—Qué poderosa es la mente, me siento apachurrada cuando se acercan los días 19. A eso súmale el PMS, no creía en él y ahora me pega con tubo.
—Describe lo que sientes.
—Tristeza, desazón, cansancio, desgana.
—También vas a tener que aceptar esos momentos, son parte de ti y de nuestros agujeros negros.
—Pues intenté describirlos, porque la vida es vaivén, es como el título de una novela de Carmen Martín Gaite: Nubosidad variable.
Vuelvo al globo de cristal. No veo más que agua y peces negros. Van de luto. Rozan mis orejas, mi nariz, mis ojos, mi pelo que ondea en cámara lenta mientras mi cabeza está inmersa en el silencio de la nada: absorta, ensimismada, pétrea.
—Pero me gusta mucho más lo que escribió Mariana, un personaje de Martín Gaite:
“Ahora sé por mis estudios y por confidencias del diván que las cosas que no se aclaran a su debido tiempo van formando como un muro de escoria porosa que enseguida se empieza a solidificar hasta que al final no hay piqueta que lo derribe”.
—¿Te imaginas que uno pudiera pronunciar esta frase cada vez que se mete en el hoyo?
“Las cosas que pasan —como dice mi hijo Lorenzo—, pasan y punto, mamá, no le des más vueltas”.

Hasta pronto.