Los juegos de Perec

Decidí no oírlo de noche. Bien hecho, porque me enteré de que Georges Perec se propuso huir de lo común. En sus libros evitó repetir clichés. Imposible circuir su modo de imponer juegos lingüísticos. El tipo, intuyo, tuvo cierto recelo de ser escritor de tiempo completo. Se conformó con un modesto sueldo en el mundo del conocimiento científico y sus documentos polvosos.  

En 1967, el hijo único de judíos del este europeo, me entero, fue recibido en el grupo OuLipo, especie de club selecto y secreto, donde el reto implicó constreñir. Se encerró, convencido, en el “sintoulipismo”: el ingenio en detrimento del contenido, los límites impuestos en el decir.

Esperó 43 movimientos en torno del sol. Deseó, por fin, escribir tiempo todo, sin interrupciones de un dinero por costumbre, pero se despidió de sí mismo, enfermo de tumores enloquecidos, con poco menos de 46.          

Efímero

Una simple bocanada. Un jalón de aire cuando aprieta el pecho. El primer sorbo de una cerveza. Un minuto bajo el agua. Lo que dura la noche: el tiempo que se hace humo entre que cerramos y abrimos los ojos. La luminosidad de un rayo. Una sesión de terapia. Accidentes. Una mirada furtiva. Rata que cae en la trampa. La culminación del amor.

Así, como en un solo movimiento, llegaron los siete de mi madre, los 40 de mi hermana Inés, los ocho de mi tía Teresa, el medio siglo trunco de mis padres, el par de años que trituraron a la hermana sándwich.

Asomaron también mis 49. Y por ahí, donde la vida sigue, hay 85.

Un soplo.

 

 

Imagen: https://www.google.com/search?biw=1094&bih=506&tbm=isch&sa=1&ei=JWCVXMy-Bs3GsAXBq4ywDQ&q=ef%C3%ADmero&oq=ef%C3%ADmero&gs_l=img.3..0l10.22485.24563..24997…0.0..0.126.699.4j3……0….1..gws-wiz-img…….0i67.swejZlc63Cc#imgrc=8Y7zYdAeVqOFUM:

Apnea

Bajar, bajar y seguir bajando. Rodeada de agua, sumergida en mi abismo favorito a pulmón libre. Pensar sólo en la sensación de mi cuerpo a más de 40 metros de profundidad. El silencio y los sonidos del mar. El movimiento sutil de criaturas insospechadas. Un sueño que no será.

Él

Curioso como el más curioso de los niños, incansable y fuerte, capaz de estar bien aunque no lo esté, meticuloso, observador del pasado a través del trabajo de toda una vida.

Alguien que se fija en el movimiento de las alas de un ave, en la blancura o negrura de las nubes, en una palmera mecida por el viento, en la profundidad bella e incomprensible de Góngora, en el brote de una flor que morirá de noche, en los agujeritos de un burdo waffle, en las entrañas de sus lecturas, en cada persona necesitada que se cruza en su camino, en un zapato salpicado, en las manchas de su piel, en la cortina torrencial que presagia la tarde..

Lo lleva en los ojos: penetrantes, cansados, profundos, inquisitivos, vivarachos, mancillados, azules… De un azul pensante labrado en un tronco, azul, hecho a imagen de la belleza de cantera rosa de San Miguel Arcángel.

Tronco azul