El cielo de todos

Hace añicos que mi padre nos enseñó a mirar el cielo, sobre todo cuando nacía un bello celaje. Nuestros ojos absorbían tonos lila, anaranjado, azul, amarillo, gris y rojo.

Celaje
Ambas nos asomábamos al cielo con anteojos de fondo de botella, pero lo que alcanzábamos, mucho o poco, era sobrecogedor, como sobrecogedora fue la salida del puerto de Estambul y los varios paisajes, matutinos y vespertinos, que nos ofrecieron la travesía y las correrías en tierra.

Santa Sofía, majestuosa
Santa Sofía, majestuosa

El cielo se vestía de mar y el mar de cielo, una ilusión óptica que cimbra igual que una puesta de sol o un límpido amanecer.

¡Y ese protagonismo de las nubes!, fijas o caminantes, pintadas o lechosas, solemnes o juguetonas, oscuras o deslumbrantes, melindrosas o desparpajadas.

barco y lluvia
Solemnes…
Yates
Lechosas y juguetonas
cielo azul
Fijas…

Como sea, cielo y nubes ostentan poder, al blandir su cetro se regocijan los animales, se sumergen las hormigas, se desbordan los ríos, crecen las plantas, los lienzos vírgenes quedan estampados, desaparecen el sol y la luna, y a los más vulnerables nos acechan las lágrimas o nos sonríen los labios.

Hasta la próxima.

El Pescadito

El 26 de abril del año pasado —apenas estamos a 2 de enero, pero el 14 quedó atrás— reencontré a una persona a quien a lo largo de muchos años consideré mi amiga. En ese momento resultó maravilloso, como si no hubieran pasado 10 años.

—¿Se te antoja en La Buena Tierra o prefieres unos ricos tacos de camarón y marlin?
—Tacos —respondí sin dudar.
—¿Empezamos a buena hora? Ahí la colaboración está desde temprano.

Acto seguido recibí un mensaje: colaboración = cola.

Caray, ¿pues de qué se trataba? Si algo me molesta es hacer colas. De El Pescadito, en la Condesa.

Llegué poco antes de las 2 y me formé en la colaboración. Bastó con observar la cara de placer de los congregados para que la fila pasara a otro plano. Debía valer la pena.

Había tres cuates que abrían la boca cual leones en embestida para hincarle el diente al taco. Por supuesto, acompañado de una chela.

Como me acercaba peligrosamente a donde tenía que hacer mi pedido y aún no llegaba mi amiga le dije al chavo de atrás que pasara. Respondió que no me preocupara, que todavía faltaba. De repente me abordó, escuché algo así como:

—Qué, ¿ya traes tu tattoo?
Puse cara de idiota, no supe si había oído bien, vaya, ni siquiera me había caído el veinte de lo que dijo.
—¿Perdón?
Lo repitió. Claro que ya me había percatado de que muchas personas traían tatuajes. Es más, la encargada del trajín, una mujer muy amable, ostentaba tattoos por lo menos en el brazo izquierdo.
—No, estoy tapada porque me acaban de detectar un cancercito de piel y me puse muy paranoica, así que no quiero ni ver los rayos del sol. Ja ja, ha de haber pensado que estaba zafada.
Seguí con mi análisis. ¿Qué pediría?: Quesotote, Tacochango, de camarón, de marlin, de chile relleno de queso con no sé qué… ¡Qué atascón! Bien pendiente, porque era mi primera vez y el resto de la gente dominaba el tejemaneje.

Ahí estaba la grasa hirviente, a borbotones, donde nadaban los chiles rellenos bien rebozaditos. Encima les ponían un toque de lo que imaginé eran camarones, también rebozados y pasados por grasa.

—Ay, güey —pensé—, por más que se vea delicioso no voy a comer algo taaan grasoso.
—¿Ya tienes mesa? —me preguntaban.
—No.
—¿Ya tienes mesa?
—No.
—¿Ya tienes mesa?
—¡No!

Lo que es ser neófito. En mi mesa ya descansaba una Negra Modelo y yo seguía esperando. La buena noticia es que llegó la Gordi y me sacó de la nebulosa.

Nos dieron nuestros tacos en friega. Antes de sentarnos pasamos por una barra donde había ensalada de col, cebolla, jitomate, salsas de todos colores y picores… No me dio tiempo para ver qué más, a todos les urgía sentarse y empacar.

Me gustó, decidí que volvería a El Pescadito. Cierro con el gran Fuentes Mares:

Resorte primario del arte de comer y beber, la gula es virtud que no sólo alegra y reconforta sino que vuelve tolerable la inminencia de la muerte.

2015

Nos regala oportunidades, retos y, si todo va bien, otra vuelta de la Tierra alrededor del Sol.

Esta imagen me gustó y se las comparto.

365_días_2

http://angusandphil.tripod.com/page28.html

Es tan simple como la posibilidad de tener más tiempo y de hacernos conscientes de él.

Cuando éramos niñas, y luego adolescentes, mi papá solía leernos el 1° de enero, de G.K. Chesterton. Invariablemente poníamos cara de what, de ¿oootra vez? Y, por lo menos en mi caso, escuchaba con oídos que divagaban, que perdían el hilo para recorrer otros mundos.

Hoy lo cito, hoy miro la belleza de sus palabras, hoy, primer día del año, decido inocularles parte de la mirada del escritor y periodista británico:

«El objetivo de un Año Nuevo nada tiene que ver con que debiéramos tener un Año Nuevo. Consiste en que deberíamos tener una nueva alma y una nueva nariz, una nueva columna vertebral, orejas nuevas y ojos nuevos […]. El objeto de las definiciones frías y duras del tiempo […] es para despertar a la gente […] Hagamos propósitos de Año Nuevo, pero no solo buenos propósitos. También propósitos que nos hagan darnos cuenta de que tenemos pies y agradecerles (con una cortés reverencia) el que nos lleven cargando».