Conservo esta imagen recurrente de cuando solía nadar en una de las albercas descubiertas del club: por más que amara —amo— la sensación de mi piel al contacto con el agua, durante el ir y venir nunca me abandonaba el futuro, lo que haría después de llegar a la meta de kilómetro o kilómetro y medio.
Delimitada por mi carril, me preguntaba el porqué de no poder vivir ese momento, mi presente, un tiempo en el que en realidad sólo había burbujas, brazadas, respiraciones, pataleo y vueltas de campana. También cercano a ese anhelo de presente eran los árboles, el viento, el muro de piedra, una que otra persona y el chapoteadero, los bultos que alcanzaba a ver, dados mis ojos y la velocidad.
Simplemente no estaba ahí, mi tiempo era otro tiempo, mi momento era de cristal, mis sentidos pasaban al absurdo plano de lo que no había sucedido.
Señores, respeto pero no creo en los libros de autoayuda, una lectura jamás sustituirá el arduo trabajo personal por saber quiénes somos, por descubrir la piel que nos envuelve, pero el título de este best seller me llegó en dos idiomas: El poder del ahora o The Power of Now, del maestro espiritual Eckhart Tolle.
Hoy les comparto un párrafo que debo esforzarme en recordar para abrazar mi presente. ¡Nada de ser una “iluminada”, sólo intento que mi tiempo no se escape sin que me dé cuenta!
«Toda la negatividad es causada por una acumulación de tiempo psicológico y por la negación del presente. La incomodidad, la ansiedad, el estrés, la preocupación —todas las formas del miedo— son causadas por exceso de futuro y demasiado poca presencia. La culpa, las lamentaciones, el resentimiento, las quejas, la tristeza, la amargura y todas las formas de falta de perdón son causadas por exceso de pasado y falta de presencia».
Viene a mi mente Moments of Being, de Virginia Woolf.
Hasta la próxima.