Nos regala oportunidades, retos y, si todo va bien, otra vuelta de la Tierra alrededor del Sol.
Esta imagen me gustó y se las comparto.
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Es tan simple como la posibilidad de tener más tiempo y de hacernos conscientes de él.
Cuando éramos niñas, y luego adolescentes, mi papá solía leernos el 1° de enero, de G.K. Chesterton. Invariablemente poníamos cara de what, de ¿oootra vez? Y, por lo menos en mi caso, escuchaba con oídos que divagaban, que perdían el hilo para recorrer otros mundos.
Hoy lo cito, hoy miro la belleza de sus palabras, hoy, primer día del año, decido inocularles parte de la mirada del escritor y periodista británico:
«El objetivo de un Año Nuevo nada tiene que ver con que debiéramos tener un Año Nuevo. Consiste en que deberíamos tener una nueva alma y una nueva nariz, una nueva columna vertebral, orejas nuevas y ojos nuevos […]. El objeto de las definiciones frías y duras del tiempo […] es para despertar a la gente […] Hagamos propósitos de Año Nuevo, pero no solo buenos propósitos. También propósitos que nos hagan darnos cuenta de que tenemos pies y agradecerles (con una cortés reverencia) el que nos lleven cargando».
