―No, Cuca, ¡si es que yo soy un maldito sube y baja! Dos días bien, tres mal; una semana regular y luego dos del cocol.
―Pero es lo normal. Yo no creo en la gente que siempre está “a todo dar”, como ya sabes quién… Desde lo más profundo de su ser, algo deben de querer evadir. Hombre, ¡la vida no es fácil!
―Y la última… ¿Te dijo Maru que cachó a Daniel fumando marihuana afuera de un Starbucks?
―No, ¡qué espanto!
―Nada de eso, querida Cuca, simplemente se aventó un “de los males el menor”. Nomás deja que de ahí pase a la coca, al crack, al LSD o incluso al krokodil.
―¿Eso es cocodrilo en qué idioma?
―No me hagas reír, el krokodil, que sí significa cocodrilo, es desomorfina, una droga alternativa a la heroína.
―Oye, pero te estás yendo muy lejos, ¿no?
―Pues más allá del Starbucks, sí… Así se empieza, Cuca, y si la mujer no le da importancia…
―Tú eres médico, Silvia, deberías decirle algo, darle un sustito.
―¿Te parece que vale la pena? Maru vive en la negación. Ni siquiera se da cuenta de que Jorge no la pela. Almas gemelas, ¡imagínate!
―Uy, ¿crees que Jorge…?
―Qué más da, Cuca. El asunto es que si uno se da permiso de ser humano, imperfecto y vulnerable, ¿quién aguanta a una persona a la que nunca le pasa nada? Control, un control enfermizo que la tiene desconectada. No hay negros ni matices, ¡todo es rosa! Y eso…, eso es irreal. ¿Dónde están los altibajos a los que la mayoría nos enfrentamos? Lástima, pero el día en que algo o alguien le quite el antifaz que trae cosido a los párpados, habrá de dos sopas: infarto o psiquiátrico.
Cuca, que estaba a una semana de dar a luz, echó unas lagrimitas y caminó hacia la salida con la cabeza gacha. Ese, su primer retoño, ¿sería mariguano?







