Soulmates

―¡Está haciendo un calor infernal, Maru! Para mí, arriba de 25, resulta insoportable.

―Ay, Cuca, ha de ser que estás en tu octavo mes de embarazo, porque para mí es delicioso. En el tenis sudo rico; cuando me subo a la camioneta, que está como para pelar pollos, apago el aire acondicionado y hago un bañito de vapor; me pongo mis vestidos italianos, sueltos y vaporosos; uso todas mis alpargatas españolas; a veces aprovecho para chacotear y echarme un martini en la alberca del club; como ensaladas y mariscos y también tomo mucha agua. Total, que disfruto el calorcito. Y en la noche ni cuenta, ¿eh? Después de que Adelina nos da de cenar y de que Daniel y Adriana se encierran en sus cuartos, yo prendo el aire acondicionado. Es la gloria… Y, mira, para cerrar con broche de oro, aunque Jorge se hace el gran lector, le cuento mi día de pe a pa. Me emociona ver que me escucha y saca las antenas mientras lee un libro que se llama Soulmates. Porque has de saber, Cuquita, que somos almas gemelas; desde que nos encontramos, hace 18 años, en el «crucero del amor», supe que era mi media naranja. En fin, querida, te dejo porque tengo que hacer el súper. ¡Uy!, a todo esto, ¿cómo vas con los preparativos para la llegada de Julita?

Cuca había enrojecido, de calor y de rabia. Sudaba la gota gorda, y cada gota iba a dar en el reservorio de Julita.

Mercadotecnia pura

Tavo era un cuarentón obsesivo y desaliñado, aquejado por una severa adicción: bebía 2.5 litros de leche todos los días, cosa que implicaba poner a remojar sus copiosas barbas semiplateadas en un líquido ya blancuzco.

Cuando era niño, más de cuatro décadas atrás, acompañaba a su mamá a hacer la compra; además de que en ese entonces su bebida predilecta sabía distinto, sólo recodaba tres marcas: Alpura, Boreal y Lala. Se envasaban en Tetra Pak, y había que consumir el fluido con cierta celeridad para que no se echara a perder.

De chavalillo saboreaba, con la lengua pastosa y los ojos en blanco, un líquido sápido y con cuerpo —ahora es más bien aguado— que lo transportaba a la vaquería “La Chula”, propiedad de sus abuelos en el estado de Hidalgo. El abuelo Jacinto le contaba que don Teodosio, su padre, había repartido leche montado en un burro que se llamaba Narciso. ¡Qué recuerdos! Un día Narciso quiso montar a una burrita pizpireta que tenía la cola chamuscada. Lo malo es que lo había hecho con el bisabuelo encima, peripecia que puso punto final a su gozosa historia láctea.

Gustavo vivía solo y su obsesión; por supuesto, parte de sus quehaceres, además de vender su trabajo como encuadernador y de devorar páginas porno en internet, consistía en hacer el súper. Era un verdadero suplicio pararse frente a los anaqueles de un pasillo completo y observar la diversidad lechosa, similar a la diversidad sexual, que hoy suma a sus siglas LGBT las letras TTIQA.

Ahora no sólo se indica que el líquido es “100% de vaca” y se omite la leyenda “hace nata”, sino que se tienen en la mira una bola de presentaciones y marcas que señalan que la leche es deslactosada, light, deslactosada light, orgánica, baja en grasa (¿equivalente a light y semidescremada?), sin hormona STBr —se la inyectan a las vacas para que produzcan más leche—, kosher, con 70% + proteína y 30% + calcio, especial para mujeres, de sabores, soya, almendra, en polvo, coco, ¡entera!

Total, que Tavo se volvía loco mientras se mesaba las barbas, hasta el punto de arrancarse unos cuantos pelos o de hacerse churritos con el dedo índice… ¿Qué pasaría si tomaba una Alpura Mujer, o una Lala Salud-para-toda-la-familia, o una Alpura Kids, o una Siluette? Podía, sencillamente, meter la Alpura 40 y tantos en el carrito, pero en ese instante se le llenaba la cabeza de la leche bronca que con gran tino le daba Jacinto cuando pasaba las vacaciones en la vaquería.

