Realidades y ficciones

Salpican imágenes con hornos, comida, gente, barullo, lumbre. Cercana al calor y lidiando con papas; un tubérculo, el más real de la marejada nocturna. Se sienten desasosiego e ineptitud. Idas y venidas, como moscas que aturden y descolocan.

—¿Quién vive?

Por ahí anda Mónica. También caras familiares, borradas desde el inconsciente. Deviene en una marmitona que clama que ¡no le gusta cocinar, que ahí lo deja!

Y luego, ¡luego!…                            

Está de pie, con una bolsa de plástico entre las manos: burlona, desafiante e impasible —sí, como cuando se convence del odio que le profesa la consanguínea; esa, sí, la de Las Mañanitas y no el Happy Birthday—. Una impertinente y cruel mexicana que suma 27 años más viviendo en el país que se ahoga a patadas y da patadas de ahogado.

Y entonces, ¡entonces!

Armándose de valor, sin empequeñecerse frente a su desparpajo, le espeta: “¡Sí, siempre estás conmigo, es lo que me dices!”.

Acto seguido, ábrense un par de ojos, de par en par, que asienten, incrédulos, con el primer parpadeo.               

Por Paco

Como todos: regular, bueno y malo. De lo bueno, poco, y de lo #pinche, harto.

Cuando era chica, me caía gorda la caricatura del Coyote y el Correcaminos, creada por el animador Chuck Jones en 1949.

No importaba qué hiciera, Wile E. Coyote era siempre una víctima del chocante bipbip. Si no le explotaba el trinitrotolueno (TNT), se le veía atropellado, estampado por un pedrón o suspendido en el aire hasta darse cuenta de lo inminente de su caída.

Este 2019 viví en carne propia la suerte del Coyote. Me pasó por encima una aplanadora; por supuesto, marca Acme. Seis meses se me hicieron suspiro en la vorágine. Seis meses en los que aún me torturan la altivez y la carencia de escrúpulos.

Gran parte, eso sí, se debió al silencio; a un sshhhhhhhh cómplice, estúpido, poderoso, dantesco, inútil, desafiante, MORTAL.

Aquí, en tu estudio, que algún día fue mi cuarto, me regocijo con tus libros y con el persistente olor a puro. Vaya que te echo de menos.