Sin inmunidad

Dos muertes seguidas que me dejaron, como dirían los españoles, flipando. Las dos fueron suicidios y al parecer escogieron el de la soga. Común denominador: famosos. Eso demuestra que los reflectores, el éxito y el dinero se convierten en arena cuando con todo y ellos rondan la oscuridad, la tristeza, el vacío y la desesperación. ¿Kate Spade y Anthony Bourdain hallados sin vida? ¿Por qué? La razón se les hace añicos y la palabra mañana se vuelve parte de un vocabulario aterrador.

Eran dos directores de orquesta, ¿no? En apariencia, porque en el mundo real perdieron el control. La negrura se les venía encima con múltiples sombras correteando su cerebro. Y ellos porque eran una marca en sí mismos, pero, ¿qué hay de los millones de personas que se atreven a matarse en el más duro silencio y donde el punto final es el olvido? La depresión no sabe de razas, colores, países, fortunas, tiempos, logros, edades ni esfuerzos. El final revela el grado de angustia.

Diez y nueve

No creo en las coincidencias. Todos los días caigo en la cuenta de que, como solemos decir, las cosas pasan por algo: encuentros y desencuentros, personas que llegan y que se van, alegrías y tristezas, nacimientos y muertes.

Sin ser dueña de mi conciencia, un día antes de cada 19 ando cabizbaja, y es que los días 18 remuevo la muerte de mi madre; es más, me pegan más los 18 que los 19.

Antier fue 19, tres años y dos meses después hay algo en mi cuarto de atrás que martilla, prende la chispa y provoca que medio clave el pico.

Ahora, mayo de 2015, cayó en martes. Estaba sentada en mi sillón amarillo con negro, cerré mi computadora y precisamente eché una ojeada al reloj a las 19:19. Curioso. Era ella, con su silenciosa y tierna manera de hacerse presente, aunque todos los días me zumbe en el oído y floree en rosado anturio y olorosa albahaca.

Hasta la próxima.