El pasado en la tele

Ayer, gracias a que mi papá grabó rollos de película y los convirtió a CD, viajé en el tiempo 47 años y meses, 46, 43 y 42 vueltas al sol…

La mayoría de las personas que desfilaron frente a mí están muertas. Mi baúl se llenó de emociones: nostalgia, asombro, alegría, tristeza, coraje. Aunque prevaleció la saudade: familia que sonreía, madre contenta y juguetona, tíos paternos cercanos, sobre todo Teresa; Pancho y Pepa, férreo vínculo entre mi hermana y yo, viajes, casa de la infancia, Acapulco de los tíos Rafael y Lupe.

Mi papá y yo disfrutamos cada peli con los ojos encharcados. Dos escenas que se prendaron de mí: la boda religiosa de mis progenitores, que de no haber sido por ellos, más parecía un velorio. Mis piernas que colgaban, frágiles y sin forma, en un momento en el que mi padre me tenía cargada. A los dos años me operaron de luxación congénita de cadera.

¡Gracias, a quien corresponde, por recuperar esos momentos de vida y retrotraer piezas del rompecabezas que he armado con sangre, fluido que desde pequeña me advirtió que el trayecto sería sinuoso!

Sólo aire

Quise jalar aire y el aire dolía. Quise llenarme de aire y se atoraba en la telaraña de siempre. Quise ser aire y me convertí en agua.

Llegó el llanto, copioso; llanto sonoro que escuché, vi, toqué, olí y probé. Llanto vivido como estambre sin urdir.

Quise escurrir para recuperar mi aire. Hubo gemidos que soltaron las amarras, tragos de sal que deshilacharon la telaraña.

Lágrimas… lágrimas transparentes… empaparon mi dolor.

Quise jalar aire: respiré.

aire