Desfiles

Temporadas primavera-verano y otoño-invierno. Pasarelas van, pasarelas vienen. Colores, tendencias y marcas. Modelos osamenta, diversidad en el modelaje, apertura palpable. Así y todo, Alicia nunca ha sido afecta a la moda. Como quien dice, le viene valiendo un reverendo pepino.

En algún momento se fijó en el espectacular rostro del otrora Andrej Pejic; pellizcó la fama de “la diosa de ébano”; acarició la idea de que Queen Latifah levantara pasiones en los desfiles de modas y, gracias a Google, se enteró de la existencia de Tess Munster, supermodelo de 30 años y 120 “quilates”.  

Los grandes diseñadores y sus creaciones. La cortedad de Alicia alcanza para Óscar de la Renta, Carolina Herrera, Louis Vuitton, Gucci, Calvin Klein, Versace, Dior y Balenciaga. Esta última porque recién vio a Marge Simpson en un episodio que se transmitió durante la Semana de la Moda de París, que también le viene valiendo sorbete.

Los verdaderos desfiles, susceptibles de exégesis, son de otra índole: estrellas fugaces, material onírico, pisadas hondas en la arena, recuerdos fugitivos, cicatrices en la piel, tornillos en el cráneo, agua cristalina entre los dedos, zumbidos penetrantes, sonrisas congeladas, enamoramientos miedosos, sangre fría, mentiras sin filtro, fantasías secretas, ensayos malogrados, compañía disfrazada, presencias fantasmales, proyecto

Así pasan y van pasando, como el agua de un río acaudalado que a su paso deja poco. ¿Qué será esa poquedad? ¿No más que una oquedad?

Alicia sigue sentada, en el mismo sillón, pensando en marcas y en vacíos.  

*Marge Simpson. Thierry Mugler, 1995.

malatintamagazine.com

Mercadotecnia pura

Tavo era un cuarentón obsesivo y desaliñado, aquejado por una severa adicción: bebía 2.5 litros de leche todos los días, cosa que implicaba poner a remojar sus copiosas barbas semiplateadas en un líquido ya blancuzco.

Cuando era niño, más de cuatro décadas atrás, acompañaba a su mamá a hacer la compra; además de que en ese entonces su bebida predilecta sabía distinto, sólo recodaba tres marcas: Alpura, Boreal y Lala. Se envasaban en Tetra Pak, y había que consumir el fluido con cierta celeridad para que no se echara a perder.

De chavalillo saboreaba, con la lengua pastosa y los ojos en blanco, un líquido sápido y con cuerpo —ahora es más bien aguado— que lo transportaba a la vaquería “La Chula”, propiedad de sus abuelos en el estado de Hidalgo. El abuelo Jacinto le contaba que don Teodosio, su padre, había repartido leche montado en un burro que se llamaba Narciso. ¡Qué recuerdos! Un día Narciso quiso montar a una burrita pizpireta que tenía la cola chamuscada. Lo malo es que lo había hecho con el bisabuelo encima, peripecia que puso punto final a su gozosa historia láctea.

Gustavo vivía solo y su obsesión; por supuesto, parte de sus quehaceres, además de vender su trabajo como encuadernador y de devorar páginas porno en internet, consistía en hacer el súper. Era un verdadero suplicio pararse frente a los anaqueles de un pasillo completo y observar la diversidad lechosa, similar a la diversidad sexual, que hoy suma a sus siglas LGBT las letras TTIQA.

Ahora no sólo se indica que el líquido es “100% de vaca” y se omite la leyenda “hace nata”, sino que se tienen en la mira una bola de presentaciones y marcas que señalan que la leche es deslactosada, light, deslactosada light, orgánica, baja en grasa (¿equivalente a light y semidescremada?), sin hormona STBr —se la inyectan a las vacas para que produzcan más leche—, kosher, con 70% + proteína y 30% + calcio, especial para mujeres, de sabores, soya, almendra, en polvo, coco, ¡entera!

Total, que Tavo se volvía loco mientras se mesaba las barbas, hasta el punto de arrancarse unos cuantos pelos o de hacerse churritos con el dedo índice… ¿Qué pasaría si tomaba una Alpura Mujer, o una Lala Salud-para-toda-la-familia, o una Alpura Kids, o una Siluette? Podía, sencillamente, meter la Alpura 40 y tantos en el carrito, pero en ese instante se le llenaba la cabeza de la leche bronca que con gran tino le daba Jacinto cuando pasaba las vacaciones en la vaquería.

Si se quería llegar al colmo del absurdo, Tavo buscaría la manera de toparse con algún representante del gremio lechero para hacerle algunas recomendaciones de bebidas lácteas que no podían faltar en los estantes de las tiendas: leche para ancianos desdentados (con mucho calcio), para mujeres con SDPM, para obesos en franco deterioro (Lala Fatso), para bebés gasificados, para hombres «andropáusicos», para mirreyes con acumulación de crudas (resacas), para adultos en plenitud con dentaduras postizas, para mujeres sin intención de concebir, y hasta para motorolos bebedores de leche de vaca californiana alimentada con cierta hierba.

Hasta pronto.