Sui generis

¡El chimpancé!, ¡el gorila!, ¡el bisonte americano!, ¡la elefanta! Igual que si se jugara a la lotería, nomás que en esta variante se petatean a la voz del Gritón.

lotería

Ya escribí que disto de pertenecer al grupo de los llamados “animalistas”, por ende, también estoy lejos de conocer las causas reales (oh, sospechosismo) de los decesos de Bantú, de Lio, de Maggie y del bóvido salvaje que no tenía nombre. Uno fue víctima de un paro cardiorrespiratorio; otro, previas convulsiones, bye bye birdie; a otra le recetaron una eutanasia porque cargaba con una osteoartritis crónica degenerativa, es decir, galopante, y una más se despidió del reino animal por «traumatismo de congéneres» (what??: hacer clic en liga) y problemas metabólicos.

http://www.excelsior.com.mx/comunidad/2016/07/15/1104914

Total, que los “animalitos”, como cariñosamente los llamó don Michelangelo Mancera (pronúnciese en italiano), más bien la sobrellevaban en una casa de reposo con visitantes anónimos incluidos: quiero decir que yacían (yacer de estar echado) y aguantaban vara mientras se agotaba, sin permanencia voluntaria, la obra «El último aliento».

Sí, señores, el zoológico geriátrico de Chapultepec en la Ciudad de México… ¿Pues así cómo? Uno va a un zoo para admirar especies fuertes, bellas, ágiles, inquietantes, simpáticas, exóticas, grandes, únicas. Si yo fuera dueña de un parque zoológico tendría que hacerme de un equipo de súper expertos, capacitados para lidiar con toda clase de especímenes —máxime la de los ANIMALAZOS—, gente que supiera qué medidas tomar cuando las bestezuelas caen en la categoría eufemística de “adultos en plenitud”, como de manera brillante bautizó Mr. Fox a los integrantes de la tercera, cuarta y hasta quinta edad. Los encargados tendrían que saber reaccionar cuando vomitan, copulan, enloquecen, se esconden, gritan o presentan síntomas diarreicos.

Hay de dos sopas: dar carpetazo a los parques geriátricos para animales o conseguir ejemplares en etapa juvenil, a fin de conservarlos, cuidarlos y admirarlos sin que se colapsen —caso de Liu— ante un hijo de vecino cuyo paseo dominical, más bien trágico, acaba siendo trending topic en las redes sociales.

 

Sabias palabras

Cantaleta frecuente de mi madre, hasta parece que la oigo: “No es lo mismo los tres mosqueteros que veinte años después”.

Con 20 encima... y el colado
Con 20 encima… y el colado

En ese entonces —antes de las funestas dos décadas—, llena de energía y con un cuerpo en pleno ejercicio de sus facultades, me pasaba sus palabras por el arco del triunfo (ajá, ándale pues, lo dirás por experiencia… y así…).

Por ahí
Por ahí

Dar con mi osamenta en el piso era parte de la diversión, del deporte, del riesgo, de la edad, de mi estilo de retar a la vida. No entendía que una persona no vibrara como yo cuando con la raqueta levantaba una pelota para ponerla arriba de una raya roja o amarilla: era mi festejo a corazón abierto (caminaba como si nada la real garza envuelta en huevo con la cabeza en alto…)

Pero entendí la lección: no podía (ni debía) pretender que otra persona disfrutara de rasguños, moretones y mordidas de polvo.

—¡Carajo!, ¿por qué no corres? ¡Estás viendo que yo me mato por cada pelota y tú te quedas parada viendo cómo pasa!
—¿Y crees que todo el mundo se va a matar por una pelota? No a todos nos apasiona como a ti, jugamos para pasar un buen rato, no para darnos en la torre: ojo, para mí no es una cuestión de vida o muerte, así que me da igual si te gusta o no.

¡Zas!

Cuánta razón. Sin embargo, el deporte era un símbolo, una metáfora, una hipérbole, una figura retórica, una actividad cotidiana enraizada en la hermenéutica: no había otra opción que ganar; perder implicaba que mis monstruos pasaran a darse un festín de sesos, a carcomerlos hasta que no quedara nada de yo.

Ganar era resistir los golpes y ponerme de pie, erguida, lista para el próximo temblor de cuerpo.

Hoy puedo ver mis batallas perdidas —hay grados de dolor entre unas y otras—, mirarlas con el cristal de los mosqueterillos esos a los que se refería mi mamá.

La más reciente es (fue) retomar la patinada, deslizarme como lo hacía en Rhode Island, trece años atrás, llena de una libertad que rezumaba por cada poro de mi piel.

Qué razón tenía doña M, esos «veinte años después» me pusieron ante la perspectiva de otra caída y una nueva operación; pues para ser exacta, fueron cuatro barridas. La última, un sentonazo tonto y repentino en el que no metí ni las manos. Mi osamenta se cimbró a tal grado que pensé que si me daba la vuelta —ya que pasara un poco el dolor y me hubiera levantado— iba a encontrarme con pedacitos de hueso esparcidos por el estacionamiento de Chapultepec.

