Autophobophobia

 

―Anda, Filo, dime qué te pasa.

―Ay, Luis, es que puede ser como una pesadilla.

―Por eso, ¡escúpela!

―Mira, es que en este espacio queda poco oxígeno; además, caben derrotas inexistentes, puertas cerradas, pensamientos incisivos, muros inútiles, bocas secas.

―Quiero entender, pero no es fácil. De repente te veo sola, la mirada fija, lejos, como en una suerte de fortaleza en la que solo cabes tú. ¿Hay alguien que pueda entrar? Es como si no estuvieras.

―Estoy y no estoy.

―¡Ay, Filomena, no me gusta que me compliques las cosas!

―A ver, Luis, ¿alguna vez has sentido miedo?

―Por supuesto, Filo, no soy una creación de Marvel.

―Pero a ver, ¿miedo a qué?

―Miedo a que me muerda el perro de la vecina, a que mis papás se den color de que fumo mota, a que Marisol me truene, a que me destripen en el metro…

―Tus miedos son concretos, Luis, están puestos en la realidad.

―¿De qué me hablas, Filo, los tuyos en dónde están?

―Muy adentro en mi cabeza, Luis. Estoy cada vez más consciente de que le tengo miedo al miedo.

―¡¿Cómo miedo al miedo?! A ver, ¿te asustas de tener miedo y eso hace que no estés?

―Es que si no hay algo afuera que realmente me amenace significa que está dentro de mí, ¿no?

―Psss… sí.

―Luis, estamos hablando de algo intangible. Tan intangible como la sangre del Cristo que pintó mamá.

―¿Y cómo lo haces tangible?

―Así, contándotelo a ti. Y después, si me atrevo, vaciándome toda en un papel.

Drogas por encimita

Nunca me dio por probar drogas, vaya, ¡ni siquiera se me han antojado! Además, no vaya a ser que me quede en un bajón de ánimo del que no salga.

Debe ser terrible depender de alguna sustancia tóxica, llámese como se llame: coca, cristal, heroína, mariguana, metanfetamina —la «buena» de Walter White, protagonista de Breaking Bad— piedras de no sé qué, honguitos alucinógenos y un largo etcétera.

walter white

Las menciono, aunque acepto mi ignorancia y mi profundo desinterés en las susodichas, incluidos nicotina y alcohol. Eso sí, yo tengo mi cúmulo de droguillas prescritas con el fin de aplacar los desequilibrios de mi química cerebral, así que también soy dependiente.

hongo_alucinogeno

Plática de parque, revela que estoy en la luna:

luna

—Huele a mariguana.
—¿Cómo sabes?
—Pues es que percibo tal y tal y es un olor como dulzón y huele a hierba y a planta y aquí están fumando.
—Sí, me llega un olorcillo, pero no sabía que era de mota.
—Chale, estás en la nube (bajé de la luna y caí en la nube).
—Prefiero.

Hace años también preferí desaparecer de una fiesta organizada por mi amigo J antes que convertirme en fumadora pasiva de pot, no fuera a ser que los vericuetos del humo se escabulleran por doquier y llegaran a mi cerebro. Una exageración, ¿verdad?

Hace tiempo leí algunas notas sobre la desomorfina, comúnmente conocida como Krokodil (cocodrilo entre los cuates). Me espeluznó, es más potente que la morfina, carcome la piel, provoca daños en tejidos y músculos y una muerte considerablemente rápida. ¿Fastidiarse la vida por una sustancia que actúa rápido, pero cuyo efecto dura poco? ¡Qué miedo! El meollo, creo, es que una dosis cuesta entre tres y cinco veces menos que una de heroína.

http://es.wikipedia.org/wiki/Desomorfina

En una sobremesa de desayuno me platicó A que un día estaba en el Metro de la ciudad de México alrededor de las 22 horas y que la abordó un chavito de unos 14 o 15 años para preguntarle la hora. Acto seguido le ofreció venderle mariguana. ¡Qué cantidad de cosas me son ajenas!

El chiste es que expreso mi más genuina solidaridad con quienes son adictos a alguna sustancia, con las personas que experimentan síndromes de abstinencia, con quienes incluso sacrifican su dignidad y su vida por sentirse menos ansiosos, decepcionados, solos, dentro de un túnel sin salida, al borde de cierta “locura” que desean aminorar aunque sólo sea durante un par de horas.

Hasta pronto.