Descubierta, tentada, sentida, sobada, palpada, apachurrada, acariciada, ¡besada!, y, con todo, respetada. Ha sido libre para acomodarse, respirar, hacerse presente (o no), descansar, crecer (o no), dar lata (o no), llamar mi atención, guardar silencio, aburrirse, irritarse (quizá).
Aunque vive, destacan más de 10 años de mesura y sigilo.
«Hay que ponerle nombre y apellidos» —dijo: fibromixoide, se llama.
¿Despertó?, ¿desperté? ¿O acaso despertamos porque a lo que no nos pertenece (gran parte de lo que nos rodea) hay que abrirle la puerta, darle salida y decir adiós?
Una simbiosis, aunque aún ignoro en qué grado echó raíces y aprovechó para sacarle jugo a la región tibial de mi pantorrilla derecha. Sin duda, ha tenido en vilo a esta mente acostumbrada a obsesionarse y a dar cuchilladas en su muy husmeada paz interior.
Vamos a tener que separarnos, pero ojalá sea con la sutileza con la que se internó entre piel, tejido celular, músculo y demás estructuras anatómicas…
¿Hasta nunca y ahí muere? Santas pascuas, tú a lo tuyo y yo a lo mío; lo anterior con la conciencia de que escribe otro capítulo entre mis pasos.
https://en.ac-illust.com/clip-art/23483876/calf-muscle-illustration-material-12 (imagen)