Genio y figura

Mi padre se saltó las trancas e incumplió su promesa: no quedarse solo y su alma el fin de semana. Allá él, está en su derecho de abrazar su soledad y de probarse que a sus casi 81 años se las gasta como un chaval.

Siempre ha sido un hombre autosuficiente, aunque el valerse por sí mismo no se ha traducido en abandonar su condición de…

Heme aquí
Heme aquí

—Ayer quise poner una película y no supe cómo.
—Ay, me hubieras dicho.
—No, llamé a P y a K para que me explicaran, pero no entendí nada. Y como ellas no tenían los controles de la tele…
—¿Tons qué hiciste?
—Oír música y ver cosas en mi compu.
—Ah.

Riiiing

—Hola, Pá. ¿Cómo dormiste?
—Muy bien, ¿tú?

Y el rollo de la dormida…

Imagínense, mi papá, generoso y comodino, sale a desayunar los sábados y domingos. Yo hubiera podido salir temprano para ir con él, pero preferí desperezarme en el silencio y la tranquilidad de mi espacio, lleno de luz y armonía.

—¿Qué desayunaste?
—Unas galletitas Melba con queso panela.
—¿Por qué no te preparaste algo? Cuando éramos niñas te pedíamos que nos hicieras huevos en cazuelita, ¡te salían ricos!
—Uuuy, las cazuelitas de metal con dos asas del año de la canica, de cuando yo era niño.
—¿Y luego?, ¿por qué sólo las galletitas?
—Mmm, es que no supe prender la estufa.
—Ja ja ja; dioses, papá, ¡qué vergüenza! Eres un Rey, no cabe duda.
—… bueno, ahí también hay latas de atún y de sardinas, ¿no? Siempre habrá algo que pueda comer.
—¿Y qué haces?
—Estoy leyendo el perio y tomando mi café.
—¡Menos mal que sí sabes hacer tu café!
—Sí, aprendí a usar  “el pollo” que me regalaste.

Pollo
Pollo

—Te veo al ratón, ¿quiénes van a la comida?
—Las viudas de cajón, Mora…
—Tus viudas, querrás decir…
—…
—¿Tú pusiste la mesa?
—E hice mi cama.
—¿Les diste de comer a las perras?
—Claro, sus croquetas están en el planchador.
—¡Órale! ¿Qué nos vas a dar de comer?
—Pizzas.

Comida rápida, chafona para un marajá
Comida rápida, chafona para un marajá

Fenomenal, una comida agradable, digna de una escena de Almodóvar, mezcla de la carta de Pablo a Timoteo, una pareja de oaxaqueños medio muertos de hambre y la homosexualidad sin punto de retorno, una sobremesa endulzada con trufas y conejos de chocolate.

Hoy me quedo con él, quizá yo me las ingenie para prender la estufa.

Adeus.

¿Verde o rojo?

Mi madre fue una mujer muy guapa. En general, quienes la conocieron secundan mi opinión. Es más, mi hermana y yo nos soplamos cuantiosas coplas tristealegres sobre caballeros que se rendían a sus pies.

chivalry

¡A saber lo que doña Josefina les habría parecido a asiáticos, Redskins, negros, Inuits o australopitecos…

A ella no le hubiera latido...
No le hubiera latido este galán

Yo la describiría con calificativos como sexy, fina, elegante, sensual, bella y voluptuosa, todo en la misma envoltura, que además en sus buenos tiempos se conjugaba con simpatía, soltura y amabilidad.

Podía ser alucinante cuando quería «partir plaza», llegar al último para ser the one and only e instalarse en la coquetiza cuando no venía al caso.

winking-bear

No le fallaba, su entrada en un lugar implicaba silencios, distracciones y cabecitas que iban y venían como en una final Federer vs. Nadal. Excelsa, majestuosa, boca parada (¡cero botox ni colágeno!), perfectamente ataviada para la ocasión, se sentía tan iridiscente como un pavo real en época de celo.

Particularmente la recuerdo con un vestido gris, con sus camiseros y con un blusón beige que se le hizo enorme y no le quedó más remedio que resbalarlo a lo largo de su cuerpo y enfundarse unas botas. Recuerdo una foto en la que lo luce, se veía espectacular con un color que aunado al tono cafecito de su piel hacía que mi pobre abuela Pepa pareciera muerto fresco.

Ja ja ja, a las Perritas nos daba un patatús cuando a sus más de cincuenta años se enfundaba en trajes de baño llenos de agujeros que se mandaba hacer en «Amazonas» (¡ahí nomás!). En esos ayeres le pedíamos, casi le rogábamos, que omitiera decir que era nuestra progenitora, y no precisamente porque se viera mal, sino por el atrevido bañador de una señora de mediana edad que lucía sus curvas sin empacho (¡sensacional!).

Ante lo que acabo de describir, pocos de ustedes (¿o varios?) se imaginarían que en lo más profundo de su ser mi mamá era una mujer insegura y llena de dudas, necesitaba de la mirada y la lisonja de otros para sentir —ni siquiera saber— que era bella.

Triste, ¿no? Pero ojo, ¡la razón de ser de este retazo es precisamente tristealegre, porque aunque el alma se transparente, yo misma me reí cuando elegí e ideé el tema de hoy.

Mamá se pone un traje verde esmeralda. Papá no sabe lo que le espera.

—¿Te gusta, P?

—Sí, ¡se te ve maravilloso!

Mamá se cambia, ahora luce un vestido rojo quemado.

—¿Y éste?

—Me gusta más el verde.

—Entonces el vestido rojo no te gusta.

—No dije eso, sólo que prefiero el traje esmeralda.

—No te gusto con el rojo…

—¡No, no, no, tú me diste a escoger y elegí el verde!

—No te gusto.

—M, ¡te ves bien con lo que te pongas!

El acabose. Fin del mundo y de la historia.

Hasta el ratón.

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