Si se quería llegar al colmo del absurdo, Tavo buscaría la manera de toparse con algún representante del gremio lechero para hacerle algunas recomendaciones de bebidas lácteas que no podían faltar en los estantes de las tiendas: leche para ancianos desdentados (con mucho calcio), para mujeres con SDPM, para obesos en franco deterioro (Lala Fatso), para bebés gasificados, para hombres «andropáusicos», para mirreyes con acumulación de crudas (resacas), para adultos en plenitud con dentaduras postizas, para mujeres sin intención de concebir, y hasta para motorolos bebedores de leche de vaca californiana alimentada con cierta hierba.

Hasta pronto.

Breaking Bad due to paella, wine and nutella

No es que lo sepa, la química y yo nunca hemos cohabitado, pero cuando pienso en partículas subatómicas me imagino fregaderitas para las que nunca hay descanso. Pues mi hermana es, tal cual, una partícula subatómica: un bosón, no el bolsón (por mi cabeza se desliza algo semejante a un gigantesco costal de papas) que cree ser.

—Fíjate que el fin de semana hice paella.
—Mmmmmmmm…
—No mmmm, me quedó muy salada, así que qué bueno que papá y tú no la probaron.
—Estoy segura de que me hubiera gustado; cocinas bien, Perrita, disfruto mucho de tu sazón. Es más, qué lástima que ahora que estuvimos allá hayas tenido la pésima idea de racionar la carne de hamburguesas: una por piocha, ¡no se vale! Y yo rogando que alguien no quisiera…
—Bueno, el asunto es que con esto de la paella me porté mal. Rompí mi dieta. No sé qué me pasa, llega un momento en que me dejo ir como hilo de media.
—Ay, bájale, desde que te vi en julio has cerrado el pico, no pasa nada si de repente fallas. Sería irreal que nos perdiéramos de ese mega placer.

Ojo: además de mi hermana y yo, sé que cuatro personas cercanas se esfuerzan por no formar parte de los “Siete de cada diez mexicanos que padecen de sobrepeso u obesidad”.

http://www.forbes.com.mx/obesidad-un-problema-de-5500-mdd-para-mexico/

—Pero es que me pasa algo, hija, sigo y sigo empacando, como barril sin fondo.
—¿¿¿Y??? A ver, qué te comiste.
—La paella lleva vino blanco; me serví una copita y otra y otra, reeeeelax, y total que acabé con él.
—Uy, ¡qué terrible! Debes haber subido como tres libras (1.3 kilos).
—La neta es que estaba muy a gusto viendo Breaking Bad y echándome mi alcoholín.
—Por eso, ¿qué más da?, ¿de qué te arrepientes (arrepiéntete y cree en el Evangelio)? ¡Te portaste bien toda la semana y no es que estés hecha un tonel!
—Pues tú ya pesas menos que yo.
Sooooooooo? El asunto tiene que ver con mi desoladora realidad: el paso del tiempo. Hoy, si como cosas cremosas y condimentadas me inflo como globo hasta sentir que malrespiro. Los años arrasan, güey, es de la tostada darte cuenta de que ya no puedes comer como antes, pero prefiero llevármela tranqui a necesitar desabrocharme lo que traiga para caer panza arriba sobre mi cama. Hasta te enseñé, ¡fácil cuatro meses de embarazo!
—Sí, caray. Pues ya te digo (frase que me remite al hermano mayor de mi padre y a mi abuela Pepa), estaba tan rico en mi casa, viendo mi serie con las perras, que hasta saqué el bote de nutella que acababa de comprar en el súper: a cucharadas, hija, en éxtasis.
—Hijo, a mí la nutella no me gusta, prefiero una latita de leche condensada.
—¿¿¿No???, ¡qué suerte!
—Bueno, le voy más a las frituras (Doros Nachos, Cheetos, Ruffles, Taquis…), cacahuates y todas esas porquerías que honran el mejor eslogan con el que me he topado: A que no puedes comer solo una. Si empiezo vale queso; tú prefieres lo dulce.
—La neta sí. Cómo habrá estado la cosa que llegó Pablo, yo con cara de #déjameenpazestoyviendomiserie, y me lanzó ésta:

—Is that the Nutella jar that you just bought?
—Oooooh noooo, I found one in the cupboard, it was almost empty.

