Soulmates

―¡Está haciendo un calor infernal, Maru! Para mí, arriba de 25, resulta insoportable.

―Ay, Cuca, ha de ser que estás en tu octavo mes de embarazo, porque para mí es delicioso. En el tenis sudo rico; cuando me subo a la camioneta, que está como para pelar pollos, apago el aire acondicionado y hago un bañito de vapor; me pongo mis vestidos italianos, sueltos y vaporosos; uso todas mis alpargatas españolas; a veces aprovecho para chacotear y echarme un martini en la alberca del club; como ensaladas y mariscos y también tomo mucha agua. Total, que disfruto el calorcito. Y en la noche ni cuenta, ¿eh? Después de que Adelina nos da de cenar y de que Daniel y Adriana se encierran en sus cuartos, yo prendo el aire acondicionado. Es la gloria… Y, mira, para cerrar con broche de oro, aunque Jorge se hace el gran lector, le cuento mi día de pe a pa. Me emociona ver que me escucha y saca las antenas mientras lee un libro que se llama Soulmates. Porque has de saber, Cuquita, que somos almas gemelas; desde que nos encontramos, hace 18 años, en el «crucero del amor», supe que era mi media naranja. En fin, querida, te dejo porque tengo que hacer el súper. ¡Uy!, a todo esto, ¿cómo vas con los preparativos para la llegada de Julita?

Cuca había enrojecido, de calor y de rabia. Sudaba la gota gorda, y cada gota iba a dar en el reservorio de Julita.

Cool

Jorge, ya empiyamado, intentaba leer Soulmates, pero Maru era una tarabilla.

―Ya te habías ido, amor, pero mi despertar fue sensacional. Es más, si me apuras te diría que me sentía flotar. ¡Mi ánimo era inmejorable! ¡Gracias a Dios!

Fui a despertar a los niños; como siempre, frescos y hermosos. Adelina les dio de desayunar y yo me arreglé para ir al tenis. Me tocó hacer pareja con Silvia, pero ay, pobrecita, me dijo que a Pancho no le está yendo bien en el trabajo, que Daniel anda muy rebelde, Adriana muy como… urgidita, y que ella va a tener que ir al médico porque sospecha que tiene quistes en los ovarios. Y yo callada, intentando enganchar mis mejores golpes a pesar de la negatividad de mi compañera. ¿Por qué pensar precisamente en eso cuando el día estaba tan lucidor? Lindo, mi amor, los árboles frondosos, las plantas bien regaditas, las flores resplandecientes, el recogebolas una ternurita…

―Ajá…

―Después del ejercicio comí rico en casa de mi mami. ¡Imagínate, me hizo las albóndigas con frijoles que me encantaban cuando era chiquita! Y de postre, ¡adivina! ¡Ta – pio – ca!

―¿Y tus hijos?

―Ay, Jorge, se quedaron a entrenar en la escuela. Pero deja te cuento que fui al baby shower de Cuca. Padre, ¿eh?, todas nos queremos tanto… Ay, y qué te digo del bebé de Lourdes, me tenía con la baba caída. ¡Divino, una mo – na – da! Mira, es rechonchito ―con decirte que se le hacen rayitas en los brazos y en las piernas―, más bien apiñonado, cuando se ríe se le hacen hoyitos en los cachetes… ¡un encanto! Me enamoré del rulo que le cae en la frente. Dice Lourdes que no le gusta, pero que no quiere decírselo a Panchita para que no se sienta. A mí me chifló, es el toque de distinción del chiquillo.

―Maru, estoy intentando leer.

―Eres un aguafiestas, Jorge.

―Oye, ¿y no te faltó el aire en el juego? Estaba muy contaminado.

―¿Contaminado? Esplendoroso, Jorge, así lo vi yo. Y no sé tú, pero yo, a todo dar.