Linchamiento cerebral

Vuelvo a William Styron. Para él, la palabra melancolía se apegaba mucho más a la naturaleza del trastorno. ¿Depresión? Eso era un sustantivo «[…] empleado indistintamente para describir un bajón en la economía o una hondonada en el terreno». El término Brainstorm hablaba por sí mismo, dado que hacía alusión a un mal que se vive como «[…] una auténtica tempestad rugiente en el cerebro».

El cerebro no es más que una presa, y el espacio se torna abismal. No solo aloja pensamientos negativos, ideas suicidas y comportamientos obsesivos, sino tifones, maremotos, tormentas de arena, huracanes y cualquier artimaña que ponga en jaque a la masa de tejido nervioso encerrada en la cavidad craneal que los humanos percibimos como una bola con pelo.

Es más o menos así:

Está cayendo un aguacero. El paraguas es un adorno. Se está totalmente expuesto. Hazmerreír de truenos, relámpagos, automovilistas, niños, ciclistas, peatones, perros callejeros. Nada ni nadie repara en el ente que aún sobrevive a su naufragio.

Bantú

Falta que le hagan una misa de cuerpo presente en la Basílica de Guadalupe, o que atiborren de rosas blancas el Palacio de Bellas Artes, o que los asistentes al zoológico de Chapultepec honren su memoria, in situ, atascándose de hojas, frutas, tallos y raíces, o, de perdis, que los culpables de su muerte gestionen los permisos para enterrarlo en el cementerio parisino de Père-Lachaise, donde su espíritu descansaría junto a los de Edith Piaf, Oscar Wilde, Marcel Proust, María Callas y Gustave Doré.

Y es que murió Bantú

gorila

El señor Jefe de Gobierno de la Ciudad de México ya «se pronunció» en torno al caso, la Comisión de Derechos Humanos capitalina (nótese que son «humanos») abrió una indagatoria, y los «animalistas» de la organización ambiental Gran Simio levantaron una consulta ciudadana.

Qué triste que ya no tenemos gorila, pero qué desgracia que éstas sean las notas que dan de qué hablar en el periódico Reforma (hoy, sección «Ciudad», pp. 1, 5).

Por favor, que hagan la necropsia y castiguen al o a los responsables; en el ínter, que se sigan solapando los desmanes, actos de violencia y delitos de los maestros que todos los días ponen en jaque a esta ordenada megalópolis.