Hoy constato que duele darse cuenta. Me escucho, y al oír mi voz me van cayendo todos los veintes. Esos veintes lastiman, aunque al mismo tiempo me ayudan a situarme y a ver la realidad en mis narices. Ahí, tan cerca, tengo la opción de manipularla, de poner y quitar piezas, de hacerla añicos para intentar ordenarla, de huir o hacerle frente.
Hoy me zarandeó la realidad ―es día 19 y volvió a temblar―, así que es momento de plantármele… cerca, muy cerca.
Me gusta mucho cómo escribes.
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De lo bueno, poco. Muy padre.
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Ya veo que vives intensamente.
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