—Ja ja ja, ¡mustia!
—Ja ja ja, qué descaro, ¿verdad?

Seguimos riéndonos como las hermanas de siempre, dándonos cuerda para disfrutar de la espontaneidad de una risa fresca y genuina.

—No manches, vas a tener que ir al súper para que tus hijos encuentren su nutella enterita.
—El gusto nadie me lo quita: botellita de vino blanco, picadaza con Breaking Bad y una cucharada tras otra de crema de avellana.
—¿Sabías que fue la sucesora de la Supercrema y ésta la versión moderna de la Pasta Gianduja de Pietro Ferrero?

https://en.wikipedia.org/wiki/Nutella

—No sé ni me importa, yo saboreo.
—Por cierto, ahora que las cosas están tan rudas, el peso arriba de la barrera de los 17 y la lana comprimiéndose, ¿qué tal si contratamos a un químico genio que quiera dejar de ser un muerto de hambre…?

Bai de güei:

Tengo una amiga china, no china de China sino de pelo chino, rizado. Dice que hay ciertas frases que provocan que se le alacie su abundante cabellera. Me sucede lo mismo con ciertas expresiones, nada más que a la inversa.

Por favor, olvídense de «me anda de la pipí» o «quiero hacer de la popó». Ya no se diga el nefasto «orinita vengo». ¡Madre santa!: basta con decir «voy a hacer pipí o popó».

Ah, el artículo que corresponde a la orina y al excremento en sus versiones pipí y popó es masculino: EL.

Hasta aquí mi escatológica conclusión.

Agradecimiento

Gracias por el techo, por el cobijo, por el resguardo, por la protección; gracias por ser mi refugio durante diez años: refugio hermoso, pequeño, colorido, silencioso, amable, casi siempre iluminado por soles matutinos y vespertinos.

luz de sol

Aquí, en este cuarto piso, más imaginarios que reales, me acompañaron mi hermana y mis sobrinos, mi padre, mamá —enramada en albahaca que empieza a tirar sus hojas a causa de una entrometida plaga blancuzca—, e incluso mis queridos tíos Malis y Maruca.

También la cama, mesa, sillas y flores Van Gogh; la doble cara de Remedios Varo y su Mujer saliendo del psicoanalista, el macetón de barro con las sangrantes flores de Teresa.

Permití que entraran muy pocas personas: elegidas. Las hice parte del mundo que me aisló del zumbido del Distrito Federal —¿próxima Ciudad de México?— y de la inacabada amenaza externa.

Aquí, una vez cerrada la pesada puerta, he sido yo, despojada de máscaras, desnuda, capaz de respirar mi aire y no el de quienes forzosamente veo todos los días.

Puerta Sasso

Un verdadero hogar, suave, sin exabruptos de vecinos complicados, sin chillidos, escándalos ni faltas de respeto. Cuatro pisos diarios de escaleras para encontrar mi paz —montaña cuando cargo las bolsas del súper en un solo viaje— y resguardar mi corazón.

Gracias pues, Giovanni Sassoferrato —por si no saben, fue un pintor italiano del XVII—, por algodonar mis miedos, atestiguar mis alegrías, acompañar mi amor y mis logros durante poco más de 3,650 días.

Sassoferrato

Hasta pronto.

