Ni a las 7

Algo está pasando con la calidad de mi sueño, que solía ser buena. No me «repara», difícilmente alcanzo las 7 horas (6:15, 5:42, 6:31), y hoy de plano abrí el ojo a las 4 y cachito. ¡Es una mentada de madre!

Sin embargo, soy portadora de un cerebro alocado, latoso y mentecato. Se conecta con la realidad en cuestión de centésimas de segundo. Lo que para otros se traduce en mal humor, somnolencia, lentitud y por lo menos dos tazas de café, para mí es automático. Así que en la madrugada, cuando de plano no hay posibilidad de resolver gran cosa, empiezo a pensar en un futuro que no existe, pero que sí tortura.

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Así que colaboro (como diría un colombiano), me doy un relumbrón con la luz del celular y pongo un video en YouTube en el que leo SLEEP: You are your own universe, with your own ideas, your own creations. Inside you is a living soul that vibrates with the rest of your own galaxy.

Me encantaría que las ideas de mi universo no se colaran en mi sueño y que el alma que me habita vibrara un poquito más lento con el resto de mi galaxia.

Chale.

The Revenant

Blanco, frío, viento, copos, agua, nieve.

Sangre, fuego, balas, vísceras, muerte.

La fotografía es perfecta, equilibrada, digna del mejor lienzo; muestra de profunda sensibilidad y de la domesticación ocular. Casi todo es una pintura, casi todo se palpa; se transforma, todo, en desolación.

Los paisajes asombran, deslumbran, ahogan, reverberan.

La perseverancia mata, el dolor envuelve, la vida duele, el peligro acecha.

Pero salgo ilesa, ávida de saber cómo, por qué, para qué, hasta dónde: ¿Qué hay en la última mirada azul? Acaso miedo, tristeza, realidad, resignación: hasta ahí, el final de la lucha, con dos muertes a cuestas.

Hasta febrero.

 

 

 

 

¿Fatmaqué?

En uno de los episodios de la Pantera Rosa, mi caricatura favorita, al amigable félido se le cerraban los ojos a pesar de su esfuerzo por mantenerlos abiertos. Lo que voy a relatar me recordó los palillos que usaba para evitar dormirse.

pantera rosa

El lunes de esta semana nos lanzamos a visitar a una persona a quien le tengo mucho cariño; dejó su hogar, tapizado de vivencias, e hizo lo mismo con sus plantas, que cuidaba con pericia y devoción.

Hoy, Esperanza vive en Las Quintas, una casa de retiro en Cuernavaca. Nos sentamos a platicar en el sillón más grande de su pieza y me atacó el mismo mal que a la Pantera Rosa.

Sin duda hubo varios factores que conspiraron contra mi agudeza: no había dormido bien —últimamente mi sueño dista de ser reparador—, resentí la desmañanada, me envolvía un agradable calorcito y la plática nomás no movía mi ánimo.

¡Y que se suelta hablando sobre Fatmagül! (¿qué chin… es eso?); el relato se hacía interminable: que si los violadores, que si el anillo, que si Kerim no se la había echado al plato, que si la mamá de no sé quién, que si la boda, que si la manga del muerto.

Qué vergüenza, mi voluntad se hizo añicos durante el tiempo que lo intenté; por más esfuerzo que hice se me caían los párpados mientras veía a mi interlocutora; bajaban, obnubilados, cual carpa de circo inundada por un chaparrón. (¿No se dará cuenta de que me estoy cuajando?) De nada me servían los tristes segundos en los que desviaba su vista.

La tal Fatmagül —me enteré de que la dama, una tal Beren Saat, es una de las actrices mejor pagadas en la historia de Turquía— y sus peripecias me venían guangas; hubiera preferido hablar de los inquilinos de Las Quintas, máxime que estoy leyendo Being Mortal, un libro extraordinario escrito por Atul Gawande, un médico de origen indio que emigró a Estados Unidos.

Gawande

http://atulgawande.com/book/being-mortal/

El texto puede ser una aplanadora: muerte, enfermedad, vejez, deterioro, soledad, espacios donde además de cobrar millonadas se promueven reglas y límites para “cuidar” a los viejos, pero en general no se les escucha para saber si en realidad hay algo, por pequeño o absurdo que parezca —alimentar a un perro, escuchar el canto de los pájaros, convivir con niños, ir al cine ser escuchados por un familiar—,  que les dé una razón para seguir vivos.

Gawande es contundente, aunque su intención es mostrarnos la otra cara de la moneda: la existencia de los enfermos y los ancianos es significativa siempre y cuando se cuele un cachito de ilusión y se combatan el crudo ambiente de los asilos y la indiferencia de las casas de reposo.

En palabras de Atul Gawande:

“It’s been an experiment in social engineering, putting our fates in the hands of people valued more for their technical prowess than for their understanding of human needs”.

Cierto, Esperanza estaba ávida de compartirme el tortuoso sino de (la fulanita) Fatmagül.

Hasta la próxima.

