De panes y quelonios

La foto de la portada del libro Las penas con pan… y gel es harto colorida. Piezas rosa encendido en forma de telera o pambazo captaron su mirada. Azúcar rosada que hacía brillar la charola, y aún más porque sabía que cada pan estaba relleno de queso, el único lácteo imperdible, así de cabra, burra, vaca, oveja, búfala, yak o camella.

Dan ganas de meter la mano en el couché mate para pescar las migajas que quedaron solitarias a un lado, como cuando nos negamos a abandonar un pedacito de alma de cualquier manjar. Grandes espejos de luz para iluminar cada rincón de una de las tantas panaderías de Zacatlán de las Manzanas.

Boquiabiertos, atestiguamos la muelle presencia de almohadas, gusanos, picadas y conchas, pero ninguna forma ni presentación es tan atractiva como los caparazones de las tortugas rosas, quelonios que patearon, manotearon y blindaron sus cabezas dentro de su coraza, con el único propósito de permanecer añejas, separadas del mundo tech, del barullo digital y del frío, aunque cómodo y flexible Kindle, el lector de libros electrónicos de #yasabenquién.