Septiembre

Minutero y segundero a contrapelo; arena que apenas percibe su paso por el cuello de cristal. A trompicones el día: del amanecer a la puesta de sol en un pestañeo, o tal vez otro suspiro. Trago de agua que pierde el rumbo a la menor distracción. Campanadas que penetran los oídos y se meten el pie a plena luz, con el atardecer, entre nubarrones, chorreando lluvia… y también cuando la oscuridad deglute las formas. 

Como sea, pero atestiguamos con los cinco sentidos, y las emociones y pensamientos y actos de ocho meses completos.

Pablo y Amy en México, bello país que se me desmorona y desdibuja. Un cumpleaños más. Aniversarios 11 y cuatro de madre y padre idos.

Fatídico 18 de abril, cosido a un personaje de mensajes y acciones ambiguos.

Paula y su par de cirugías de rodilla —reviví las dos mías, casi tres décadas atrás—.

Salidas con riesgo medido y plena aceptación de la realidad y sus consecuencias.

Adiós a la negra santidad, al Buick ’46 y a la maravillosa colección de libros mirados, con amor y admiración, uno por uno.

El paso del “Suso”, un tornado herido que tatúa cicatrices en su abrumadora y veloz trayectoria.

Bienvenida la calidez familiar e individual de quienes habitan o habitaron la casona de Nayarit 13, en la Roma.

Cada una de las reuniones en un patio que por ventura dejó de ser mi único refugio.        

Ha bastado con aceptar, desear, asimilar y habitar un espacio, el de mi infancia, en el que privarán los vacíos.

La que escribe, al parecer (con todo y sus luchas internas), entera.

Alerta

Decidí constelar dos días después de mi cumpleaños: el sábado 27 de febrero de 2016.

A la expectativa y con algo de miedo, aunque lista para asimilar lo que me brinde una constelación familiar. Adelante con los timbrazos del alma y con las sorpresas de la inconsciencia, siempre y cuando rezumen crecimiento.

¿Servirá para dejar de tener el dedo pegado en la tecla? Ojalá, porque resulta agotador escuchar el ruido de las teclas de un teclado que absorbe polvo de pasado de llanto de angustia de dolor de supervivencia.

¿Qué quiero?

Por ahí me lo sopló un tocayo… era portugués y vivió sólo un año más de los que tengo:

«Para ser grande, sé entero: nada / tuyo exageres o excluyas. / Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres / en lo mínimo que hagas. / Así la luna entera en cada lago / brilla, porque alta vive».

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