La recuperación de una tendinitis de Quervain en la casa de mi infancia, además de recuerdos, sustento, ayuda y compañía, me asegura hartos distractores. Echen ojo:
Entre 8 y 8:30:
—Fer, vamos a desayunar.
Entre 9 y 10:30, Fer lee el periódico en compañía de Chave, Paula, El Bisa y Rafi. Momento de comentar el punto, tomar café y besar a la escuincla.
A las 12 horas:
—¡Hora de la colacióoooooooooon! (Chale)
A las 14:30:
—A comeeeeeeeeeeeer. (Mmmmm, ¡qué antojo!)
Y cuando aún no terminaba la Euro…
—Vente a ver el fut. (Chido)
A las 18:
—La colacióoooooooooon! (Pos a ver qué me trago)
A las 20:30:
—A cenaaaaaaaaar. (Uta, mi comida predilecta. ¿Qué habrá? Qué bueno que me lo preparan y es a la carta, porque si no… venga un atún)
Entre las 22 y las 22:30:
—Vamos a ver Primer plano.
O
—¿López Dóriga? (Somnífero de güey. Insufrible. La misma mielda. Pinche Televisa. Invariablemente se me cierran los ojitos)
Total, que así me las he gastado durante más de un mes. Mi megacíclico estado de ánimo es otro tema.
Ah, si me sobra tiempo leo o intento pasar el nivel 105 de Soda Crush (méndigos ositos).

Ciao.