Oinc oinc

En estricto sentido, éste podría ser el retrato de quien escribe este blog:

smart_pig

Razones estéticas y de salud promueven que no me abandone al placer de la gula, además juega a mi favor el hecho de que me gusta hacer ejercicio. Por cierto, coincido con José Fuentes Mares en que la gula no es un pecado, así que permanezcamos en santa paz.

Lo que les voy a confesar lo asocio más con mi época de preparatoriana, en buena medida porque SANA MENTE decidí que el mecanismo de defensa para evitar el contacto con el dolor sería enloquecer entre pelotas de basquetbol, ruedas de patines, llantas de bicicleta, raquetas, brazadas…

Las raquetas fueron utilísimas para golpear una pelota con todas mis fuerzas y liberar algo del coraje y la angustia que llevaba cosidos a mi piel. En fin, lo dicho lleva cuerda para otro retazo.

He aquí la confesión: me acuesto pensando en lo que voy a desayunar, durante la mañana alimento expectativas respecto a lo que voy a comer y conforme cae la noche pienso en lo que más se me antoja para cenar.

La comida nocturna es la que más disfruto, la que prende la chispa de una pasarela cerebral por la que desfilan quesadillas, tacos, carne de cerdo como la que guisa doña P (¡cueritos!), sobras benditas que a fuerza de tiempo agarran sabor… Aunque mi debilidad se dice queso, queso y muuchoooo queso.

Cheese

¡Díganme que no se les antoja! Conozco a una persona que sí peca, peca porque odia el queso en todas sus presentaciones. ¡Necia de mí, sigo ofreciéndole el manjar sabiendo que la única respuesta posible es un rotundo NO! ¿Por qué me niego a aceptar la idea de que exista un ente sobre esta Tierra que deteste el queso? Porque eso sí es un crimen.

El hecho es que amo comer, adoro conocer nuevos restaurantes y platillos, me encandila el nimio esfuerzo mental con el que perfilo molito, frijol con puerco, pollo Kung Pao, filete a la pimienta negra, fideo seco al chipotle, fetuccini Alfredo, guacamole, chiles en nogada, crema de tomate, pan recién horneado, chilaquiles o pizza 25 quesos…

La lista es interminable, pero el estómago y la piel humanos se expanden en proporción directa a la cantidad de fruta que le echemos a la piñata, ¡qué desilusión!

pinata

Estoy cierta de que si me encontrara al genio de la lámpara maravillosa y me concediera un deseo le pediría, sin titubear, satisfacer todos mis antojos gastronómicos y verme siempre como sílfide, es decir, tragar como cerdo y conservar la forma de espíritu aéreo.

Nanai, esa gente es poquísima y seguramente la escogieron a puro «dedazo» en el Paraíso terrenal. Ante tan infausto comportamiento solo me queda infundirles la certeza (me conviene) de que comer no es asunto de confesionario.

Ya lo decía Fuentes Mares:

“Las exigencias del nuevo paladar, acicateado por la gula, hinchó velas y templó voluntades, gobernó timones y enfiló proas hacia tierras exóticas de cortezas perfumadas, de minúsculas semillas que consumaban el milagro de que la mesa de un burgués pudiera ser tan suculenta como la de un rey”.

Así las cosas.

Nomás un arete

¡Qué manía la de los agujeros! Según yo el Creador, quienquiera que éste sea, nos dotó con los hoyos necesarios para lidiar con la cotidianidad: comer, olfatear, oír, defecar, hacer pipí… Sin embargo, está de moda perforar (hacer piercing) orejas, narices, lenguas, cejas, ombligos, etcétera. Dizque se ve padre, sexy, cool (And the Gang?), chévere, chido.

¡Y los tatuajes! (ojo, la palabra tatuar viene del polinesio tátau) Hay quienes ponen su cuerpo en manos de personas que hieren la piel para convertirla en un lienzo, a veces en verdaderas obras de arte que ostentan dragones, extraterrestres, paisajes oníricos y variadísima fauna.

