Distractores

La recuperación de una tendinitis de Quervain en la casa de mi infancia, además de recuerdos, sustento, ayuda y compañía, me asegura hartos distractores. Echen ojo:

Entre 8 y 8:30:

—Fer, vamos a desayunar.

Entre 9 y 10:30, Fer lee el periódico en compañía de Chave, Paula, El Bisa y Rafi. Momento de comentar el punto, tomar café y besar a la escuincla.

A las 12 horas:

—¡Hora de la colacióoooooooooon! (Chale)

A las 14:30:

—A comeeeeeeeeeeeer. (Mmmmm, ¡qué antojo!)

Y cuando aún no terminaba la Euro…

—Vente a ver el fut. (Chido)

A las 18:

—La colacióoooooooooon! (Pos a ver qué me trago)

A las 20:30:

—A cenaaaaaaaaar. (Uta, mi comida predilecta. ¿Qué habrá? Qué bueno que me lo preparan y es a la carta, porque si no… venga un atún)

Entre las 22 y las 22:30:

—Vamos a ver Primer plano.

O

—¿López Dóriga? (Somnífero de güey. Insufrible. La misma mielda. Pinche Televisa. Invariablemente se me cierran los ojitos)

Total, que así me las he gastado durante más de un mes. Mi megacíclico estado de ánimo es otro tema.

Ah, si me sobra tiempo leo o intento pasar el nivel 105 de Soda Crush (méndigos ositos).

soda crush

Ciao.

Círculo sin fin

Parece un pestañeo, pero hace ya un año que Perri y yo estábamos planeando nuestro viaje en crucero a Turquía y Grecia.

En alguno de mis retazos escribí que antes de nuestro periplo me traía asoleada el Ébola; según yo, el grueso de los viajeros estaría acechándome para contagiarme el virus: por supuesto, sólo a mí: la elegida.

ébola_elegida

En los noticiarios cada vez se hacía más énfasis en la migración de sirios que huían de la guerra para refugiarse en territorio turco. A Perri le asustaban más los cocolazos fronterizos que la epidemia; sospecho que pensaba en que la tierra que conoceríamos era del tamaño de una nuez y en que serían suficientes unos binoculares para atestiguar el sufrimiento de miles de seres humanos que luchaban —luchan— por defender su vida.

binoculares

El chiste es que iniciábamos nuestra aventura con dos que tres preocupaciones a cuestas.

Perri —madre, esposa, cocinera, choferA, ejecutiva—, artrópodo incansable, debió haberse relajado como pocas veces, porque cada noche, después de una cena generosa en el restaurante principal, entraba a la suite e iniciaba el proceso: desmaquillarse, lavarse cara y dientes, enfundarse un camisón blanco tipo abuelita, acomodarse una guarda antimordiscos, hincarse e iniciar sus oraciones.

Después, más tardaba en meterse a la cama que en soltar el ronquido. La hermana mayor como ostra; algo muy malo tendría que haber hecho para que mi sister no me acompañara a cubierta, ni al bar —en una ocasión me tocó deleitarme con el baile de cachetito de una pareja añosa—, y que tampoco se sentara conmigo en el balcón para absorber la noche llena de estrellas, viento y agua.

Asunto chafa, aunque confieso que se me olvidaba cuando subía al último piso y me dejaba comer por mi soledad, cobijada por la inmensidad oscura del océano. Me colocaba en la punta del barco y cerraba los ojos: ¿era eso el infinito?, ¡qué vivencia para ese ser minúsculo que surcaba el Mediterráneo sin mojarse!

Además del ritual nocturno del camisón, el rezo y el ronquido, hubo otra constante en la travesía: el énfasis noticioso respecto a la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. El periódico llegaba todas las mañanas, en español, traducido para dos de los tres mexicanos del Silver Cloud: ahí estaba la nota, un verdadero escándalo mundial, entre muchos otros.

Silver Cloud

Sigue la mata dando… Investigaciones van y vienen, versiones que derrumban o complementan a otras, peritos, actos de vandalismo, policías heridos, Insbruck. El hecho es que sigo despertándome con Ayotzinapa.

Lo triste es mi caso: no creer en nada y tener la «certeza» de que nunca se sabrá lo que fue de esas 43 personas. La serpiente que se come su propia cola.

Bai de güei

Neta, que alguien me explique el porqué de construcciones como: hemos venido trabajando, se ha venido analizando, los diputados hemos venido ahorrando consistentemente (jajaja).

¡Dioses! Si de todas maneras se ha hecho, ¿por qué no simplificar? Mi oído, y quizá nuestro bellísimo español, lo agradecerían: hemos trabajado, se ha analizado y los diputados hemos ahorrado consistentemente (jajaja).

Ciao.

En el limbo

Nuestro entrevistado es hombre culto e instruido, de los que quedan pocos. Nos hizo un tiempito para hablar sobre el periódico Reforma.

