Así las cosas

¿Realmente se puede ser Neurótico Anónimo? A mí no me convencen, y menos lo del anonimato, porque sucede que nuestros congéneres se dan cuenta de dónde nos aprieta la chancla. Acepto que quizá no todos tengan ojo pa’ la «neura», pero sí los que llevamos un rato de hacernos nudo.

Algunos tenemos rasgos de carácter obsesivos, otros tendemos a la depre, unos más son narcisos, a aquellos les da por la mitomanía, la que se sienta junto a ti en la oficina no puede subirse a un avión, a los de acullá los ataca la nictofobia, no faltarán los que evitan las fiestas infantiles porque son coulrofóbicos, ni los que simplemente huyen a la punta de un cerro porque padecen antropofobia.

Que no le digan, que no le cuenten. Neuróticos somos todos. La cosa se complica cuando la bestia que nos atrapa es la psicosis. Bye-bye reality!: Jesucristo le susurra a Pancho el del tendejón; Sonia es la mismísima Juana de Arco, quien, por cierto, estaba chalada, y don Artemio se hace llamar Marco Polo cuando narra sus peripecias con Kublai Kan, nieto de Gengis Kan.

Linchamiento cerebral

Vuelvo a William Styron. Para él, la palabra melancolía se apegaba mucho más a la naturaleza del trastorno. ¿Depresión? Eso era un sustantivo «[…] empleado indistintamente para describir un bajón en la economía o una hondonada en el terreno». El término Brainstorm hablaba por sí mismo, dado que hacía alusión a un mal que se vive como «[…] una auténtica tempestad rugiente en el cerebro».

El cerebro no es más que una presa, y el espacio se torna abismal. No solo aloja pensamientos negativos, ideas suicidas y comportamientos obsesivos, sino tifones, maremotos, tormentas de arena, huracanes y cualquier artimaña que ponga en jaque a la masa de tejido nervioso encerrada en la cavidad craneal que los humanos percibimos como una bola con pelo.

Es más o menos así:

Está cayendo un aguacero. El paraguas es un adorno. Se está totalmente expuesto. Hazmerreír de truenos, relámpagos, automovilistas, niños, ciclistas, peatones, perros callejeros. Nada ni nadie repara en el ente que aún sobrevive a su naufragio.