Basquetbolista profesional
Jugador profesional de basquetbol

Ya saben que solo expreso mi opinión, ¿a mí en qué me afecta lo que cada quien haga con sus partes?

Poco importa el color del que seamos, el hecho es que nos avientan limpiecitos a este “valle de lágrimas”, emprendemos el viaje iniciático con una piel suave, tersa, parejita, y de repente ¡zas!, a ponerse en manos de artistas del tattoo para quedar como Santo Cristo por decisión propia.

Salvo la fidedigna opinión de los tatuados, me imagino que duele y que por lo tanto es una práctica “mazorca”, es decir, masoquista.

—Yo quiero una mariposa monarca que se pare dulcemente en mi hombro.
—Ay, yo un gato de angora que pueda lucir en la espalda el próximo verano.
—A mí que me dibujen un alien como el de la película de Sigourney Weaver, babeante y dientón.

alien
—Nel, yo quiero un perro salchicha, algo más light.
—Pus yo como Angelina, know your rights, pero en la nalga.
—¿Alguno de ustedes sabe por qué se graba dibujos p’a darle en la torre a la epidermis?
—Nos da buen look, ¿no?
—¡Qué ganas de tener más agujeros! Un arete pasa, ¿pero un cráter en el lóbulo de la oreja? Disgusting.

ear stretching
—Se llama ear stretching, por si no sabes.
—Me da idéntico cómo se conozca y si nada más implica el regreso de ciertas prácticas tribales, ¡se ve horrendo!
—Que a ti no te guste no implica que a nosotros tampoco, somos personas aventureras y arriesgadas.
—Mira, supongo que lo más sano y respetuoso es terminar la conversación con una gran frase; solía decirla una mujer maravillosa que trabajó para mi familia durante más de veinte años: “cadi quen”.

El hecho es que no basta con lo que nos dio la naturaleza, ¡habemus hoyos para dar y repartir, gústeme o no!

Tchau.

De perros y Super Bowl

Preludio

Mi madre iba todos los días a su café, un Emir que estaba en la calle de Euler, muy cerca de “El Puerto”, como le decía mi abuela a Liverpool aunque no hubiera una sola embarcación, ni cargas, ni agua.

Liverpool

Su Emir era “de a peso”, sobre todo si lo comparamos con los estarbuk, cielitos y puntas celestes donde hincan el diente so pretexto de la atmósfera, la permanencia voluntaria y los #lechesjarabesyshots que encarecen el producto a cambio de una ficción de caché y estatus.
—¿Me recuerdas tu nombre?
—Mejor te lo digo, porque es la primera vez que me paro aquí y no creo que lo recuerdes.

Microescenas

Vuelta al pasado, con mi progenitora, en un estarbuk:
—¿Ya viste, mi amor?, ¡un Cocker spaniel gigante!
Solté la carcajada.
—Madre, no es un Cocker spaniel gigante, es un Golden retriever.
Me burlé de lo lindo y hoy descubrí que las dos razas son spaniel, es decir, de caza.

Back to the Future, diálogo imaginario y factible, siempre y cuando el personaje hubiera sido mi mamá:
—Má, hoy es el Super Tazón.
—¿El súper qué?, ¿qué tazón?, ¿de café?

Pasado y presente

Me gustaba hacer deporte, en ese entonces era lo único que me permitía escapar de una niebla pertinaz que se había convertido en mi sombra: natación, basquetbol, voleibol, frontenis, squash, patinaje. Mi hermana se inclinaba hacia la vida apacible, bucólica y sedentaria. En la casa se daban diálogos como éste:
—Oye, ¿juegas basket conmigo?
—Ay, no.
—Porfa.
—No quiero, a mí no me gusta.
—Ándale, y te invito un sushi…
—Mmh, ta bien, pero un ratito, ¿eh?
Nótese, Perrita sobornable e interesada.

Yo no hacía tareas, llegaba de la escuela y de inmediato salía a mi tabla de salvación, una cancha de baloncesto de buen tamaño que mi padre me mandó hacer.

