Antes del segundo round

¿Cuántos nos resistimos a creer que Donald Trump puede llegar a ser presidente del país más poderoso del mundo? No sé, pero el 25 de mayo de este año, Frida Ghitis, columnista de CNN, concluyó: “My worldwide search for Trump supporters leads me te one conclusion: In de U.S., Trump supporters may want to make America great again. But when it comes to the rest of the world, the people rooting for America are not cheering for Trump. And the people cheering for Trump are not rooting for America”.

http://edition.cnn.com/2016/05/25/opinions/who-in-world-supports-trump/

Desde mi punto de vista, en el primer debate y ante los ojos de millones, Hillary Clinton mostró que por el momento lo suyo no es perder el control ni hablar por hablar. Entre sus posturas loables, aceptó que se había equivocado al borrar más de 30 000 correos electrónicos que se alojaban en un servidor privado cuando fue secretaria de estado —la dirección era hdr22@clintonemail.com—, y logró no engancharse con el descolorido energúmeno, a pesar de sus múltiples provocaciones. En este sentido se limitó a mencionar que el público podía consultar la sección Factchecks de su página: www.hillaryclinton.com.

No caí en las redes de su sitio ipso facto, sino que recurrí a FactCheck.org, donde se muestra que ambos dicen mentiritas. Clinton no es una perita en dulce, pero tenía razón cuando dijo que las empresas del magnate se habían ido a la quiebra seis veces y no cuatro, también cuando se refirió a que Donald no está a favor de la legislación que defiende el pago igualitario a las mujeres, e incluso cuando afirmó que para Trump el calentamiento global es un engaño “a lo chino”.

Respecto al pago de impuestos federales, el republicano dijo que en realidad no se extrae mucha información de la devolución de impuestos, cuando los expertos han señalado que ésta puede arrojar datos sobre cuentas en bancos extranjeros, ingresos fuera del país y conflictos de interés.

Confieso que me dio gusto que Clinton, en un par de ocasiones, le “sugiriera” al millonetas que estaba perdido en el espacio. Lo hizo ecuánime y con una sonrisita que a un megalómano debe caerle en pandorga: “Donald, I know you live in your own reality”.

¿Quién ganó el debate? Que si el republicano, que si la demócrata, que según el medio que lo evalúe: por supuesto, como en toda contienda, opiniones divididas.

El hecho es que por un lado vi a una mujer con experiencia —los mentados treinta años—, hecha a la política y a la toma de decisiones cruciales para su país, y por otro a un hombre agresivo, que interrumpió a su contrincante y al moderador, que constantemente usó el micrófono para “comentar el punto” —“That’s called business”. “That makes me smart”—, y que en ningún momento ofreció una cara amable. Su actitud me pareció altanera, su mirada de perdonavidas y su semblante de suficiencia.

Y resulta que Trump, narciracista y mal educado —la educación no es directamente proporcional al dinero—, a quien percibo como un zombi del Ku Klux Klan, tiene excelentes relaciones con la comunidad afroamericana, entre otras cosas le regresó el alma al cuerpo cuando el presidente Obama hizo pública su acta de nacimiento: ¡Era cierto, había nacido en Hawaii, no en Kenia!

No sé nada de política ni me gustaría dedicarme a ella, pero lo anterior no impide que me dé cuenta de que el discurso de mi personaje incómodo y su leitmotiv están ligados al “Money Talks”: ¿ya no les va a dar protección a los países que no paguen por ella? Entonces, a muchos, se los va a llevar la trampa.

¿También misógino? Hillary Clinton lo sacó de sus casillas cuando se refirió a Alicia Machado y a Rosie O’Donnell, de quien incluso dijo que se tenía bien merecidos los insultos, entre ellos cerda y degenerada.

El tipo, ya cerca del final, aceptó que la candidata demócrata tiene experiencia, pero la calificó como mala experiencia. ¿La buena vendrá de ese lunático que enardece a los “americanos” ignorantes y medio losers con la trillada frase “I wanna make America great again”? En contraposición, ella mencionó que no sólo se había preparado para el debate, sino para ser la primera presidenta de Estados Unidos: “I prepared to be president, and I think that’s a good thing”.

