Veo a un pollo despelucado que está saliendo del cascarón. Echen ojo. Anda turulato, da tumbos, y tiene la mirada semiperdida. Ups, diríase que es el teporocho de la esquina, el que siempre está afuera de la cantina «Hasta verte Jesús mío». Pero, si se fijan bien… ya está aleteando.
¡Ya aletea! ¡Ha aleteado siempre y bien fuerte! Lo que pasa es que a veces la bruja mala le ata las alas.
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¡Vientos! Te adoro.
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