RIP

Ei (sí), blog abandonado, pantalla en blanco (¿recuerdan El libro vacío?), disciplina machacada, ideas encarceladas, cerebro putrefacto: huevonería.

—Pues ya dale mate. Total, ni escribes.

Rip_cat

—Mi’ja, ¿cómo así? No me diga eso…

¿Se nota que estoy picadísima con la serie sobre Pablo Escobar? He adoptado el modito colombiano, aunque me niego a morir en la «verraquez» del pretexto anti texto y de la «huevonada» (lo anterior incluye el perico).

—Chale, es la verdad.

Y la verdad no peca, incomoda muy harto: tres retazos en febrero y cero hasta el miércoles 9 de marzo. Puedo optar por el perenne flagelo o sentarme frente a la pantalla, en blanco.

¿Qué será, será? Lo que vaya a ser, será…

¿Cómo así, mi’ja? Nada de retarme: este proyecto sigue vivo.

¡Hágale!

Rookiebloguera

Oh sí, el año pasado se me metió el gusano de crear un blog, hasta compré el libro Redes sociales, de LID Editorial (LIDeditorial.com). Lo lancé formalmente —el blog, no crean que el libro— el 3 de enero de 2015.

Puedo decir que cumplí, porque no lo abandoné, aunque lo hice a medias, dado que mis entradas fueron en picada, como supongo que sucedió con el avión de Saint Exupéry cuando quedó varado en el desierto del Sahara.

En enero me clavé y escribí casi a diario; en febrero y marzo me eché 12 retazos, y en la segunda mitad del año mi producción tendió a ser raquítica.

Les confesé que era un proyecto que me daba miedo arrancar y concluí que “lo importante era soltarme y disfrutar del acto de escribir”. Fue curioso: inicié con brío, con ganas de sentarme a relatar historias de tocho morocho y poco a poco menguaron mis ganas: me quedé corta en disciplina, trabajo y macheteo cotidiano.

Ninguna musa, ni siquiera #DisneyCampanita (monigota cursi), iba a revolotear alrededor de mi cráneo para regalarme inspiración y dictarme frases maravillosas que se tradujeran en la escritura automática de los surrealistas. “¡Que el yo del poeta se manifieste con libertad, sin trabas!”. Ja, ¡ni que fuera la transcripción de voces del más allá!

Campanita

Agradezco los comentarios de quienes me hacen el honor y confieso que pensé en que habría más interacción. En Redes sociales leí que mi “[…] objetivo debe ser fomentar el debate y estimular los comentarios”.

No sé, quizá más mentadas de madre, o “no estoy de acuerdo”, o “yo también soy un(a) freak #NoTeSientasTanSolaEnElMundo”, o “yo no tuve TOC, pero me da por la bipolaridad”, o “no eres ni serás la única persona que tiene miedo”. ¡Claro que me creé expectativas y que fantaseé en torno a lo que sucedería con este pequeño ciberespacio!

Cuando me refiero a él, hay quienes preguntan:

—¿Y sobre qué escribes?, ¿de qué es tu blog? (no es de chocolate ni de fresa ni de puntos azules y amarillos…)

—Chale, pus de todo un poco; al principio pensé en concentrar buena parte de mi esfuerzo en hablar de comida y restaurantes, pero fueron colándose mis opiniones, experiencias, anécdotas, alegrías y tristezas. También me propuse aventarme un Bai de güey al final de cada retazo, y si he asentado cuatro son muchos.

Quiero terminar diciembre con cinco escritos, es decir, con 105 entradas en el año: ocho punto y pico si las dividimos entre 12 meses. Cifra paupérrima para cualquier ente que se precie de dizque “escribir”. Such is life, my friends, y viéndolo por el lado menos dark puedo sentirme satisfecha de cerrar 2015 con una bitácora web que sigue dando sus bocanadas de letras.

En mi familia han escrito —de tejer y bordar nada— y me vi a su vera, menos prolífica (por no decir más huevo…) y más ignorante, aunque con loqueras transmitidas con cierta decencia discursiva.

tejer

http://mx.depositphotos.com/25958947/stock-illustration-vector-cartoon-of-grandmother-knitting.html

Las veces que golpeé la tecla me reí, como con los episodios turcos; lloré, como cuando relaté la muerte de mi madre; me frustré: quería escribir pero me salía espuma (plagio a Vallejo); me traumé (escritura “chata”) y me divertí, sobre todo buscando imágenes que apoyaran mis ideas.

El “bendito” 2016 ya nos pisa los talones —sí, caigo en “cómo vuela el tiempo” porque, en efecto, se va como alma que lleva el diablo.

Me propongo continuar y ser más constante; si no, quiero que alguien levante la mano, se identifique y me la refresque.

Ciao.

Mi compromiso

Cuando empecé a escribir este blog, mi idea era hacerlo con frecuencia. Le he bajado a las colaboraciones, quizá por los compromisos diarios, pero las más de las veces se debe a la falta de compromiso conmigo misma y con mis retazos.

He de ordenarme, de encontrar la forma de sentirme más libre para decir, para plasmar, cualquier cosa, a la hora que sea, aquí o allá, de día o de noche. Se llama disciplina con el proyecto que decidí iniciar con la embestida del 2015.

Si abro el ojo cerca de las seis de la mañana, ¡a darle!, a sacarle jugo a las primeras horas, al despertar de la luz y de los eternos ruidos citadinos entre los que se cuelan los cantos de algunos pájaros.

Total, no necesito más que mi computadora, mi sillón de piel color mostaza con negro, mi café, que gracias a R aprendí a tomar sin leche ni azúcar, y algo de cacumen.

Quizá una música de fondo, nada estridente, como el otro día la de Philip Glass. En este instante suena Nada particular, de Miguel Bosé: “Dame una isla, en el fondo de mar, llámala libertad”…

Lo más chocante es que soy paradójica.

—¿Por qué?

—Porque después de escribir me siento bien, desahogada, ligera, satisfecha.

Ojalá lo logre.

Antes de un “hasta pronto”, quiero compartirles palabras de García Márquez, las leí de segunda mano: «[…] el mismo Gabo nos dijo una vez que la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla».

Buen y fructífero domingo.