Por último, Donald  y la palabra “stamina”. La usó cinco veces para aludir a que Hillary carece del temple y la resistencia para respaldar a su país. La señora, muy cool, le asestó un gancho al hígado que lo debe haber dejado pensando en la venganza del hombre blanco, acaudalado dueño del mundo gracias a su visión de negocios y a sus millones y millones de dólares.

https://www.youtube.com/watch?v=33O7jg50FjE

Por el momento, el Huffington Post publica una encuesta que le da a la demócrata el 48% de la intención de voto y al republicano el 41.5%. Veremos qué sorpresas nos da el segundo debate.

¡Qué sorpresas, entre ellas que la señora Clinton se va directito al bote si gana el meganefasto Donald Trump!

Magnolia Bakery

La ciudad bulle: está viva —gran descubrimiento. La gente se solaza en los múltiples y diversos restaurantes de la zona; mis ojos ven mascotas —estoy cada día más convencida de que no tendría una—, deportistas (¿de a deveras?), escuincles, barcos de control remoto, teatro, aviarios y hasta perros “llavero” ataviados con horripilantes falditas.

Antes de lanzarme a recorrer algunas calles harto nice de Polanco leí el artículo “Vívelo sin gastar una fortuna”, de Julio Patán, en la revista Chilango.

Se volaron la barda con la portada, ¡me encantó! Trazos precisos donde se adivinan la Parroquia de San Agustín —ahí “descansa” mi cenicienta madre—, los museos Soumaya y Jumex, el Palacio de Hierro (ooooooh), uno de los lagos artificiales del Parque Lincoln (guuauu, que donde se «juntan» los amantes del modelismo náutico), alguna vieja y hermosa mansión del rumbo, y creo que hasta las «torres gemelas» de la colonia, edificadas en la calle más cara del D.F.: Rubén Darío.

Por cierto, cuando los automovilistas conducimos por ahí dudo que recordemos al poeta nicaragüense que inspirara a González Martínez a deshacerse del cisne de engañoso plumaje.

https://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_Gonz%C3%A1lez_Mart%C3%ADnez

Al grano, madame, que hay quien dice que soy la reina de la digresión. Puéh nada (a la cubana), que la lectura del artículo de Patán despertó mi curiosidad por conocer dos lugares: el Café Budapest —en esta visita no lo hallé — y el Magnolia Bakery.

Entre paréntesis: (¿cómo hacen los visionarios hombres y mujeres de negocios para traerse la mismísima panadería neoyorquina a México?). Me quito el sombrero.

sombrero

http://diegofournier.blogspot.mx/2010/10/me-quito-el-sombrero.html

El Magnolia (ja, espero que nadie haya bautizado así a su vástaga), como tantos otros «changarros» cercanos a la ostentosa avenida Masaryk, está de moda, no démodé. En 2016 cumple 20 años de acariciar paladares con “productos Americanos horneados”, como galletas, cupcakes, brownies y pasteles.

http://www.magnoliabakery.com/about-us/

De churro (por suerte) encontramos lugar. Ahí, inmersas en el hervidero dominical de Virgilio (la calle), estábamos la Rata, Kalash (Cuca) y su servilleta (eu, que en portugués significa yo; nada que ver con otra manera de responder a un interlocutor sumada al “mande”, «dime» o qué).

Kalash. Pañal impecable
Kalash. Pañal impecable.

Pedimos un pudín de plátano, descrito como “verdaderamente celestial” (muy rico, aunque podríamos bajarle dos rayitas) y un brownie de doble fudge (no enloquecí de placer: es bueno y punto), que “hornean temprano cada mañana” (¿traducción?).

Magnolia Bakery me parece caro, pero sí regreso; algo especial debe tener, además de ser un sitió «trendy», cuando hay franquicias en esta «Ciudad en Movimiento» (como cuando fluye el tránsito con los encuerados de los cuatrocientos pueblos), en Chicago, Los Ángeles, Tokio, Moscú, Dubái, Beirut, Kuwait y Doha.

¡Cómo hay varo en este país!

Hasta mañana.