La BoLa

Descubierta, tentada, sentida, sobada, palpada, apachurrada, acariciada, ¡besada!, y, con todo, respetada. Ha sido libre para acomodarse, respirar, hacerse presente (o no), descansar, crecer (o no), dar lata (o no), llamar mi atención, guardar silencio, aburrirse, irritarse (quizá).

Aunque vive, destacan más de 10 años de mesura y sigilo.

«Hay que ponerle nombre y apellidos» —dijo: fibromixoide, se llama.

¿Despertó?, ¿desperté? ¿O acaso despertamos porque a lo que no nos pertenece (gran parte de lo que nos rodea) hay que abrirle la puerta, darle salida y decir adiós?

Una simbiosis, aunque aún ignoro en qué grado echó raíces y aprovechó para sacarle jugo a la región tibial de mi pantorrilla derecha. Sin duda, ha tenido en vilo a esta mente acostumbrada a obsesionarse y a dar cuchilladas en su muy husmeada paz interior.

Vamos a tener que separarnos, pero ojalá sea con la sutileza con la que se internó entre piel, tejido celular, músculo y demás estructuras anatómicas…

¿Hasta nunca y ahí muere? Santas pascuas, tú a lo tuyo y yo a lo mío; lo anterior con la conciencia de que escribe otro capítulo entre mis pasos.

https://en.ac-illust.com/clip-art/23483876/calf-muscle-illustration-material-12 (imagen)

Libro mundo

Mi «taller» de lectura está hecho de retazos de letras, de fragmentos cuyos mensajes se parecen a nuestra vida: a lo que nos sucede un día, a lo que sentimos otro, a lo que lloramos de vez en vez, a lo que callamos con frecuencia, a lo que tememos por costumbre.

En ese pequeño círculo, donde solo somos personas, se puede hablar ―si se quiere― del miedo, la angustia, la inseguridad, la añoranza, la ilusión, los deseos, el fingimiento (máscaras protectoras), la frescura, el amor, el dolor…

Nada más hay que exprimir el texto; hay que sacarle jugo a cada idea concatenada con palabras; hay que sentir e interpretar desde nuestros pozos, que siendo distantes y disímiles, se tocan en el vértice donde concurre nuestra humanidad.

Gracias a Juventud, Luz y Esperanza, gracias a Ellos, he releído algunos de mis libros más entrañables, llenos de historia, de momentos, de lugares, de recuerdos y de tiempo ido, que recuperamos en hojas con marcas, subrayados, comentarios al margen y restos de memoria.

Raro…

Sí, José Alfredo, es un mundo raro. Quieres, pero te da miedo. Siempre lo deseaste y, como autómata, cierras el libro antes de leer la primera línea. Portazo a sentir, a vibrar, a crecer, ¡a vivir! Como un candado sin llave, una lancha sin remos, un helado sin cereza, una particella sin intérprete, un filósofo sin ideas y una zebra sin rayas.

Ese mundo raro salía del diafragma de Chavela, ronco y multiplicado por días, horas, minutos y segundos: raros.