Breaking Bad due to paella, wine and nutella

No es que lo sepa, la química y yo nunca hemos cohabitado, pero cuando pienso en partículas subatómicas me imagino fregaderitas para las que nunca hay descanso. Pues mi hermana es, tal cual, una partícula subatómica: un bosón, no el bolsón (por mi cabeza se desliza algo semejante a un gigantesco costal de papas) que cree ser.

—Fíjate que el fin de semana hice paella.
—Mmmmmmmm…
—No mmmm, me quedó muy salada, así que qué bueno que papá y tú no la probaron.
—Estoy segura de que me hubiera gustado; cocinas bien, Perrita, disfruto mucho de tu sazón. Es más, qué lástima que ahora que estuvimos allá hayas tenido la pésima idea de racionar la carne de hamburguesas: una por piocha, ¡no se vale! Y yo rogando que alguien no quisiera…
—Bueno, el asunto es que con esto de la paella me porté mal. Rompí mi dieta. No sé qué me pasa, llega un momento en que me dejo ir como hilo de media.
—Ay, bájale, desde que te vi en julio has cerrado el pico, no pasa nada si de repente fallas. Sería irreal que nos perdiéramos de ese mega placer.

Ojo: además de mi hermana y yo, sé que cuatro personas cercanas se esfuerzan por no formar parte de los “Siete de cada diez mexicanos que padecen de sobrepeso u obesidad”.

http://www.forbes.com.mx/obesidad-un-problema-de-5500-mdd-para-mexico/

—Pero es que me pasa algo, hija, sigo y sigo empacando, como barril sin fondo.
—¿¿¿Y??? A ver, qué te comiste.
—La paella lleva vino blanco; me serví una copita y otra y otra, reeeeelax, y total que acabé con él.
—Uy, ¡qué terrible! Debes haber subido como tres libras (1.3 kilos).
—La neta es que estaba muy a gusto viendo Breaking Bad y echándome mi alcoholín.
—Por eso, ¿qué más da?, ¿de qué te arrepientes (arrepiéntete y cree en el Evangelio)? ¡Te portaste bien toda la semana y no es que estés hecha un tonel!
—Pues tú ya pesas menos que yo.
Sooooooooo? El asunto tiene que ver con mi desoladora realidad: el paso del tiempo. Hoy, si como cosas cremosas y condimentadas me inflo como globo hasta sentir que malrespiro. Los años arrasan, güey, es de la tostada darte cuenta de que ya no puedes comer como antes, pero prefiero llevármela tranqui a necesitar desabrocharme lo que traiga para caer panza arriba sobre mi cama. Hasta te enseñé, ¡fácil cuatro meses de embarazo!
—Sí, caray. Pues ya te digo (frase que me remite al hermano mayor de mi padre y a mi abuela Pepa), estaba tan rico en mi casa, viendo mi serie con las perras, que hasta saqué el bote de nutella que acababa de comprar en el súper: a cucharadas, hija, en éxtasis.
—Hijo, a mí la nutella no me gusta, prefiero una latita de leche condensada.
—¿¿¿No???, ¡qué suerte!
—Bueno, le voy más a las frituras (Doros Nachos, Cheetos, Ruffles, Taquis…), cacahuates y todas esas porquerías que honran el mejor eslogan con el que me he topado: A que no puedes comer solo una. Si empiezo vale queso; tú prefieres lo dulce.
—La neta sí. Cómo habrá estado la cosa que llegó Pablo, yo con cara de #déjameenpazestoyviendomiserie, y me lanzó ésta:

—Is that the Nutella jar that you just bought?
—Oooooh noooo, I found one in the cupboard, it was almost empty.

—Ja ja ja, ¡mustia!
—Ja ja ja, qué descaro, ¿verdad?

Seguimos riéndonos como las hermanas de siempre, dándonos cuerda para disfrutar de la espontaneidad de una risa fresca y genuina.

—No manches, vas a tener que ir al súper para que tus hijos encuentren su nutella enterita.
—El gusto nadie me lo quita: botellita de vino blanco, picadaza con Breaking Bad y una cucharada tras otra de crema de avellana.
—¿Sabías que fue la sucesora de la Supercrema y ésta la versión moderna de la Pasta Gianduja de Pietro Ferrero?

https://en.wikipedia.org/wiki/Nutella

—No sé ni me importa, yo saboreo.
—Por cierto, ahora que las cosas están tan rudas, el peso arriba de la barrera de los 17 y la lana comprimiéndose, ¿qué tal si contratamos a un químico genio que quiera dejar de ser un muerto de hambre…?

Bai de güei:

Tengo una amiga china, no china de China sino de pelo chino, rizado. Dice que hay ciertas frases que provocan que se le alacie su abundante cabellera. Me sucede lo mismo con ciertas expresiones, nada más que a la inversa.

Por favor, olvídense de «me anda de la pipí» o «quiero hacer de la popó». Ya no se diga el nefasto «orinita vengo». ¡Madre santa!: basta con decir «voy a hacer pipí o popó».

Ah, el artículo que corresponde a la orina y al excremento en sus versiones pipí y popó es masculino: EL.

Hasta aquí mi escatológica conclusión.