Bon appétit

Este domingo no hubo Bon appétit con Gérard Depardieu y Laurent Audiot, chef de su restaurante. Quizá porque el canal 22 dedicó ese tiempo al cierre del Festival Cervantino.

Toparme con el programa fue coincidencia, pero vale la pena ver otra faceta del actor de grandes películas como Vatel, Tous les matins du monde —la música es bellísima— y Danton. Aquí, el hombrón, suelto y relajado, nos lleva a lugares hermosos para degustar champiñones, jamón, berros, pan… Lo mejor del campo y la ciudad, lleno de colorido y pasión.

Convive con personas que siembran, con amantes de la naturaleza, con químicos que abandonan la profesión para agasajar a los tragones, con su enorme ser desparpajado, auténtico y sencillo.

Total que, como siempre, verlo es un placer. Ah, y ahora también tengo la opción de leer al novelista Lionel Duroy: escribe sobre la vida del actor francorruso.

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Estoy viendo una serie española: El Barco. Empecé a echarle ojo por recomendación, y resulta que estoy picadísima; o sea, que me tiene «de los cojones» (sentido figurado).

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Jalada de los pelos a más no poder, porque cada capítulo se convierte en una peripecia increíble, incluso que nadie nos diga dónde quedó la única niña, ¡que además es la hija del capitán! Pero me entretengo al mismo tiempo que río y lloro, lo segundo más que lo primero.

Les decía a algunas personas que es el primer programa actual (todos se suben al barco con celular en mano) en el que se privilegian el enamoramiento y el amor, no el sexo, ¡y eso que además de camarotes para dar y repartir, varios personajes están muuuy potables!

Eso del enamoramiento… Padre, ¿no? Se me remueven recuerdos y harto, hartísimo anhelo.

Bai de güey:

¿Sabían que ya se pueden usar los términos «wasap» y «wasapear» en español? ¿Y que no hay necesidad de usar comillas ni cursivas?

Así las cosas.