creo que el estímulo fue mutuo, porque acto seguido escuchamos una voz también moza que nos interpeló:

—Pancito, ¿nenas?

Olvídense del pan que todos los días se nos antoja y del esfuerzo que tenemos que hacer para evitarlo, revivamos a Salvador Novo con una probadita de «Antología del pan»:

El pan es inseparable de la leche. Si incompatible con el atole, es indispensable con el chocolate o con el café con leche. Niños y viejos lo bendicen porque se reblandece mojándolo en “sopas”. No es menor su interés literario. ¿En qué novela con calabozos no aparece, con un jarro con agua, un pan duro? ¿En qué novela con altruismo no se habla de los mendrugos o de las migajas y no se dice: “nos arrebatan el pan” ¿Y el amargo pan del destierro?

 ¡Entrémosle a la Rosca de Reyes!

La gula no es un pecado

En junio estuve en Amatlán de Quetzalcóatl, un lugar abrazado por todos los verdes. Quizá digo lo anterior porque no conozco Australia, Nueva Zelanda, Costa Rica ni África. Para mí son verdes sorprendentes, sobre todo porque descubrí que tienen más luz desde que llegó Juan.

Juan es la persona que se quedó a vivir en mi córnea y que morirá conmigo. Y sí, fue maravilloso ver más, así de simple, más y con un esplendor que mi cerebro no conocía.

Juan

Cuando ando por allá me gusta ir a Tepoztlán y desayunar en Los colorines. Mal harían en perderse las quesadillas y los frijoles con queso. ¡Una delicia!

Colorines
¡Prueben la de queso y la de cuitlacoche!

El Pan Nuestro solía gustarme más. Tal vez porque platicaba con Patricia en la tiendita gourmet que se ve desde la calle principal de Tepoz. Hace poco pregunté por ella y me dijeron que había muerto.

Tomamos un café. El lugar me pareció cargado y un tanto cursi. Bonitas plantas. Dense una vuelta, nunca he comido ahí y puede que valga la pena.

Ya me contarán…

Disfruten de la comida, ¡es un placer! José Fuentes Mares, escritor chihuahuense, decía que comer era el acto más solemne de la vida cotidiana.

Se divertirían como enanos si leyeran su Nueva guía de descarriados.

http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Fuentes_Mares

http://ellegadodedionisios-miguelguzmanpered.blogspot.mx/2011/01/el-libro-nueva-guia-de-descarriados.html

Estamos en el siglo XXI y La Rochefoucauld no pasa de moda: “El comer es una necesidad, pero el comer inteligentemente es un arte”.