Ayer, gracias a que mi papá grabó rollos de película y los convirtió a CD, viajé en el tiempo 47 años y meses, 46, 43 y 42 vueltas al sol…
La mayoría de las personas que desfilaron frente a mí están muertas. Mi baúl se llenó de emociones: nostalgia, asombro, alegría, tristeza, coraje. Aunque prevaleció la saudade: familia que sonreía, madre contenta y juguetona, tíos paternos cercanos, sobre todo Teresa; Pancho y Pepa, férreo vínculo entre mi hermana y yo, viajes, casa de la infancia, Acapulco de los tíos Rafael y Lupe.
Mi papá y yo disfrutamos cada peli con los ojos encharcados. Dos escenas que se prendaron de mí: la boda religiosa de mis progenitores, que de no haber sido por ellos, más parecía un velorio. Mis piernas que colgaban, frágiles y sin forma, en un momento en el que mi padre me tenía cargada. A los dos años me operaron de luxación congénita de cadera.
¡Gracias, a quien corresponde, por recuperar esos momentos de vida y retrotraer piezas del rompecabezas que he armado con sangre, fluido que desde pequeña me advirtió que el trayecto sería sinuoso!