Tomemos aire

Como desgranar una mazorca, poco a poco; con astucia, valor y certeza. Lo malo es que los granos de maíz vuelven a brotar, cada vez más desafiantes. Pero retan a una conciencia con chaleco antibalas, con probadas horas de vuelo y de percepción fina.

La sensación es de cansancio, y el sentimiento funde rabia, dolor y hartazgo. ¿Hablar? ¿Para decir qué? ¿Y ahora cómo?…

Las palabras se escupen con varios matices: a gritos, suaves, irónicas, conciliadoras, desesperadas, tristes, frustradas, temerosas, con interrogantes, asqueadas, envalentonadas, lacrimosas, potentes, y hasta al rojo vivo; literal, con lenguas de fuego que se queman en el pecho para salir airosas, porque nunca fueron titubeantes ni huidizas, y siempre, ¡siempre han puesto la verdad! ―así rechinen alma y cuerpo― sobre la mesa, aunque esta se pandee o se defienda con vidrios punzantes.

¡Como si una persona pudiera jactarse de modificar y negar la realidad de otras! Eso pasa en la literatura ―Augusto Pérez, el protagonista de la única Nivola que conozco, pone a don Miguel de Unamuno contra la pared―, en el cine, en el teatro, en la pintura, en la danza, ¡en el acto creativo! No es el caso. Chamuscada en el infierno, pero muerta con mi verdad cosida a cada poro de mi piel.

Y de falsas disculpas… ¡nada!

*Nótese que en este texto me valgo de palabras que por lo general intento evitar: nunca, siempre, nada.

Apnea

Bajar, bajar y seguir bajando. Rodeada de agua, sumergida en mi abismo favorito a pulmón libre. Pensar sólo en la sensación de mi cuerpo a más de 40 metros de profundidad. El silencio y los sonidos del mar. El movimiento sutil de criaturas insospechadas. Un sueño que no será.

Cachos de pasado

En 2009 atravesé una mega crisis. Pensé que no la brincaba, porque me invadía esta sensación:

Huele a muerte. Por mi sangre corre un torrente de cenizas.

Huele a muerte. Sazonada con los ingredientes más podridos.

Estridente… Cualquiera que sea el círculo, éste es el Infierno. El tren tiene casi 15 carros más y se topó, de frente, con las llamas del infierno más frío, atroz, insoportable, desolador. La madre es una herida. El padre otra, profundas. Y el “retoño” está en el Infierno, el de todos y el de nadie.

Fin de noviembre.