Ganó la idea de vencer, de «conquistar la rueda», así que me lancé hecha caquita a rodar en el bosque —mientras el lobo no está— hasta que le abrí la puerta a la conciencia y me dije: A ver, reinita, te gusta patinar, sí, quieres seguir dándole, sí, sentir el viento que golpea tu cara, sí, nada más que el otro día cayó un chubasco de locos y el pavimento más decente del circuito que rodea el lago está mojado, puerco y lleno de ramitas. ¿Qué esperas?, ¿otro madrazo para que el cóccix y la columna se te hagan chicharrón prensado?

No. Ahí está el camino de regreso: te quitas los patines, te subes a tu coche (ah, pagas el estacionamiento) y te largas.

Santas Pascuas, ganar y perder son ingredientes de un mismo flan, enmielado a veces y podrido otras tantas.

Bai de güei:

¿Porqué se escribe junto y con acento?

Sí, cuando funciona como sustantivo masculino e indica causa, motivo. Debe usarse acompañado de los artículos posesivos el, los; de los artículos indefinidos un, unos; los determinantes posesivos tu, tus, su, sus o sólo en plural sin acompañamiento de estas partículas:

Necesito saber el porqué de tu decisión.

No hay un porqué que me convenza.

Explícame tus porqués.

Adeus.

En el limbo

Nuestro entrevistado es hombre culto e instruido, de los que quedan pocos. Nos hizo un tiempito para hablar sobre el periódico Reforma.

—¿Qué opina sobre la publicación?
—Mire, opino que más bien debería llamarse «El Diario de Chacaltianguis».
—¿Chacal qué?
—Chacaltianguis es un municipio del estado de Veracruz. Veo que no lo sabía. ¿Tengo que explicarle que la palabra tianguis es un mexicanismo? Fíjese que viene del azteca tianquiztli, mercado. En fin, le decía que el Reforma tiene cero en información de altura.
—¿Cómo define información de altura?
—Pues llámele de calidad, ahí tiene usted El País, el New York Times, The Guardian, Le Monde.
—¿Por qué cree usted que al Reforma podría bautizársele como “Diario de Chacaltianguis?
—Por corriente, porque se hincha de dinero publicando anuncios que ocupan más de la mitad del espacio y porque hereda de Excélsior el monopolio ubérrimo de la publicación de esquelas de muertos.

El Tianguis del Chacal, carroñero...
El Tianguis del Chacal, carroñero…

—Aunque las esquelas le sirven para enterarse de los muertitos y dar pésames, ¿no?
—Bueno, qué espera, a estas alturas todos los días me topo con algún conocido. Mire usté, expresar mi aflicción me congracia con el género humano.
—¿Nos pueda dar ejemplos de notas que nunca publicaría, de las que se utilizan para llenar espacios?
—“Defraudan a la viuda de Güera”.
—Perdone mi ignorancia, ¿quién o qué rayos es Güera? ¿Una leona albina?
—Ve lo que le digo, ¿quién les pone cabeza a las noticias? La Güera era el mismísimo Rodríguez Alcaine, ex líder de la Confederación de Trabajadores de México (CTM).

Mucho mejor que la viuda...
¡Qué ejemplar!

—¿Alguna otra?
—“La que será Virgen María en Iztapalapa corre cinco kilómetros diarios, hace rutinas de CrossFit y una dieta rica en proteínas».
—Épale, estoy segura de que la Virgen original tenía mejor condición física. Nada de programas de fuerza ni bebedizos proteínicos, a ella le bastaba con caminar de Nazaret a Judea y con acompañar a Jesús de un lugar a otro durante su ministerio.

Tingo
—Dígame, le escucho.
—“En Masaryk se reanudarán actividades económicas después de 15 meses de obras de remodelación”.
—¿¡Quince meses!?, ¿tembló, un tsunami de cemento, algún volcán enardecido a la redonda?

volcan-en-erupcion-con-lava
—Compare, en Chapultepec hicieron un levantadero para sustituir banquetas en buen estado por nuevas (gasto estúpido), ¡nomás que fue en un santiamén!
—A saber, harta nubosidá en la obra de Masaryk. ¿Se imagina lo fastidioso que resultó para vecinos y comercios?
—Horrendo, pero nuestros brillantes políticos ya desembolsaron en otra obra superflua.
—Como las socorridas ciclopistas del señor López, como le dice Jesús Martín Mendoza. Nuestros impuestos, don MJdDP. Si tuviera que elegir otro periódico de circulación nacional, cuál sería?
—No los conozco. He comprado La Jornada y me parece que sí se aboca a informar, Milenio es pasable los fines de semana, La Razón, regular, El Día era oficialista y bueno, lo mismo que Novedades y Unomásuno.
—¿Qué rescata de Reforma?
—El cartón de Calderón y varios articulistas, como Sergio Sarmiento y Gabriel Zaid.

—Gracias por su tiempo.

—No tiene nada que agradecer. Dígame, ¿sabe lo que significa Chichilama?

—Mmmm…

—¿Ah, no? Se refiere a una perra vieja que existe en el limbo, sitio donde van a parar los niños que mueren sin bautizo; el que mama de ella se va al infierno.

—Buena tarde, don MJdDP.

¿Qué me habrá querido decir?

Limbo

See ya’.