Distractores

La recuperación de una tendinitis de Quervain en la casa de mi infancia, además de recuerdos, sustento, ayuda y compañía, me asegura hartos distractores. Echen ojo:

Entre 8 y 8:30:

—Fer, vamos a desayunar.

Entre 9 y 10:30, Fer lee el periódico en compañía de Chave, Paula, El Bisa y Rafi. Momento de comentar el punto, tomar café y besar a la escuincla.

A las 12 horas:

—¡Hora de la colacióoooooooooon! (Chale)

A las 14:30:

—A comeeeeeeeeeeeer. (Mmmmm, ¡qué antojo!)

Y cuando aún no terminaba la Euro…

—Vente a ver el fut. (Chido)

A las 18:

—La colacióoooooooooon! (Pos a ver qué me trago)

A las 20:30:

—A cenaaaaaaaaar. (Uta, mi comida predilecta. ¿Qué habrá? Qué bueno que me lo preparan y es a la carta, porque si no… venga un atún)

Entre las 22 y las 22:30:

—Vamos a ver Primer plano.

O

—¿López Dóriga? (Somnífero de güey. Insufrible. La misma mielda. Pinche Televisa. Invariablemente se me cierran los ojitos)

Total, que así me las he gastado durante más de un mes. Mi megacíclico estado de ánimo es otro tema.

Ah, si me sobra tiempo leo o intento pasar el nivel 105 de Soda Crush (méndigos ositos).

soda crush

Ciao.

Genio y figura

Mi padre se saltó las trancas e incumplió su promesa: no quedarse solo y su alma el fin de semana. Allá él, está en su derecho de abrazar su soledad y de probarse que a sus casi 81 años se las gasta como un chaval.

Siempre ha sido un hombre autosuficiente, aunque el valerse por sí mismo no se ha traducido en abandonar su condición de…

Heme aquí
Heme aquí

—Ayer quise poner una película y no supe cómo.
—Ay, me hubieras dicho.
—No, llamé a P y a K para que me explicaran, pero no entendí nada. Y como ellas no tenían los controles de la tele…
—¿Tons qué hiciste?
—Oír música y ver cosas en mi compu.
—Ah.

Riiiing

—Hola, Pá. ¿Cómo dormiste?
—Muy bien, ¿tú?

Y el rollo de la dormida…

Imagínense, mi papá, generoso y comodino, sale a desayunar los sábados y domingos. Yo hubiera podido salir temprano para ir con él, pero preferí desperezarme en el silencio y la tranquilidad de mi espacio, lleno de luz y armonía.

—¿Qué desayunaste?
—Unas galletitas Melba con queso panela.
—¿Por qué no te preparaste algo? Cuando éramos niñas te pedíamos que nos hicieras huevos en cazuelita, ¡te salían ricos!
—Uuuy, las cazuelitas de metal con dos asas del año de la canica, de cuando yo era niño.
—¿Y luego?, ¿por qué sólo las galletitas?
—Mmm, es que no supe prender la estufa.
—Ja ja ja; dioses, papá, ¡qué vergüenza! Eres un Rey, no cabe duda.
—… bueno, ahí también hay latas de atún y de sardinas, ¿no? Siempre habrá algo que pueda comer.
—¿Y qué haces?
—Estoy leyendo el perio y tomando mi café.
—¡Menos mal que sí sabes hacer tu café!
—Sí, aprendí a usar  “el pollo” que me regalaste.

Pollo
Pollo

—Te veo al ratón, ¿quiénes van a la comida?
—Las viudas de cajón, Mora…
—Tus viudas, querrás decir…
—…
—¿Tú pusiste la mesa?
—E hice mi cama.
—¿Les diste de comer a las perras?
—Claro, sus croquetas están en el planchador.
—¡Órale! ¿Qué nos vas a dar de comer?
—Pizzas.

Comida rápida, chafona para un marajá
Comida rápida, chafona para un marajá

Fenomenal, una comida agradable, digna de una escena de Almodóvar, mezcla de la carta de Pablo a Timoteo, una pareja de oaxaqueños medio muertos de hambre y la homosexualidad sin punto de retorno, una sobremesa endulzada con trufas y conejos de chocolate.

Hoy me quedo con él, quizá yo me las ingenie para prender la estufa.

Adeus.