Septiembre

Minutero y segundero a contrapelo; arena que apenas percibe su paso por el cuello de cristal. A trompicones el día: del amanecer a la puesta de sol en un pestañeo, o tal vez otro suspiro. Trago de agua que pierde el rumbo a la menor distracción. Campanadas que penetran los oídos y se meten el pie a plena luz, con el atardecer, entre nubarrones, chorreando lluvia… y también cuando la oscuridad deglute las formas. 

Como sea, pero atestiguamos con los cinco sentidos, y las emociones y pensamientos y actos de ocho meses completos.

Pablo y Amy en México, bello país que se me desmorona y desdibuja. Un cumpleaños más. Aniversarios 11 y cuatro de madre y padre idos.

Fatídico 18 de abril, cosido a un personaje de mensajes y acciones ambiguos.

Paula y su par de cirugías de rodilla —reviví las dos mías, casi tres décadas atrás—.

Salidas con riesgo medido y plena aceptación de la realidad y sus consecuencias.

Adiós a la negra santidad, al Buick ’46 y a la maravillosa colección de libros mirados, con amor y admiración, uno por uno.

El paso del “Suso”, un tornado herido que tatúa cicatrices en su abrumadora y veloz trayectoria.

Bienvenida la calidez familiar e individual de quienes habitan o habitaron la casona de Nayarit 13, en la Roma.

Cada una de las reuniones en un patio que por ventura dejó de ser mi único refugio.        

Ha bastado con aceptar, desear, asimilar y habitar un espacio, el de mi infancia, en el que privarán los vacíos.

La que escribe, al parecer (con todo y sus luchas internas), entera.

¿Yo?

La conciencia duele, cala. Lo fácil, lo llevadero, es vivir en Babia, evitar cuestionamientos que resquebrajan, aprovechar las distracciones que nos ofrece este vertiginoso paseo, habitar una burbuja de cristal donde solo hay que regar flores, ocuparse de tal manera que cuando llega la noche se mata cualquier pensamiento por el que se escurra un yo.

¿Quién quiere enfrentarse a sus monstruos, a sus demonios, a un túnel enterrado en el inconsciente? ¿Quién se atreve a adentrarse en los pasadizos más oscuros de su psique? Gracias a Freud sabemos que todos los días convivimos con un yo que no se parece a ninguno de nosotros, es decir, con una contundente falsedad.

Sí, la conciencia duele, pero también nos abre la puerta para conocer y comprender al verdadero yo. Ahí, frente a frente, el ser desdoblado esgrimirá el florete para decidir si se venda los ojos o se arriesga a batirse en lodo.

Imagen: https://www.google.com.mx/search?q=freud+en+dibujos&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwj1r_n03aTcAhUPTawKHRtZDAsQ_AUICigB&biw=994&bih=465#imgrc=1cjUib7OQfH_fM:

En terapia (2)

—Qué poderosa es la mente, me siento apachurrada cuando se acercan los días 19. A eso súmale el PMS, no creía en él y ahora me pega con tubo.
—Describe lo que sientes.
—Tristeza, desazón, cansancio, desgana.
—También vas a tener que aceptar esos momentos, son parte de ti y de nuestros agujeros negros.
—Pues intenté describirlos, porque la vida es vaivén, es como el título de una novela de Carmen Martín Gaite: Nubosidad variable.

Vuelvo al globo de cristal. No veo más que agua y peces negros. Van de luto. Rozan mis orejas, mi nariz, mis ojos, mi pelo que ondea en cámara lenta mientras mi cabeza está inmersa en el silencio de la nada: absorta, ensimismada, pétrea.

—Pero me gusta mucho más lo que escribió Mariana, un personaje de Martín Gaite:

“Ahora sé por mis estudios y por confidencias del diván que las cosas que no se aclaran a su debido tiempo van formando como un muro de escoria porosa que enseguida se empieza a solidificar hasta que al final no hay piqueta que lo derribe”.

—¿Te imaginas que uno pudiera pronunciar esta frase cada vez que se mete en el hoyo?

“Las cosas que pasan —como dice mi hijo Lorenzo—, pasan y punto, mamá, no le des más vueltas”.

Una de mis escritoras predilectas
Una de mis escritoras predilectas

Hasta pronto.