Libros para siempre

La última vez que estuve en Barnes & Noble me topé con The Giving Tree, un libro de pasta dura y forro verde chillón colocado en un pequeño estante. Sin oponer resistencia volví a mi infancia y entré en mi cuarto.

La edad no cuenta para disfrutarlo
La edad no cuenta para disfrutarlo

Ese tesoro llegó a mis manos gracias a mi padre. Encerraba la generosidad, el amor, la soledad y el paso aplastante del tiempo.

Hubo una primera vez, seguida de varias, porque no me cansé de recrearlo, de revivirlo desde diferentes puntos de vista ni de admirar a Sheldon Silverstein, quien con palabras geniales y dibujos extraordinarios nos compartió su esencia.

—¿Cómo era Shel?
—Mira, si me enseñas esta foto te diría que fue pirata, científico, preso político, domador de leones en un circo o incluso monje tibetano, pero estoy cierta de que ese hombre calvo, barbado y bigotudo fue un tipo sensible, lleno de letras y garabatos, de poemas y trazos que regaló a niños y adultos.

El rostro de un ser pensante...
Gran rostro

http://www.shelsilverstein.com/about/#

Cuando trabajé en mi tesis sobre José Mauro de Vasconcelos (Mi planta de naranja lima) descubrí que se referían a su obra como «literatura infantil para adultos». Aquí también caben The Giving Tree y El Principito.

http://www.librosdelasteroide.com/-de-vasconcelos-jose-mauro

Hay textos que invariablemente penetrarán en nuestros más tiernos rincones de sonrisas, lágrimas, conquistas, dolores y escondrijos por los que hubiéramos preferido no pasar.

Hasta la próxima.

4 comentarios en “Libros para siempre

  1. Fer, muy bonito. En Amatlán tenemos un ejemplar. Creo que había dos y uno lo regalé, a la mejor a Pau e hijos. La próxima vez quer vayas llévatelo para tu casa.

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  2. Yo que no soy fácil de lágrima en películas o libros, cómo me llegó la muerte de Portuga en Mi planta de naranja-lima.
    Es difícil tener una niñez dolorosa, pero también hay que reconocer que la inocencia y la fantasía suelen confortar un poco el alma.

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    1. Minguito era todo para Zezé cuando el dolor se quedaba en la pobreza, la injusticia y los golpes. La muerte de Portuga desplomó ese mundo de fantasía representado por su planta de naranja lima. Después vinieron el Sapo Cururu y Maurice Chevalier…
      Gracias por tu comentario.

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