Una simple bocanada. Un jalón de aire cuando aprieta el pecho. El primer sorbo de una cerveza. Un minuto bajo el agua. Lo que dura la noche: el tiempo que se hace humo entre que cerramos y abrimos los ojos. La luminosidad de un rayo. Una sesión de terapia. Accidentes. Una mirada furtiva. Rata que cae en la trampa. La culminación del amor.
Así, como en un solo movimiento, llegaron los siete de mi madre, los 40 de mi hermana Inés, los ocho de mi tía Teresa, el medio siglo trunco de mis padres, el par de años que trituraron a la hermana sándwich.
Asomaron también mis 49. Y por ahí, donde la vida sigue, hay 85.
Un soplo.
Yo no soy un sándwich y ¿de qué dos años hablas? jijiji
Por fin de regreso
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bonjour Fer comme j’ai raté les morceaux, j’adore les lire …
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