Ahora intento penetrar en esa cabeza paterna que logró ponerse en mis tenis: si a esta niña lo único que la saca de la obsesión es moverse, correr y brincar, quiero que algo le dé un poco de paz. Gracias a eso me pasaron de largo las drogas y el alcohol, sólo de vez en cuando maquinaba el suicidio.

tenis

Tiraba a la canasta incansablemente y desde todas las distancias. Estoy segura de que por eso llegué a destacar como jugadora, a competir en el equipo de la prepa y después en el de la universidad. Lo hice hasta que nos enfrentaron con los monstruitos de la Escuela Superior de Educación Física, mujeres rudas que se desempeñaban infinitamente mejor y que infundían pavor con la mirada. Ciao ciao, a otra cosa mariposa.

Fíjense que el deporte llegó a ser el tema ideal para tratar con el esposo de mi hermana, hablábamos de futbol americano, de basquetbol y un poco menos de béisbol. Confieso que llegué a ver el Monday Night Football y que rara vez me perdía los partidos de los Celtics y los Lakers.

Seguía a jugadores brillantes a quienes menciono según mis recuerdos y en absoluto desorden: Larry Bird, el rey de los tiros de tres puntos, Magic Johnson, Kareem Abdul-Jabbar, Marcus Allen, Dan Marino, Scottie Pippen, Kevin McHale, John Riggins, Julius Erving, Clyde Drexler y por supuesto al gran Michael Jordan.

El primero que tuve era de los Lakers, morado y amarillo
El primero que tuve era de los Lakers, morado y amarillo

Hoy nada más veo el tenis, sobre todo si juegan Federer, Sharapova, Djokovic y Williams, estos últimos campeones del Abierto de Australia. ¡Les cayó una lana, señores y señoras!

En fin, cuéntoles que la Perri casóse, volvióse ciudadana estadunidense y enfundóse el atuendo completo de los Broncos de Denver, ¡lo que nunca! Incluye chamarra, cachucha, playera e ignoro si también ropa interior.
—Ja ja ja, ¿qué te pasa, güey, desde cuando te gusta el Americano?
Obviamente lo hace por mi cuñado, acérrimo fan, y por mi sobrino.
—Ay, hija, a mí me da igual, pero qué quieres, aquí es parte de la “cultura”.
—¿Cultura? ¡Quién iba a decirlo, tú viendo el futbol americano y soplándote los partidos del Día de Acción de Gracias!

Creo que no incluye las variantes
Creo que no incluye las variantes

Canecilla inteligente, ahora aprovecha el fanatismo de sus allegados para organizar comidas, echar chorcha, beberse algunas copas de vino y darle la vuelta al Super Bowl, que según dicen es el “evento” más visto del año, no sólo por el abanico estratégico del juego sino por el espectáculo del medio tiempo, en el que robarán cámara doña Katy Perry y Mr. Lenny Kravitz.

Cuentan que en 2014 el Tazón superó los 112.2 millones de espectadores en Estados Unidos. Ay, güey, ¿en dónde más se paralizarán las actividades por «la gran fiesta del deporte norteamericano»? Este año un anuncio de 30 segundos cuesta 4.5 millones de dólares (repito, ¡ay, güey!)

http://www.latercera.com/noticia/deportes/2015/01/656-614826-9-el-lado-comercial-del-evento-mas-visto-del-ano-en-norteamerica.shtml

Yo digo que me da igual, pero miento. Quiero que ganen los Patriotas, por la simple y sencilla razón de que viví un año y medio en Rhode Island.

Bai de güey, el sedentarismo de la Perrita menor pasó al pretérito. He aquí el diálogo de moda, que excluye su arcaica bicicleta  estacionaria:

—¿Así que ahora le pegas al yoga caliente?

—Ay, sí, ¡me encanta!

—¿Por caliente?

—No, teta, porque hago una hora y media de ejercicio y sudo un chorro.

—¿Y hueles a chivo, como en nuestro viaje a Turquía?

—Ay qué poca, deberías probarlo.

And Doggy became a Sporty

¡A pegarle a los Halcones!
¡A pegarle a los Halcones!

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