Aldeanos poco rústicos

Es un hecho que en tratándose de tecnología, mi hermana y yo (Las Perritas) no estamos “En Belén con los pastores”.* Ella trabaja en una compañía de renombre mundial en Silicon Valley y yo me defiendo como gato boca arriba, a veces cual perro en periférico, en esta sociedad de la información.

Pastorcitos de Belén
Pastorcitos de Belén

¿Se imaginan la sorpresa de nuestros abuelos y bisabuelos ante la velocidad con la que nos enteramos de cuanto acontece en la Galaxia? ¿Qué pasaría si se sumergieran en el universo digital?

El saber se ha vuelto omnipresente para quienes podemos acceder a él. Mi abuela podría asomarse a los mejores museos del mundo y disfrutar de las obras de arte más significativas del orbe; ¡dio clases de Historia del Arte y nunca puso una chancla fuera de México!

A mi mediana edad, jamás hubiera sospechado que a los virtuosos de los videojuegos se les compararía con los grandes deportistas y con las estrellitas de Hollywood. Durante mi infancia, cuando mi paraíso era la calle —bicicleta, patines, carreras, béisbol y hasta venta de chuchulucos—, estaba a años luz de pensar en que se crearían la World Series of Video Games, la World Cyber Games o la Major League Gaming.

http://www.majorleaguegaming.com/

Mi prioridad era salir a jugar, convivir con mis vecinos, rasparme las rodillas, ensuciarme, cargar una que otra bolsa de súper en el manubrio de mi bicla y organizar competencias callejeras sin la menor conciencia de necesitar un casco.

Hace poco vi a mi adorado sobrino sentado frente a una gigantesca pantalla plana, arrellanado en un sillón blanco, frazada de los Broncos de Denver, control en mano y unos audífonos con antena, como si estuviera en la torre de control de un aeropuerto.

—Qué hace, ¿eh?
—Está jugando con sus amigos.
—No manches, ¡parece Ciro Peraloca! Y pensar en que lo que se buscaba antes eran la convivencia y el tête à tête con seres de carne y hueso.
—Ay, hija, pues ya valió gorro, ahora cada vez que cumple con sus chores le doy permiso de conectarse, eso es igual a lost kid.
—Pos ni hablar, adiós al encanto de la calle y bienvenida la realidad virtual.

ciro

La información es vertiginosa, conquistamos las noticias en instantes, así sucedan en Kenia, en los Alpes Franceses o en Saugus, un pueblo rabón en el estado de Massachusetts.

Saugus, MA
Saugus, MA

¿Recuerdan cuando pasaban semanas para que recibiéramos una carta? ¡Con cuánta ilusión la esperábamos! Los correos electrónicos y la mensajería instantánea han provocado que el oficio de cartero esté démodé; le quedan bocanadas que se reparten en estados de cuenta y en suscripciones a periódicos y revistas que también podemos leer en teléfonos celulares y tabletas.

Sin embargo, a pesar de los avances, los contrastes siguen acechándonos. Esta Semana Santa me lancé con unas amigas a Amatlán de Quetzalcóatl. Para mi sorpresa, vi pasar una camionetita destartalada con un altavoz en el techo. Me encantó escuchar que daba vueltas para venderles información a los lugareños: “A diez pesos la noticia, a diez, entérese del brujo al que mataron con un rifle y se convirtió en nahual en Tepoztlán. La noticia a diez, a diez pesos la historia del nahual de Tepoztlán…».

NAHUAL

Tenemos la idea de que un nahual es un hechicero, una persona que puede transformarse en animal o en algún elemento de la naturaleza. Busqué el término en el Diccionario de mexicanismos y encontré lo siguiente: «Fue el espanto de los campesinos de Nueva España, a quienes hurtaban gallinas, guajolotes o mazorcas de maíz. La imaginación popular los representaba bajo figuras espantosas y extravagantes».

Acá seguimos, en la Aldea Global.

Pido ser la vaca
Pido ser la vaca

 *Dicho que le robé a doña I, pareja de mi papá, por parecerme la frase que mejor describe a quienes «están (o viven) en la nube».

Até logo.