—¿Qué opina sobre la publicación?
—Mire, opino que más bien debería llamarse «El Diario de Chacaltianguis».
—¿Chacal qué?
—Chacaltianguis es un municipio del estado de Veracruz. Veo que no lo sabía. ¿Tengo que explicarle que la palabra tianguis es un mexicanismo? Fíjese que viene del azteca tianquiztli, mercado. En fin, le decía que el Reforma tiene cero en información de altura.
—¿Cómo define información de altura?
—Pues llámele de calidad, ahí tiene usted El País, el New York Times, The Guardian, Le Monde.
—¿Por qué cree usted que al Reforma podría bautizársele como “Diario de Chacaltianguis?
—Por corriente, porque se hincha de dinero publicando anuncios que ocupan más de la mitad del espacio y porque hereda de Excélsior el monopolio ubérrimo de la publicación de esquelas de muertos.

El Tianguis del Chacal, carroñero...
El Tianguis del Chacal, carroñero…

—Aunque las esquelas le sirven para enterarse de los muertitos y dar pésames, ¿no?
—Bueno, qué espera, a estas alturas todos los días me topo con algún conocido. Mire usté, expresar mi aflicción me congracia con el género humano.
—¿Nos pueda dar ejemplos de notas que nunca publicaría, de las que se utilizan para llenar espacios?
—“Defraudan a la viuda de Güera”.
—Perdone mi ignorancia, ¿quién o qué rayos es Güera? ¿Una leona albina?
—Ve lo que le digo, ¿quién les pone cabeza a las noticias? La Güera era el mismísimo Rodríguez Alcaine, ex líder de la Confederación de Trabajadores de México (CTM).

Mucho mejor que la viuda...
¡Qué ejemplar!

—¿Alguna otra?
—“La que será Virgen María en Iztapalapa corre cinco kilómetros diarios, hace rutinas de CrossFit y una dieta rica en proteínas».
—Épale, estoy segura de que la Virgen original tenía mejor condición física. Nada de programas de fuerza ni bebedizos proteínicos, a ella le bastaba con caminar de Nazaret a Judea y con acompañar a Jesús de un lugar a otro durante su ministerio.

Tingo
—Dígame, le escucho.
—“En Masaryk se reanudarán actividades económicas después de 15 meses de obras de remodelación”.
—¿¡Quince meses!?, ¿tembló, un tsunami de cemento, algún volcán enardecido a la redonda?

volcan-en-erupcion-con-lava
—Compare, en Chapultepec hicieron un levantadero para sustituir banquetas en buen estado por nuevas (gasto estúpido), ¡nomás que fue en un santiamén!
—A saber, harta nubosidá en la obra de Masaryk. ¿Se imagina lo fastidioso que resultó para vecinos y comercios?
—Horrendo, pero nuestros brillantes políticos ya desembolsaron en otra obra superflua.
—Como las socorridas ciclopistas del señor López, como le dice Jesús Martín Mendoza. Nuestros impuestos, don MJdDP. Si tuviera que elegir otro periódico de circulación nacional, cuál sería?
—No los conozco. He comprado La Jornada y me parece que sí se aboca a informar, Milenio es pasable los fines de semana, La Razón, regular, El Día era oficialista y bueno, lo mismo que Novedades y Unomásuno.
—¿Qué rescata de Reforma?
—El cartón de Calderón y varios articulistas, como Sergio Sarmiento y Gabriel Zaid.

—Gracias por su tiempo.

—No tiene nada que agradecer. Dígame, ¿sabe lo que significa Chichilama?

—Mmmm…

—¿Ah, no? Se refiere a una perra vieja que existe en el limbo, sitio donde van a parar los niños que mueren sin bautizo; el que mama de ella se va al infierno.

—Buena tarde, don MJdDP.

¿Qué me habrá querido decir?

Limbo

See ya’.

Muerte

Somos deleznables. Migajas, briznas, mirruscas… Las palabras que quieran y que taladren nuestros oídos con un ¡zas!

Asomó las narices a la calle. Pedaleaba la bicicleta cuando un conductor abrió la puerta del auto. Se calló. Pasaba un camión. Adiós.

Jugaba en el patio de su escuela. Una bala perdida. Lo enterraron.

Dudo que al abrir los ojos tú y yo nos hagamos conscientes de que podríamos hallar el final. Lo que escribo me recuerda el inicio de cada capítulo de la serie Six Feet Under.

sixfeetunder

Verla implicaba toparse con muertes distintas: en el radar o inesperada, plácida o cruel, larga o instantánea, autónoma o a punta de balazos.

Imagino que los diferentes tipos de decesos son proporcionales a la cantidad de bichos que pisamos la Tierra. ¿Cómo es la caja del nuestro?, ¿de qué color el moño?, ¿papel periódico, celofán, biblia, rugoso, satinado?

Hormigas que hormigueamos, y se hace más patente cuando escapamos de lo conocido, lo rutinario y circular.

En alta mar, allá en el Mediterráneo, envuelta en estrellas cosidas a la negrura, un viento frío e inquieto que rebana mi cabellera y que empuja las lágrimas. Y esa masa de agua infinita, voluptuosa, abismal. El momento idóneo para expresar estoy a salvo, pero nada soy, tan sólo unos ojos que se obstinan en asir el misterio y la belleza de lo insondable.

Mar_3

Hasta pronto…