Diez y nueve

No creo en las coincidencias. Todos los días caigo en la cuenta de que, como solemos decir, las cosas pasan por algo: encuentros y desencuentros, personas que llegan y que se van, alegrías y tristezas, nacimientos y muertes.

Sin ser dueña de mi conciencia, un día antes de cada 19 ando cabizbaja, y es que los días 18 remuevo la muerte de mi madre; es más, me pegan más los 18 que los 19.

Antier fue 19, tres años y dos meses después hay algo en mi cuarto de atrás que martilla, prende la chispa y provoca que medio clave el pico.

Ahora, mayo de 2015, cayó en martes. Estaba sentada en mi sillón amarillo con negro, cerré mi computadora y precisamente eché una ojeada al reloj a las 19:19. Curioso. Era ella, con su silenciosa y tierna manera de hacerse presente, aunque todos los días me zumbe en el oído y floree en rosado anturio y olorosa albahaca.

Hasta la próxima.

Tras bambalinas

Con frecuencia pronuncio —cuando lo hago en silencio nadie me escucha, aunque debe notárseme en el gesto— dos frases que de por sí me agotan: estoy cansada y tengo hueva. Atrás del cansancio, estoy segura, se esconden palabras como soledad, tristeza, miedo y apatía.

Hoy es un día #grisáceotirandoanegro. No quiero más que llegar a mi casa y cerrar la escotilla, como habría hecho el capitán Nemo a bordo del Nautilus.

capitan-nemo

Sí, me pasa seguido, y todavía lucho contra los sentimientos que me estacionan en el desgano, como si no pudiera aceptar que me constituyen.

Deseé compartirles un cachito del Amor, con mayúscula, que Saramago nos regaló en Historia del cerco de Lisboa. Busqué el libro desde temprano y no lo encontré. Creo que lo hice porque hoy quiero que mis palabras se queden tras bambalinas, se me agotan el aliento y las ganas, como si necesitara oxígeno.

Recurro a El mundo, de Juan José Millás; abro el libro y me encuentro con un párrafo que subrayé y que a un lado tiene la inicial de mi nombre: “De esta revelación se dedujo que tampoco el mundo estaba mal hecho en contra mía. Quizá ni siquiera estaba mal hecho. El mundo era como era […]; había en él dolor y daño, desde luego, pero no se trataba de un dolor y de un daño puestos ahí para amargarme…”.

bambalinas

Mi abuela diría Skip it y mi sobrino Teik it isi, tía F.

Yo caigo en la cuenta de que mañana será otro día.