De expectativas y cosas peores

Tener expectativas es parte de vivir; como querer ser la líder encestadora cuando se juega baloncesto, o como dar una clase y conseguir que los alumnos presten atención, aunque los tiente el poderío de las pantallas, es decir, del mundo virtual, donde «soy mejor» mientras más «amigos», likes y seguidores tenga.

La cosa se pone ruda cuando la expectativa, si sucede que uno va a psicoterapia, consiste en abrir la puerta un día cualquiera y descubrir que todo es como no era, que dejaste de ser tú, que te sacudiste la pesada carga genética, que tus neuronas y neurotransmisores se confabularon para dotarte de dopamina original (adiós a la pirata), que dejaste atrás miedos, inseguridades, tristezas, decepciones y complejos. O sea que, de acuerdo con esa ilusión, al accionar la manija para pasar del otro lado estaríamos borrando nuestra historia con un punto final inexistente.

Sentí angustia cuando entendí que por ahí no iba la cosa; lloré, pero hubiera querido hacer un berrinchazo. Cuando llegó la realidad, lista para acribillar la expectativa, constaté que nada sería distinto, aunque también reparé en que de lo que se trataba era de que yo me fuera haciendo de herramientas para lidiar con una puerta que, independientemente de estar abierta o cerrada, me permitiera moverme en un espacio edificado y matizado por mí, sin necesidad de patear mi recorrido.

Y llegó la pregunta: ¿si una lagartija se somete a tratamiento psicoterapéutico, qué sale del consultorio cuando toma la decisión de irse?

Ojo, estimados lectores, veremos salir a la misma lagartiga, nomás que «terapeada». Se va cargando su morral, quizá menos pesado que cuando llegó, en la negación más absoluta, con su sombrerito, lentes Ray-Ban espejados, gabardina negra y cigarro apagado entre los dientes.

Aldeanos poco rústicos

Es un hecho que en tratándose de tecnología, mi hermana y yo (Las Perritas) no estamos “En Belén con los pastores”.* Ella trabaja en una compañía de renombre mundial en Silicon Valley y yo me defiendo como gato boca arriba, a veces cual perro en periférico, en esta sociedad de la información.

Pastorcitos de Belén
Pastorcitos de Belén

¿Se imaginan la sorpresa de nuestros abuelos y bisabuelos ante la velocidad con la que nos enteramos de cuanto acontece en la Galaxia? ¿Qué pasaría si se sumergieran en el universo digital?

El saber se ha vuelto omnipresente para quienes podemos acceder a él. Mi abuela podría asomarse a los mejores museos del mundo y disfrutar de las obras de arte más significativas del orbe; ¡dio clases de Historia del Arte y nunca puso una chancla fuera de México!

A mi mediana edad, jamás hubiera sospechado que a los virtuosos de los videojuegos se les compararía con los grandes deportistas y con las estrellitas de Hollywood. Durante mi infancia, cuando mi paraíso era la calle —bicicleta, patines, carreras, béisbol y hasta venta de chuchulucos—, estaba a años luz de pensar en que se crearían la World Series of Video Games, la World Cyber Games o la Major League Gaming.

http://www.majorleaguegaming.com/

Mi prioridad era salir a jugar, convivir con mis vecinos, rasparme las rodillas, ensuciarme, cargar una que otra bolsa de súper en el manubrio de mi bicla y organizar competencias callejeras sin la menor conciencia de necesitar un casco.

Hace poco vi a mi adorado sobrino sentado frente a una gigantesca pantalla plana, arrellanado en un sillón blanco, frazada de los Broncos de Denver, control en mano y unos audífonos con antena, como si estuviera en la torre de control de un aeropuerto.

—Qué hace, ¿eh?
—Está jugando con sus amigos.
—No manches, ¡parece Ciro Peraloca! Y pensar en que lo que se buscaba antes eran la convivencia y el tête à tête con seres de carne y hueso.
—Ay, hija, pues ya valió gorro, ahora cada vez que cumple con sus chores le doy permiso de conectarse, eso es igual a lost kid.
—Pos ni hablar, adiós al encanto de la calle y bienvenida la realidad virtual.

ciro

La información es vertiginosa, conquistamos las noticias en instantes, así sucedan en Kenia, en los Alpes Franceses o en Saugus, un pueblo rabón en el estado de Massachusetts.

Saugus, MA
Saugus, MA

¿Recuerdan cuando pasaban semanas para que recibiéramos una carta? ¡Con cuánta ilusión la esperábamos! Los correos electrónicos y la mensajería instantánea han provocado que el oficio de cartero esté démodé; le quedan bocanadas que se reparten en estados de cuenta y en suscripciones a periódicos y revistas que también podemos leer en teléfonos celulares y tabletas.

Sin embargo, a pesar de los avances, los contrastes siguen acechándonos. Esta Semana Santa me lancé con unas amigas a Amatlán de Quetzalcóatl. Para mi sorpresa, vi pasar una camionetita destartalada con un altavoz en el techo. Me encantó escuchar que daba vueltas para venderles información a los lugareños: “A diez pesos la noticia, a diez, entérese del brujo al que mataron con un rifle y se convirtió en nahual en Tepoztlán. La noticia a diez, a diez pesos la historia del nahual de Tepoztlán…».

NAHUAL

Tenemos la idea de que un nahual es un hechicero, una persona que puede transformarse en animal o en algún elemento de la naturaleza. Busqué el término en el Diccionario de mexicanismos y encontré lo siguiente: «Fue el espanto de los campesinos de Nueva España, a quienes hurtaban gallinas, guajolotes o mazorcas de maíz. La imaginación popular los representaba bajo figuras espantosas y extravagantes».

Acá seguimos, en la Aldea Global.

Pido ser la vaca
Pido ser la vaca

 *Dicho que le robé a doña I, pareja de mi papá, por parecerme la frase que mejor describe a quienes «están (o viven) en la nube».

Até logo.