Realidades y ficciones

Salpican imágenes con hornos, comida, gente, barullo, lumbre. Cercana al calor y lidiando con papas; un tubérculo, el más real de la marejada nocturna. Se sienten desasosiego e ineptitud. Idas y venidas, como moscas que aturden y descolocan.

—¿Quién vive?

Por ahí anda Mónica. También caras familiares, borradas desde el inconsciente. Deviene en una marmitona que clama que ¡no le gusta cocinar, que ahí lo deja!

Y luego, ¡luego!…                            

Está de pie, con una bolsa de plástico entre las manos: burlona, desafiante e impasible —sí, como cuando se convence del odio que le profesa la consanguínea; esa, sí, la de Las Mañanitas y no el Happy Birthday—. Una impertinente y cruel mexicana que suma 27 años más viviendo en el país que se ahoga a patadas y da patadas de ahogado.

Y entonces, ¡entonces!

Armándose de valor, sin empequeñecerse frente a su desparpajo, le espeta: “¡Sí, siempre estás conmigo, es lo que me dices!”.

Acto seguido, ábrense un par de ojos, de par en par, que asienten, incrédulos, con el primer parpadeo.               

Just today

¿Cumplí con las indicaciones de mi médico? Hace rato, cuando fui a sacar un chocolate de la alacena, me lo preguntó Gloria.

A ver, palomita a cocteles diurno y nocturno. También hice ejercicio, 10 minutos más de lo que tenía planeado. (Desde chica, el deporte implicaba desconectarme; era la única actividad que funcionaba como pared entre mis pensamientos y yo. De otra manera los tenía como moscas revoloteando alrededor de mi cabeza, siempre en círculos, siempre una, grande y fea, seguida de varias, espantosas.)

La levantada de la cama, mal, porque me desperté a las 8 y me paré 55 minutos después. Socialicé, así que me agencio otra paloma. Respecto a la comida mediterránea y los granos, tache. Solo que alguien cocinara para mí, pero antes fumigada que con un invasor de mi espacio.

O sea que, querida Gloria, si con tu pregunta pensaste en ponerme un cuatro ―sueles hacerlo―, ¡te falló!